PAE TIENE 21.000 EMPLEADOS, MÁS DE 730 ESTACIONES DE SERVICIO EN ARGENTINA

Bulgheroni: “Lo principal es tener políticas de Estado que no cambien”


El Diario | Regionales

El empresario Alejandro Bulgheroni es presidente de Pan American Energy Group, que controla PAE y Axion Energy. Es uno de los empresarios más importantes de la Argentina, en una reciente entrevista analizó la coyuntura que atraviesa la Argentina, las perspectivas de la industria petrolera, y el recambio institucional del país.
“Está la formación geológica del subsuelo, y también está lo que pasa arriba, las condiciones macroeconómicas y de trabajo, el país, la política… Siempre tenemos más problemas con las cosas que pasan de arriba que con las de abajo”, dice sobre los vaivenes que tiene la economía.
Este ingeniero industrial de la UBA conoce como pocos la roca madre neuquina de la que emanan hidrocarburos desde hace más de 50 años y que ahora promete ser la gran salvación para el país. Es también una de las personas más ricas de la Argentina, con un patrimonio que según la revista Forbes asciende a USD 2.900 millones.
PAE tiene 21.000 empleados, más de 730 estaciones de servicio en Argentina y Uruguay y lleva USD 16.000 millones invertidos en exploración y producción de hidrocarburos entre 2001 y 2018, y USD 1.500 millones invertidos en refinación y comercialización de combustibles y lubricantes desde 2012 (más una cifra similar para modernizar su refinería de Campana).
El petrolero argentino habla con mucha paciencia y espíritu docente de fisuras, formaciones rocosas prehistóricas y “rocas que transpiran”. Es lo suyo, el lugar donde prefiere estar: en los pozos, hablando con ingenieros y científicos para ver cómo evolucionará su imperio, el mismo que comenzó su padre Alejandro Ángel, en 1948, cuando fundó Bridas; que internacionalizaron él y su hermano Carlos, quien falleció en 2016, y que continuará la tercera generación familiar (Marcos Bulgheroni, hijo de Carlos, es CEO de PAE, y Juan Martín, hijo de Alejandro, es uno de los encargados del negocio de upstream del grupo en Vaca Muerta, por ejemplo), poniendo foco también en las energías renovables.
Cuando habla “de lo que pasa arriba”, de la macroeconomía y lo que viene para el país, se pone serio y plantea una serie de dudas basadas en su larga experiencia de invertir y ver pasar gobiernos locales. Describe cómo la crisis impacta en su negocio, menciona su relación con Alberto Fernández y da detalles de cómo cree que hay que pagar la deuda externa.

— Vaca Muerta está de moda. ¿Los políticos realmente saben de qué hablan cuando mencionan al yacimiento?

— Saben, pero no se le puede pedir al político que sepa de todo. El petróleo se descubrió en Argentina en 1907 y cuatro años después se empezó a producir. Desde entonces acumulamos 12 mil millones de barriles. Se cree que en Vaca Muerta puede haber hasta 18 miles de millones de barriles: una vez y media de todo lo que se produjo históricamente. El gas se empezó a producir en 1920 y se sacaron 57 trillones de pies cúbicos. Ahí abajo hay unos 450 trillones de pies cúbicos. Ocho veces lo producido históricamente. Deberían darse cuenta de que esto es muy importante para el desarrollo.

— ¿Qué hay que hacer para potenciar el yacimiento?

— En Vaca Muerta hay que producir, no hay nada que potenciar. Y para eso tienen que darse las condiciones. El que invierte quiere ver los resultados. La única defensa que tenemos los productores de petróleo es la inversión. Hay una idea peregrina de que los petroleros cierran los pozos.

— En estos últimos días hubo intentos de despidos y hay tensión gremial en Neuquén.

— Pero nunca cierran. Se perfora, se invierte y si no se produce no retorna la inversión. Se cierra sí cuando no hay gasoductos o consumo. Esa idea de que nosotros cerramos los pozos es de ignorantes. Tengo las condiciones, invierto. Me quitan las condiciones no invierto más.

— ¿Y hoy la situación es esa?

— Cuando el pozo está perforado hay que ver si se produce a 10 dólares, a 50 o a 100. Son cosas muy distintas. Esa es la incertidumbre de hoy y es muy fácil terminar con ella. Para empezar, hay que cumplir con las leyes. Porque lo que se hizo en otros gobiernos y lo que también en este último es no cumplir con la ley. “Lo que pasa es que ahora tenemos tal problema…”, dicen para ahorcar al sector. Todos los tenemos. Ya no nos cree nadie, ese es nuestro principal problema. No nos tienen confianza como para negociar razonablemente. Hay que generar confianza, recuperarla, pero es algo muy difícil de hacer. Los petroleros somos muy crédulos porque estamos acostumbrados a arriesgar contra la naturaleza. Nosotros fuimos los primeros en llegar a Turkmenistán, a donde nadie quería ir. Funcionó y todos fueron detrás, pero nos expropiaron y algunos colegas argumentaron que era culpa nuestra, que habíamos hecho las cosas mal. Se convencieron de que les iba a ir bien… y los expropiaron también. Pasó con los bolivianos, que nos vinieron a buscar para que invirtiéramos cuando ya habían nacionalizado a las compañías petroleras dos veces. Fuimos igual con nuestro socio Amoco y nos expropiaron. Expropiás y después nadie cree nada.

— ¿Puede pasar eso a nivel local?

— Creo que no. No invertiría si pensara que existe esa posibilidad. Pero hubo cancelaciones de exportaciones en otros momentos [durante el kircherismo] para beneficiar a YPF. Ahora se acabaron los problemas de reservas, tenemos problemas de caños, de transporte. De reservas no vamos a hablar en los próximos 100 años siempre que funcionen las condiciones “de arriba”.

— ¿Cuál es su balance del gobierno de Mauricio Macri en materia energética?

— Hicieron muchas cosas mal y alguna buenas, igual creo que el balance fue positivo. Claro, pesificaron los combustibles al final y eso es una barbaridad. Cuando compramos Esso el gobierno de Cristina Kirchner nos pidió de una forma bastante imperativa que ampliemos la refinería. Después de 6 o 7 años invertimos USD 1.500 millones y queremos la rentabilidad de esa inversión. Es así.

— ¿Qué opina de Alberto Fernández?

— Fue jefe de Gabinete, lo conocimos ahí. Siempre le tuve un gran respeto. Seguramente hay ideas políticas que no compartimos, pero a mí lo que me interesa es producir y desarrollar el país. Creo que él piensa lo mismo, aunque para llegar podemos usar caminos distintos. Evidentemente, lo que se hizo en el gobierno anterior generó los grandes problemas del área energética que tenemos hoy, que tampoco pudieron resolverse durante el gobierno de Macri. Era imposible resolverlos con el gradualismo. Yo no puedo querer manejar la inflación, que es lo peor que nos ocurre y lo que la gente está más sensibilizada, si todos los meses tengo que aumentar las tarifas. Eso se hizo mal, el gradualismo no sirvió.

— ¿Hubiese sido mejor tener un Ministerio de Energía?

— Lo principal es la política. Tener políticas de Estado que no cambien cuando cambia un gobierno. Esta incertidumbre que tenemos hoy no veo que vaya a resolverse en 15 días, pero debería ser rápido. Están hablando de blindajes y cosas por el estilo, y no me gusta. Hay que hacer un voto de confianza de todos los partidos políticos en la misma dirección: que no se van a cambiar los principios fundamentales, las bases.

— ¿Cuál es la mejor manera de resolver el pago de la deuda?

— Tenemos que ser conscientes de qué representamos en el mundo y para los organismos que nos prestan. Nadie quiere que la Argentina entre de nuevo en default. Tenemos esa ventaja. Pero tampoco podemos hacer las cosas mal. Si se le demuestra a los acreedores que se están haciendo las cosas bien en algo que todo el mundo dice que es muy positivo para el país, como Vaca Muerta, todos van a querer renovar la deuda. Si ni siquiera hacemos eso vamos a tener más problemas.

— Además de los hidrocarburos, usted tiene junto a su esposa Bettina negocios en el mundo del agro, como cerezas, arándanos y otros productos para exportar. ¿Cómo están esos rubros?

— Ahí también es una contradicción. Yo quiero exportar, pero me van a hacer pagar más impuestos internos y además impuesto a la exportación. Y no hay ningún acuerdo país-país. Las cerezas pagan retenciones de un 8-10%, pero además bajaron la devolución de impuestos internos. La fruta llega a China y paga un 15% de ingreso, más un 10% acá, más el impuesto exportador, y ya estamos en un 25-30 por ciento. De qué productividad me hablan, no existe. Tengo la cereza más rica, la mejor, pero cuando el consumidor chino llega a la góndola y ve la diferencia de precio, compra la más barata. Esto lo sabe el presidente y coincide con que hay que hacer una política de Estado de economías regionales para potenciar el desarrollo. Macri no pudo resolverlo y, la verdad, lo intentó poco. Al final, terminó haciendo una cantidad de cosas que no quería hacer, pero las hizo.

— ¿Sirvió para algo congelar las naftas?

— Sirvió para hacernos perder plata a todos, a las provincias y a los que invertimos creyendo que la ley se iba a cumplir. Pero no, encontraron formas de no cumplirla. Siempre pasa lo mismo.

— Usted tiene socios chinos. ¿Qué evaluación hace de la guerra comercial con EEUU?

— Lo escuché a Henry Kissinger hace una semana. Él es el promotor de China en Estados Unidos y está hablando de que estamos en los comienzos de una guerra fría comercial. Sería muy grave. A Estados Unidos le pareció interesante desarrollar el mercado chino hace 40 años, y empujó mucho, con Kissinger a la cabeza. Pero subestimaron la velocidad con la que eso iba a pasar y la capacidad del desarrollo chino. Ahora quieren ponerle un freno y es irracional, es como tratar de para un tsunami con la mano. También puede pasar que Donald Trump esté esperando a estar más cerca de las elecciones para llegar a un acuerdo y en ese momento generar bonanza económica en Estados Unidos.

— Es continuador, junto con su hermano Carlos, del trabajo de su padre. Ahora en la compañía hay una tercera generación. ¿Qué le aporta hoy al grupo?

— Su capacidad. Están por capacidad, no porque sean descendientes. La empresa tiene socios muy importantes y están trabajando porque a ellos les parece bien. Yo estoy involucrado continuamente, pero muchas cosas del día a día no las veo porque ya las vi durante mucho tiempo. Se están haciendo las cosas bien. Mi hijo menor, Alejandro, se está recibiendo de abogado y estuvo haciendo una práctica rentada acá en la compañía. Uno hace todo lo posible para que estudien, para que trabajen y hagan las cosas bien. Pero después cada uno toma su camino.

— ¿Cómo se imagina a la empresa en el futuro, digamos en diez años?

— Nos hacemos mucho esa pregunta. Con mi hermano y con mi padre siempre quisimos desarrollar la empresa fuera del país. En el año 74 yo agarré una valijita y empecé a caminar por América Latina. Después estuvimos en Turkmenistán, en Rusia. Pero siempre nos faltó tener más músculo, tener más espalda. Por eso las asociaciones que hicimos. Amoco y luego BP, los chinos. Fuimos a México. Estamos viendo otras oportunidades, pero lo que tenemos que hacer en el país un poco nos condiciona. También en los últimos años nos integramos verticalmente, tenemos a Axion en el downstream. Ahora se está hablando mucho de que no se quiere utilizar más petróleo ni gas, que hay autos eléctricos y generación eólica. Tenemos que ir por esa vía, y lo estamos haciendo. Pensamos todo el tiempo en el futuro. No queremos ser Blockbuster ni Kodak, que pensaron que las cosas no iban a cambiar nunca y desaparecieron. Hay más de 1.000 millones de personas en el mundo que no tienen energía, y casi 2.000 si contamos a los que apenas tienen. Hay mucho por hacer.
(Fuente: Infobae)


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