LA EDUCACIÓN A DISTANCIA NO FUNCIONA PARA TODOS. EN PATAGONIA, SÓLO EL 53% DE LOS HOGARES TIENE ACCESO A INTERNET. EN CHUBUT DESDE HACE MÁS DE UN AÑO, NO HAY CONTINUIDAD EDUCATIVA

Desigualdad en tiempos de pandemia


El Diario | Opinion

Por Karina Cecuk

La Educación a distancia resulta una solución desigual, y eso se debe a que un alto porcentaje de los hogares en Argentina no tienen acceso a Internet, y lejos de lo que se pueda suponer la Patagonia no es la excepción. En la región sólo el 53% de los hogares disponen de conexión a Internet según recientes relevamientos de las Universidades.
En Chubut los indicadores muestran que sólo un 18,9% de los estudiantes de nivel primario no tiene acceso a Internet. El dato debería suponer cierto optimismo, sin embargo el análisis en este sentido no es tan lineal.
A diferencia de lo que ocurre con la Economía, no todo se basa en porcentajes u estadísticas, existen otros factores que van más allá de los cálculos matemáticos, las gráficas y los indicadores.
Incluso en Salud las estadísticas resultan un poco más exactas al momento de analizar el impacto de un indicador, pero en Educación el espectro es mucho mayor.
No se trata aquí de cuantos hogares tienen acceso a Internet, sino de cuáles son las herramientas que se utilizan para el dictado de clases a distancia, cuántas horas del día se dedican a esa tarea, cuánta interacción tienen los estudiantes con los educadores, cuánto compromiso hay en los hogares para acompañar a los hijos en esta nueva modalidad de estudio, cuántas personas en el hogar necesitan utilizar los equipos informáticos existentes para acceder a sus programas educativos y cuántos de estos se utilizan también para que padres y/o madres realicen teletrabajo.
He aquí que la cuestión es entender que no es lo mismo la enseñanza remota y la enseñanza remota en emergencia, dado que de un día para el otro cambió el modo en que se dictan clases, y eso requiere de herramientas pedagógicas diferentes.
“La mayor responsabilidad es generar la continuidad educativa a la distancia de esa escuela irremplazable”, dijo oportunamente el ministro de Educación de la Nación, y quizá lo más importante de la frase no se lo primero, sino lo último. La escuela es irremplazable.
Porque la Escuela cumple un rol de socialización clave para los alumnos, por ello el mayor impacto de la no asistencia a clases provoca mayor estado de ansiedad en los educandos, no por lo complejo que pueda o no resultar aprender a través de plataformas digitales, sino por la falta de comunicación con pares y maestros con los que se forman vínculos absolutamente distintos a los que existen en el hogar.
Cursar en tiempos de pandemia, en cualquiera de los niveles de la Educación supone problemas nuevos y plantea una serie de debates sobre el uso de tecnología que hasta ahora eran sólo conjeturas de unos pocos.

Cambio de paradigma

“No estábamos preparados para hacer educación a distancia”, repiten los docentes a lo largo y ancho del país, algunos en voz baja y otros en altavoz, y eso se debe a que hubo que repensarlo todo para cumplir con el objetivo, pero en algunas latitudes de la Argentina la tarea resulta más dura que en otras, y no siempre por las mismas razones.
Porque no sólo se trata de la continuidad educativa, sino de contener la desigualdad. Pero no hay que equivocarse, porque la desigualdad no sólo refiere a esos niños, adolescentes y adultos que no tienen acceso a Internet, sino también a las desigualdades en los hogares. Muchos niños tienen padres sin posibilidad de ayudarles por su escasa instrucción, otros padres, deben trabajar aun en tiempos de pandemia y fracasan en su intento de acompañar a los hijos en el proceso, están quienes envían a sus hijos a escuelas privadas (esto se ha visto fundamentalmente en las grandes ciudades), y demandan dedicación exclusiva de los docentes para con sus hijos. Finalmente están aquellos que no necesitan excusas, sólo no les interesa.
Visto de este modo, el escenario resulta mucho más complejo que la sola desigualdad socioeconómica. Lo cierto es que esta pandemia ha traído consigo nuevos desafíos y esos están aún en proceso.

Héroes y demonios

En Chubut el panorama resulta desolador, no importa cuánto se esfuercen padres, alumnos y docentes, lo concreto es que en la provincia la falta de continuidad educativa no está asociada en forma directa a la declaración de la pandemia y su consecuente aislamiento obligatorio, sino a la crisis institucional y económica que atraviesa la provincia desde hace más de un año.
La situación del asilamiento llevó a que en la provincia, se implementaran dos sistemas. Clases virtuales para quienes tienen acceso a Internet, y varias localidades del interior se distribuyeron cuadernillos para que los estudiantes puedan continuar con sus estudios. Sin embargo, la cuestión de fondo en Chubut es otra.
Durante el año anterior hubo más días de paro que de clase, y si bien hubo períodos de mayor acatamiento a las medidas de fuerza que en otros, el resultado en la ecuación fue claramente negativo.
Habiendo adelantado el proceso electoral de 2019, el gobernador Arcioni firmó acuerdos paritarios con el sector docente para evitar el conflicto y así lograr el objetivo que resultó en la reelección. Sin embargo, el mismo mes en que logró el apoyo de la mayoría para ocupar la gobernación Arcioni volvió al pago escalonado e incumplió con todos los acuerdos celebrados so pretexto de la crisis económica provincial.
Así las cosas, por estos días y habiéndose flexibilizado algunas actividades en provincia que permiten mayor circulación a pesar de la vigencia del Asilamiento Obligatorio, las primeras imágenes de movilización masiva (con distanciamiento), la protagonizan los docentes que reclaman el pago de sus salarios en tiempo y forma.
Hubo un momento del año anterior, en que el Ejecutivo de Chubut había montado una suerte de “campaña de desprestigio” de los docentes poniendo en cabeza de éstos la responsabilidad por la falta de clases, y el plan había comenzado a tener éxito.
Estos dos últimos meses que las familias han tenido que ser partícipes activos de la enseñanza pedagógica de sus hijos, porque de la Educación se espera que lo sean siempre; más de un padre y/o madre se ha planteado que claramente la labor de los docentes no solo no es sencilla, es agotadora. Por otra parte, muchos han tomado conciencia que la pasión por lo que se hace y la vocación de servicio no llevan pan a la mesa, y eso ha generado mayor empatía, no solo con docentes, también con el personal de salud entre otros. Así las cosas, el discurso del gobernador Mariano Arcioni que ha intenta demonizar a los trabajadores estatales, pierde efecto, no solo porque la pandemia ha traído a los chubutenses mayor claridad sobre las desigualdades, sino porque fundamentalmente expone las coincidencias. Ahora habrá que empezar a pensar que hacer el día después.


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