HISTORIAS CURIOSAS PARA CONTAR EN DÍAS DE LLUVIA

Me parece que he visto un lindo gatito


El Diario | Contra Tapa

Por Javier Arias
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Parte 1:
En mi casa existe una polémica que mantiene una batalla milenaria entre el bien y el mal. A mí me gustan los perros y a mi esposa, los gatos. Aclarando, por supuesto, que a ambos nos gustan todo tipo de bichejos y si es tiempo de acariciar el lomo de alguno, mientras que no tenga púas y no sea portador de enfermedades infectocontagiosas no hay animal al que le hagamos asco.
Pero uno no es ajeno a la gran prédica que tienen sobre una enorme parte del resto de la humanidad, y por ello, hoy les traigo algunos mitos y verdades sobre los gatitos.
Sepa, por ejemplo, que el gato es un animal que ha estado junto al hombre en casi todas las civilizaciones, y como es vox populi, principalmente en el antiguo Egipto, donde fue tenido como un bicho sagrado. También los musulmanes siempre mostraron gran estima por los gatos, hasta el mismo Mahoma les prometió un puesto en el paraíso.
Además, existen infinidad de creencias y supersticiones que pesan sobre los gatos, a veces salen ganando, pero otras, andá a discutirle a un gato negro. Es así que, según dicen, cruzarse con un felino de este color es signo de mal agüero, pero si el mismo bicho, en vez de cruzarse, se aparece de repente en un banquete de bodas, se transforma mágicamente en una señal de matrimonio afortunado. Dicen los que han sabido convivir con ciertos tahúres y aficionados a la apuesta loca, que es de buena suerte acariciar el lomo a un gato antes de la partida, aunque nunca terminan de aclarar si también vale para estos menesteres gatos más atildados y de menos patas que los comunes.
El gato también sufrió, tal vez por esa mirada afilada y sus hábitos nocturnos, una muy mala prensa, especialmente en tiempos de la hechicería, y así fue que gracias a las malas lenguas se propagó que con sus grasas y pellejos podían elaborarse ungüentos y pomadas de diversa utilidad, dichos que seguramente no les habrá hecho ninguna gracia a los pobres morrongos de esa época.
Pero el extremo de la asquerocidad llegó cuando en ciertas zonas de España se tuvo por cosa cierta que al tragar pelos de gato negro uno se volvía loco sin remedio, o que comer algo que hubiera lamido el gato era causa segura de enfermedad.
Pero también existen otras creencias mucho menos escatológicas, como la que señala que si al anochecer un gato se lame las patas, fija que cae una visita inesperada, o que si una joven le pisa la cola va a pasar al menos un año antes de que se pueda casar. Y la que le gana a todas, que si un gato salta por encima del ataúd es señal segura de que el difunto vendrá, resucitado, a pedir cuentas a deudos y familiares. Cita que nos deja la enseñanza de no quedar en deudas con los deudos, o por lo menos no acercar un gato a los velorios.
Pero si uno se quiere sacar de encima a ese gato que no lo deja dormir con sus maullidos nocturnos, sepa que es de muy mala suerte –ni que decirle que también de pocos elogios- tratar de matar a un gatito, además de no ser empresa sencilla, porque según dicen, tienen hasta siete vidas, muchas más que las tres que traía el Pac Man.
Y me quedan un par más de curiosidades sobre estos animalitos domésticos, tan ronroneantes como alergénicos. Sólo espéreme una semanita, fiel lector, y vaya afilando la parla, que con un par más de datos va a conseguir el amor de su vida, o por lo menos que le fien el café de esta tarde.

Nota del autor: Información recogida de la página http://www.elrincondelascuatropatas.com/


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