EEUU: Impunidad y racismo en el caso que golpea a la Argentina


El Diario | Opinion

Por Gabriel Michi

La impunidad tiene cara de hereje para quienes necesitan justicia. Y en algunas situaciones, lo que se vive en los Estados Unidos parece una película a repetición. Sobre todo cuando las víctimas son personas afroamericanas o latinas. Y cuando los victimarios son policías. El brutal asesinato de Sean Monterrosa, un joven de 22 años que soñaba con visitar el país de su madre argentina, por parte de la Policía de Vallejo, en California, es un fiel reflejo de eso. No sólo por las características de aquel fusilamiento (del que MundoNews dio la primicia en Argentina) mientras estaba arrodillado y con sus manos en alto. Sino porque a la brutalidad del crimen en sí, se suma el esquivo accionar de la Justicia y la sospechosa actitud de los uniformados de Vallejo, que lejos de colaborar con la investigación parecen querer entorpecerla. O, lisa y llanamente, encubrir a los suyos.

Para graficarlo: desde el asesinato de Monterrosa, el 2 de junio, primero la Policía no quiso identificar a los oficiales involucrados en la matanza ni facilitar las cámaras corporales que ellos llevan en todos los operativos. Después la fiscal de distrito Krishna Abrams se excusó de llevar adelante la investigación porque trabaja a diario con la Policía local. Tras eso, el fiscal general del Estado, Xavier Becerra, se negó a llevar él la pesquisa. Y ahora se suma un elemento nuevo: El presidente del sindicato policial de Vallejo, el teniente Michael Nichelini, ordenó la destrucción del parabrisas de la camioneta desde cuyo interior dispararon contra Sean. Ese parabrisas era clave para las pericias porque estaba perforado por los impactos de bala de los proyectiles que terminaron con la vida del joven.

Frente a esto y a la enorme presión pública que generó el caso, hoy se reclama la intervención del FBI. Mientras tanto, el fiscal del Estado, Becerra, asumirá la investigación de esos intentos de encubrimiento y de obstrucción al trabajo de la Justicia por parte de la Policía. Pero, habiendo pasado casi dos meses del crimen, el dolor de la familia Monterrosa está a flor de piel; sus seres queridos ven cómo se ha intentado una y otra vez evitar que el caso sea esclarecido. Pese a las permanentes marchas por la memoria de Sean, un hombre solidario que trabajaba en programas de acompañamiento de jóvenes y que ese trágico 2 de junio había concurrido a una marcha de reclamo contra el crimen policial del afroamericano George Floyd, y que lamentablemente derivaron en hechos vandálicos como el saqueo de la farmacia Walgreen en cuya puerta fue asesinado el hijo de Laura Monterrosa, la mujer que nació en Caleta Olivia, Santa Cruz, y que vivió muchos años en Córdoba.

Toda la familia de Sean sigue conmovida. Neftalí, el papá del joven, le contó a MundoNews: «Todavía estamos lidiando por el crimen de nuestro hijo. Se supo que el jefe del sindicato policial de Vallejo fue el que ordenó que arreglaran la pick-up desde donde mataron a mi hijo. Y destruyeron todo lo que era evidencia. Ya se conoció su nombre y aparentemente su padre, que había sido el jefe anterior en Vallejo, aparentemente había tenido un problema similar».

Michelle Monterrosa, hermana de Sean también habló con MundoNews: «Han pasado muchas cosas horribles. Ellos (los policías) están escondiendo muchas cosas. Destruyeron la evidencia del carro desde donde se disparó a mi hermano con una AR-15 desde la asiento de atrás. Fue muy violento porque se disparó sin verlo. Ellos lo dejaron sin vida y lo pusieron contra el piso y lo esposaron» cuando ya estaba herido de muerte. Y, como muestra de la impunidad que rodea al caso, algo lamentablemente muy común en EEUU cuando la víctima de los oficiales es un afroamericano o un latino, «no hay ningún policía detenido. Están con vacaciones pagadas», señala Michelle a partir de que al menos dos oficiales fueron licenciados pero con goce de sueldo.

Neftalí explicó también: «Ayer la Ciudad de Vallejo difundió un video de esa noche pero no se ve a mi hijo. Ellos siguen escondiendo la evidencia porque hay un poder muy grande alrededor de la Unión (sindicato) de policías pero ahora con el hecho de que va a ingresar el Fiscal del Estado y con el apoyo de Nancy Pelosi, vamos a tener mucha ayuda».

Ese dato es clave. El reclamo de los Monterrosa llegó hasta los oídos, nada más y nada menos, que de la tercera persona en la línea de sucesión de la Presidencia de los Estados Unidos: la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, quien es legisladora Área de la Bahía, donde ocurrieron estos hechos. Una de las principales enemigas políticas de Donald Trump describió el asesinato de Monterrosa como «un horrible acto de brutalidad que sigue sacudiendo a nuestra comunidad del Área de la Bahía». Y fue ella misma la que exigió que el FBI intervenga. Y le envió una carta de respaldo a la familia.

Las evidencias

Durante semanas la Policía de Vallejo evitó hacer público el video corporal de la noche del operativo donde murió Sean. Finalmente el video apareció y se ve cómo un policía con arma larga dispara desde dentro de la camioneta hacia el lugar donde estaba el joven. Y después empiezan a darse una serie de diálogos entre los oficiales que apuntan en un primer momento a intentar acusar a Sean de haberles apuntado con un arma. Algo que era falso porque el joven no tenía ninguna y sólo poseía un martillo que estaba en su cintura.

El oficial que se baja de la camioneta sin identificar y desde la que partieron los disparos le dice a otro que llegó casi en simultáneo en una patrulla: «Oye, nos apuntó con un arma». Pero, con el paso del video se nota cómo el policía en cuestión va tomando conciencia de lo ocurrido. Y, después de que esposan a un Sean ya fatalmente herido y con una violencia sin sentido frente a una persona que agonizaba, se escuchan los insultos del uniformado; «Estúpido», grita. Antes de decir: «No es una buena noche para que nos pase esto», haciendo clara referencias a las protestas que se daban a lo largo y ancho de Estados Unidos por el crimen de George Floyd. Después se ve un diálogo entre este policía y otro donde el segundo lo trata de tranquilizar diciéndole «ya pasaste por situaciones como ésta».

A partir de ahí empezaron a señalar que no era cierto, como señalaban todos los testimonios, que Sean estuviera de rodilla y con las manos en alto (mostrando que no representaba ningún peligro), sino que intentaron instalar que estaba en «posición en cuclillas, medio arrodillado, como si estuviera en preparación para disparar». Algo que nadie -que no sean los policías- ratifica.

Y los antecedentes no parecen favorecer a la fuerza. El Departamento de Policía de Vallejo es considerado uno de los más violentos de todo Estados Unidos. Y tiene una de las tasas de disparos «per cápita» más alta. De hecho, si bien el cuerpo nunca identificó al uniformado que realizó los disparos fatales, distintos medios de la bahía lo identificaron como Jarrett Tonn, un policía con 18 años en la fuerza y con un prontuario en el que desde 2015 ya había protagonizado al menos cuatro tiroteos, sólo que los tres anteriores no terminaron en muerte.

Ahora, con la nueva acusación de la presunta obstrucción de la investigación con la eliminación del parabrisas, la situación de volvió aún más delicada. «Las acusaciones sobre la destrucción de pruebas bajo la vigilancia del Departamento de Policía de Vallejo son significativas», dijo el fiscal Becerra en un comunicado. Y agregó: «Para que exista la confianza pública, todas y cada una de las partes de nuestro sistema de justicia penal deben funcionar en cohesión y hay poco margen de error. Es por eso que hemos aceptado la solicitud del Jefe Williams de echar un vistazo a lo que sucedió con la evidencia y transmitir nuestro conclusiones a la Oficina del Fiscal de Distrito para su revisión «. Pero Becerra investigará este presunto encubrimiento, no el crimen en sí de Sean Monterrosa.

La abogada de familia Melissa Nold, que trabaja con el abogado de derechos civiles John Burris para representar a la familia Monterrosa, señaló: «No tiene que ser un experto, ni un oficial de policía, ni un analista de la escena del crimen para saber que un parabrisas lleno de balas es evidencia. Entonces, al descartarlo, apesta a lo que tiene que ser corrupción o alguien completamente inepto, y no sé cuál es peor. Esto es evidencia en un homicidio caso. Debería haber sido preservado en su totalidad, pero al mínimo, al mínimo, ciertamente el parabrisas mismo «.

Y la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, lo dijo con todas las letras: «Los informes recientes de que la evidencia clave en la investigación fue destruida son profundamente inquietantes y destacan la urgencia y la necesidad de una investigación federal externa e independiente», señaló Pelosi en un comunicado. «Debemos insistir en la justicia y la rendición de cuentas para honrar la vida y las vidas de Sean de todos asesinados por la brutalidad policial en Estados Unidos».


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