Ex combatientes volvieron a Madryn a 37 años del regreso de Malvinas

En una jornada que no estuvo exenta de lágrimas y sentidos relatos, tres ex combatientes de Malvinas regresaron a Puerto Madryn para relatar lo que se conoce como “El día en que Madryn se quedó sin pan”, aquél 19 de junio de 1982 en el que un contingente de soldados desembarcó del buque Camberra en la ciudad del Golfo, ante una ciudadanía expectante que los contuvo e incluso recibió en sus casas.
Los soldados Rubén Pastor, Héctor Binnier, Francisco Arturi y Alcides Ramírez fueron recibidos, en este “segundo regreso” por sus pares del Centro de Veteranos de Malvinas de Puerto Madryn, en una comitiva coordinada por el ex combatiente Germán Vázquez; la ceremonia, tal como había sido organizada, debió suspenderse por las contingencias climáticas, y se trasladó a las instalaciones del Concejo Deliberante, contando con la participación de concejales y la presidenta de la Casa de las Leyes, Xenia Gabella.
Hoy a las 11 horas participarán de la inauguración del mural “El Regreso”, conmemorativo a la histórica fecha, en el muelle Almirante Storni.

De norte a sur

Por su parte, Alcides Ramírez, visiblemente emocionado, contó que “yo soy de Formosa y, días atrás, me contactaron para hacerme una invitación muy importante a Puerto Madryn los días 18, 19 y 20 de junio, que se estaba organizando un evento; vivo en el campo, en el monte con mis animales, por lo que mi hijo se encargó de buscar la información y me comentó que sería un día histórico para estar con mis compañeros” y agregó que “tuve que dejar todo lo que estaba haciendo, me preparé durante una semana en la que no paré de llorar; hablé con mi familia y saqué el pasaje en avión; íbamos a venir en vehículo pero se complicaba con la situación de las inundaciones en la zona norte, además de que eran 3.600 kilómetros de distancia”.

Agradecimiento

El veterano relató que “me animé, nunca había viajado en avión, al cual le tengo miedo, pero mi mujer me apoyó para que lo hiciera, y aquí estoy, presente, orgulloso, muy emocionado y casi no he dormido porque quería estar con todos aquí” y contó que “ex combatientes de Malvinas (de Formosa) enviaron muchos saludos a Madryn, están contentos y envían muchos cariños y bendiciones; me desearon suerte y que estuviera bien con mi familia de veteranos, por eso estoy muy agradecido con la gente de Puerto Madryn”.

El segundo regreso

Por su parte, Rubén Antonio Pastor contó que “soy de Quilmes, vine en mi vehículo con mi esposa, llegamos el viernes; he venido en otra oportunidad durante estos 35 años y conocí acá a un amigo que es un ‘pedazo de pan’, una buena persona como es Germán (Vázquez), estoy alojado en su casa” y resaltó que “nunca estuve un 19 de junio acá; para mí es muy emocionante estar con mis compañeros, ya que, aunque estuvimos en diferentes unidades, hoy somos uno sólo; somos todos lo mismo, ya estamos grandes y vinimos a vivir esta experiencia”.

Reencuentro con la familia

Además, Pastor dijo esperar “con mucha alegría la inauguración del mural, que nos encontrará a los veteranos de guerra todos juntos”.
Vázquez relató que “el caso de Rubén es especial; cuando volvió a los 35 años, buscaba a la familia que lo albergaba en ese momento, que lo había llevado a su casa, le había dado un sándwich de fiambre y le había permitido llamar por teléfono a Buenos Aires; y el último día en que se iba encontramos a la familia, que era la de Lucas Marani; y en una charla que estábamos teniendo en la calle con uno de los veteranos, venía Lucas caminando por la calle, se empezaron a mirar los dos y se encontraron”.

Abrazo esperado

Sobre este punto, Pastor agregó que “buscaba a la familia, ya que parte de mi regimiento no había sido enviado directamente a Trelew, sino que nos llevaron a la Barraca Lahusen (hoy el Bingo Municipal), donde quedamos alojados y muchas familias de Madryn nos venían a buscar”, subrayando que “nosotros ya no recibíamos órdenes de los superiores; entonces, la gente nos llevaba a tomar una taza de mate cocido con un pan o algo así; yo sabía que esa familia estaba, hablé por radio, a través del canal local, y se estaba complicando encontrarla; pero un día, de casualidad, Germán me dijo de ir a dar una vuelta, y encontramos la casa”.
Una vez allí, “la señora me reconoció y me abrazó, nos emocionados todos después de tanto tiempo; la esposa del señor Marani nos mostró que la parte de la casa donde habíamos estado no fue reformada; cuando pasamos, estaba todo igual, donde nos dieron el mate cocido” y relató que “le dije que ella era como la ‘Mamá Pollito’ para nosotros; la verdad es que fue un gusto haber podido encontrar a esa familia”.

“Simplemente, gracias”

Uno de los testimonios más sentidos fue el de Héctor Alejandro Binnier, quien no pudo contener la emoción al dar lectura a una carta que había preparado, en la que relató parte de su experiencia al arribar a Madryn, así como también el posterior regreso a Buenos Aires.
“No he encontrado palabras en nuestro diccionario que expresen mi gratitud hacia esta ciudad, decir simplemente ‘gracias’ no alcanza, ni escribiendo la mencionada palabra con mayúscula, para describir lo que han hecho los habitantes para con los soldados que habían vuelto de las Islas Malvinas en esa fecha tan lejana, que fue el 19 de junio de 1982. Creo que la cantidad de soldados era 4.127. Llegó el Camberra al puerto, salimos del mismo en camiones del ejército y en micro. Apenas los vehículos pisaban la avenida, los habitantes de esta ciudad se abalanzaban hacia nosotros”, precisó.

“Queríamos pan”

Seguidamente, relató que “nos querían ver, tocar; no salíamos de nuestro asombro por cómo se emocionaba, lloraban, reían, cómo nos sacaban a algunos de los soldados para llevarlos a sus casas y darle todo lo que tenían en sus manos; recuerdo que nos preguntaban qué queríamos y les dijimos ‘pan’, por lo que la gente salió corriendo a buscarlo y complacer nuestro deseo, ya que hacía dos meses que no comíamos ese ‘manjar’ en Malvinas”.
También, Binnier contó que “nos trajeron alimentos, golosinas, ropa; nos pedían apellido y número de teléfono para salir corriendo y llamar a nuestras casas, y decir a las familias que sus hijos, esposos, novios, estaban en esta ciudad y en buenas condiciones”.

“No Picnic”

Por otro lado, Binnier reflexionó: “Pensara que cinco días antes estábamos defendiendo la Patria a sangre y fuego. Y, a pesar de nuestra derrota ante la superioridad británica, quiero decir que ellos no se la llevaron ‘de arriba’. Pensaron que ‘era un Picnic’, según lo mencionó el general Jeremy Moore, y luego lo confirmaron en el libro titulado ‘No Picnic’. Asimismo, expresó que se realizó la mayor concentración de artillería terrestre, naval y aérea en los combates de Monte Longdon, (Monte), entre el 11 y el 14 de junio, desde la Segunda Guerra Mundial”.
A pesar de la derrota, “estos argentinos, que vivieron la guerra en carne propia, nos recibieron con el mayor júbilo y honor”, añadió.

“Mis saludos para este pueblo”

Además, dio lectura de un párrafo con el testimonio perteneciente a un libro que se editará próximamente, donde varios ex combatientes relatan sus vivencias en el conflicto bélico, entre ellos Claudio de Arce, quien comentó lo vivido antes de llegar a Madryn, en un pasaje escrito hace 15 años: “Pertenezco al glorioso y honorable Escuadrón de Exploración de Caballería Blindada 10, con asiento en tiempos de paz en La Tablada, provincia de Buenos Aires. En los dos días en que estuvimos en los hangares en Puerto Argentino, antes de embarcar en el Camberra, vimos toda la comida que había en el puerto y empezaron los ‘por qué’, los míos y de mis compañeros, respecto de por qué no nos entregaban los alimentos. Nos entregaron a Puerto Madryn, cuya gente se portó de maravilla, mis saludos para ese pueblo”.

“Aplaudían y lloraban”

Binnier contó que “en un momento, cuando bajamos del Camberra en Madryn, nos subieron a varios camiones y micros; yo subí en un camión y me senté en la parte de atrás, cerca de la puerta, de ahí no me iba a mover nadie, quería ver hacia dónde nos llevaba y qué iban a hacer con nosotros de ahí en más”, agregando que “el muelle donde nos encontramos era ancho como una avenida y muy largo, de más de mil metros; el camión comenzó su marcha, que por cierto era muy lenta, no veíamos el momento de bajarnos y volver a tocar tierra después de una travesía marítima; en un momento, el camión se detuvo y vimos que abrían unos portones: al otro lado estaba la ciudad de Puerto Madryn”.
El vehículo “hizo un giro a la izquierda e ingresó a la avenida principal, y de pronto nos encontramos rodeados por una multitud de gente que se acercó a recibirnos, fue muy emocionante ver a toda esa gente junta, preguntándonos qué necesitábamos; nos ofrecían de todo, incluso cigarrillos, otros aplaudían y lloraban”.

Grabado en el alma

“Fue el recibimiento más importante que tuvimos. Seguimos la marcha, nos seguían y se colgaban de los camiones, nosotros les regalábamos parte de nuestra ropa, chapas, dedicatorias y demás. Nos llevaron a un galpón donde pasamos la tarde y nos tomaron los datos. Hasta que a uno de los camiones, camino a Trelew, se le rompió la correa al llegar a una vieja estación de servicio, de esas de campo que apenas tenía dos surtidores. En ese momento, llegó una camioneta Ford F-100 blanca y roja, modelo 73. En su interior llevaba un cajón de naranja, y a todos se nos fueron los ojos sobre ellas. El hombre, al enterarse que veníamos de Malvinas, nos regaló el cajón, se fue, compró una caja entera de botellas de agua nos la trajo”, describió Binnier, concluyendo: “Mil gracias a todos. Mis hijos llevarán grabado en su corazón y alma la gratitud de los habitantes de Puerto Madryn, y el increíble e impensado recibimiento”.

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