Página de cuento 774

Kachavara For Ever – Parte 17


El Diario | Contra Tapa

Por Carlos Alberto Nacher
Cnacher1@hotmail.com

Fatimota estaba callada, y yo también caminé en silencio. Todo a nuestro alrededor era pura destrucción y éxtasis.
A dos cuadras del edificio de Aikoma Ibru, en la circunvalación Mohammed Hazan, a metros del acceso Mri Dima que conduce al barrio Obispo Papopu, se encontraba un personaje que parecía salido de una telenovela vespertina del canal X32, el cual se especializa en programas idiotizadores y ablanda-sesos. Vestía una gabardina azul marino, un tono muy fuerte y casi circense, un sombrero de copa, victoriano, o quizá un modelo ruso de la época zarina pre-revolución bolchevique. El pantalón era negro y arrastraba las botamangas por el piso, arrastrando a cada paso (que los daba casi arrastrando el pie) toda la basura y las cenizas que era posible arrastrar (arrastraba y arrastraba, y dejaba un surco de limpieza en el asfalto, que se volvía a llenar de cenizas incandescentes de inmediato).
Se trataba de Mr. Hooriya Amani Abdelnour, más conocido como “El loco de la Gillette” porque siempre andaba con un machete colombiano de 72 cm de longitud de la hoja y 14 cm de empuñadura, hecha con madera guayacán y asta de ciervo, raramente curvo como un sable beduino, semejante al sable corvo, pero más ancho en la punta, con un filo micrométrico, al que le llamaba “la hojita de afeitar” y, por extensión, “la Gillette”.
En dirección directa hacia él se dirigía el agente Azizan Coker, que recién había salido del edificio de Brigtte y Mahama sin resultados positivos, y se disponía a buscar a Anthony en el Parque Fafofu, siguiendo a una corazonada. Al mismo tiempo, el loco Hooriyan iba hacia Azizan, en dirección opuesta, hasta el acceso Mri Dima, el complejo Papopu. Al encontrarse estaban tan ensimismados que chocaron. Como consecuencia de la sorpresa, el loco sacó la Gillette, que relucía, rejucilaba a la luz de las columnas de neón, su brllo se intropetruchaba en la noche. Azizan, al mismo tiempo, peló el revólver, un 38, Smith and Wesson del especial. El loco retrocedió dos pasos, asombrado por la velocidad del agente y corrió hacia el Fafofu gritando “¡Socorro! ¡Auxilio! ¡Ureñas! ¡Portales! ¡Rapipagos!” y de pronto, revoleando el machete, le cercenó una oreja derretida al domador de alvarados y galindos, que lloraba contra una fuente de agua. “Grazias” le dijo en voz baja, pero el loco no lo escuchó. Heladeras, lavarropas y televisores eran arrojados junto a la lava por los volcanes Hermanas Karia. Un lavarropas fue a caer a los pies del loco Hooriza, quien en una décima de segundo lo dividió dos mitades perfectas a machetazos. El loco estaba enajenado, y el machete colombiano brillaba, refulgía, fulguraba, rejucilaba, se michelonizaba entre la locura de la noche que avanzaba hacia la madrugada con un ritmo vertiginoso. Azizan, corriéndolo furioso, en una ciudad furiosa, con gente enajenada, loca, transgresora de toda norma, de toda olga y de toda elba, ya había vaciado dos cargadores contra los carteles luminosos que no dejaban de parpadear anunciando una bebida refrescante llamada Hesperidina, carteles de propaganda de whisky Jack Daniels y de Fernet Branca, la bebida sagrada de los miniscalcos. Carteles oxidados pero luminosos. Así, baleados y todo, seguían iluminando con sus ominosas tiras de led, y seguían incitando al pueblo a tomar la fucking Hesperidina, y también Granadina, una cosa empalagosa.
Rojo, verde, blanco, rojo, verde, blanco… flameaban las banderas del país, quemadas, hechas harapos, sumisas al viento caliente de las entrañas volcánicas. El fuego nivelaba todo para abajo, y el humo era lo que se llevaba el viento hacia arriba, hacia la atmósfera, llena de atmos y viciada de oxífeno, hacia la ionósfera, llena de ionos y viciosa de diófido de farfono, hacia la estratósfera, llena de estratos y enviciada de vacío y grafedad fero. Azizan alcanzó al loco, le hizo un tacle, el loco trastabilló contra unos arbustos y cayeron los dos, abrazados, sobre Fatimota y Anthony, que se ocultaban de todo. Estaba todo mal.
¡AAAAARRRRRRGGGGGHHHHHH!!!!!
Continuará…


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