EFECTOS DE LOS CAMBIOS DE HÁBITOS Y RUTINAS

Cómo impacta el coronavirus y la cuarentena a nuestro cerebro


El Diario | Salud

Investigadores en neurociencias analizan las manifestaciones neurológicas de los pacientes infectados con COVID-19, así como el impacto de los cambios de hábitos y rutinas ocasionados por el aislamiento social preventivo y obligatorio en el ritmo del reloj biológico.
La doctora en Ciencias Biológicas Lía Frenkel y las especialistas en neurociencias Mariana Bendersky y Paula González, son docentes en la Maestría en Neurociencias que dicta la Universidad Nacional Arturo Jauretche. Reunidas a través de una plataforma virtual, analizaron este momento tan particular que estamos viviendo por la pandemia desde la perspectiva de la Neurociencia, hablaron acerca de los efectos del COVID-19 en el sistema nervioso y sobre la experiencia de virtualización de la maestría.

Desincronizados

Trasladarse para ir a trabajar, para estudiar, o simplemente para encontrarse con amigos y visitar a la familia, son acciones cotidianas interrumpidas bruscamente como consecuencia del aislamiento social establecido por la cuarentena para evitar el contagio en gran escala del SARS-CoV-2. Hoy en día se viven muchos cambios en las rutinas diarias y esos cambios, que en un primer momento podían resultar una grata novedad, como por ejemplo trabajar desde casa, a medida que pasa el tiempo generan añoranza por los encuentros, los vínculos entre colegas, compañeros, amigos o familiares. ¿Cómo impactan todos estos cambios en nuestro estado de ánimo? ¿Cómo procesa nuestro cerebro este abandono de una rutina de traslados, viajes y encuentros sociales?
“Muchas personas ya no tienen los horarios fijos que cumplían antes, no viajan a sus trabajos, a la escuela, y eso es un problema para el cerebro porque somos rítmicos, entonces, los relojes que están dentro del cerebro se están desincronizando”, explica a Argentina Investiga Lía Frenkel.
Además de los cambios en nuestro ritmo cotidiano, para Frenkel se presentan otros problemas como, por ejemplo, la falta de luz natural: “el acceso a la luz natural es un punto clave, en el AMBA hay mucha gente que vive en ambientes oscuros, y esto también incide de manera negativa”. Otros factores son la falta de actividad física y las complicaciones que se presentan para dormir. Para la especialista “mucha gente ya ni siquiera camina unas cuadras para tomar el colectivo, para hacer alguna compra y aquellas personas que tienen resuelta la cuestión de la alimentación, lo habitacional, empieza a tener complicaciones para dormir y esto suele generar problemas metabólicos e incluso cognitivos”.
Frenkel forma parte de un equipo de investigadores abocados a estudiar el confinamiento debido al COVID. El proyecto, financiado por la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica, se llama “Desafíos cronobiológicos asociados al aislamiento social” y tiene la finalidad de diseñar una aplicación móvil que colabore con sobrellevar el aislamiento desde el punto de vista cronobiológico, para mantenerse de manera más saludable.

¿Y los contagiados?

Paula González, antropóloga y codirectora de la Unidad Ejecutora de Estudios en Neurociencias y Sistemas Complejos (ENyS, Conicet-HEC-UNAJ), considera que “por lo que conocemos del cerebro, estos cambios pueden ser un problema, pero hay que estudiar los efectos del COVID en el sistema nervioso y sistematizarlos”.
Además del impacto sobre los hábitos diarios, también surge la necesidad de investigar los síntomas neurológicos que tienen los infectados con el virus. La neuróloga Mariana Bendersky remarca que “por lo que hemos visto en Europa y en los países que nos llevan la delantera con el virus, es que tiene muchas manifestaciones neurológicas”. Los síntomas más comunes son los mareos, dolor de cabeza, alteración del gusto y del olfato.
Bendersky integra una red de neurólogos a nivel nacional que ha creado el Registro Nacional Neurocovid. “Es un registro nacional de manifestaciones neurológicas de COVID-19 que se está lanzando en hospitales y centros de salud de todo el país a través de la Sociedad Neurológica, que rastrea información de los pacientes con síntomas neurológicos”. Este estudio pretende colaborar para mejorar el tratamiento porque “hasta el 35% de las personas que tienen coronavirus tienen síntomas neurológicos y lo que se observa es que, por ejemplo, el problema respiratorio mayor es por el compromiso neurológico, ya que parte del centro respiratorio no está funcionando bien”, describe la neuróloga. (Fuente: Universidad Nacional Arturo Jauretche)


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