Página de cuento 801

Kachavara For Ever – Parte 44


El Diario | Contra Tapa

Por Carlos Alberto Nacher
Cnacher1@hotmail.com

El Maestro Sololuz, autoproclamado ”El Maestro”, me resultaba poco menos que un charlatán de programa televisivo de chimentos de la farándula, o de deportes, o de política, que es lo mismo. Vale la pena recalcar aquello de “autoproclamarse”, porque considero a esta acción una de las más aberrantes que un ser humano pudiere cometer, al menos en el comienzo del protocolo de presentación. Autodefinirse como “Maestro” denota, de inmediato, soberbia, arrogancia, y enseguida plantea en el interlocutor el galimatías siguiente: ¿Será verdad lo que este individuo manifiesta de sí mismo? Y rápidamente entra en nosotros la duda, que crece a la par del deseo de que sea mentira, de forma tal de que el individuo pise el palito, se equivoque, y así como se colocó a sí mismo en un pedestal, luego se desenmascare y se convierta en un pobre ser acomplejado y sin valor. Así es como, en una primera impresión, al autobombearse, se convirtió en mi enemigo, en mi presa, en mi antimaestro. Y desde ese momento deseé que fallase, que errase, que se corriera el velo de misterio y sabiduría que él mismo se imponía.
Me pasé la mano por el cuello y enseguida pude comprobar lo peor: el carassius, que me había acompañado prácticamente desde que empezaron las erupciones en nuestra vieja y desaparecida ciudad, ya no estaba. La angustia me invadió de repente. La pérdida del carassius repetía todo de nuevo: el fuego, los derrumbes, la muerte, el vacío, la nada. Y, al mismo tiempo, el Maestro Sololuz se acercaba predicando estupideces, con la clara intención de seducir a todas o cualquiera de mis mujeres, incluida la Tía Chola, con palabras esperanzadoras y amorosas. Pertenecía a la secta de los adoradores de la burbuja.
No dije nada, contuve mi angustia. El carassius se había ido para siempre.
Entonces el Maestro Sololuz dejó caer el sachet de mayonesa cerca de Brigitte, levantó el bastón al cielo y comenzó a hablar:
“Bienvenidos a nuestra querida y amable isla, donde sólo hay paz, confraternidad, amor, consuelo para todos los males, en fin, un lugar donde las criaturas que lo habitan poseen un alma que al pasar el tiempo continúa evolucionando para posteriormente reencarnaren una vida aun más hermosa que esta. Una isla que puede definir y establecer los más sutiles rasgos de las emociones humanas, que puede identificar perfectamente los indicadores que luego serán los patrones básicos de las economías regionales del futuro. En nuestra comarca aceptamos todo. Los negros, los blancos, los verdes, los azules; los redondos, los cuadrados, los con ángulos agudos, los obtusángulos, los uni, doli y treli dimensionales; los insoportables coros rusos,la execrable música rock, la porquería de la new wave, el abominable house, el incomprensible free jazz, el elemental punk inglés, ni que hablar de la música negra africana.”
Se acercó suavemente, de manera casi imperceptible a Brigitte, y en un gesto casi místico, hecho con su mano derecha, acarició el pelo de Brigitte, al mismo tiempo que con la izquierda tomó la barbilla de Mahama. Luego, caminando entre la gente, como predicando en silencio, posó su mano sobre la cabeza de la Tía Chola, quien de inmediato puso los ojos en blanco, se inclinó hacia atrás y se desmayó. Se aproximó a Tonia, la miró con lascivia. Siguió avanzando, haciendo su prédica con voz dulce y monocorde, como para hipnotizar, hasta que llegó a Fatimota y se detuvo. La rodeó y se colocó a su espalda, que se encontraba descubierta. Al ver mi fórmula allí escrita, su atención fue llamada, hizo silencio, se inclinó hacia la espalda de Fatimota, como para olerla, y extendió su mano para tocarla, en la zona de la fórmula del H23Z4K+1.
Ahí nomás me enojé, me paré y pelé el facón. Un caronero, nunca verijero, de 45cm de hoja y mango de guayacán y alpaca.
Continuará…


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