Animalito e’ dios
El zorro rojo y el perro son canes que se separaron evolutivamente hace unos 10 millones de años. Ambos han seguido caminos muy distintos. Los zorros están entre los carnívoros más exitosos y extendidos del planeta y los perros se han convertido en los mejores amigos del hombre, gracias al proceso de domesticación de los lobos que comenzó hace unos 15.000 años.
Los zorros, a diferencia de los perros, suelen mostrarse asustados o agresivos ante la presencia humana. Un estudio que se acaba de publicar en la revista Nature Ecology & Evolution ha revelado la que podría ser la base genética de estas diferencias de comportamiento social. Por primera vez han secuenciado el genoma del zorro, y además lo han hecho en varias ocasiones para analizar los genes tanto de zorros domesticados como de animales no domesticados. Los hallazgos les han permitido identificar 103 regiones de sus cromosomas relacionadas con el comportamiento. Esto podría ayudar a tratar desórdenes neurológicos en humanos, como el trastorno bipolar o el autismo.
“Hemos estado esperando esta herramienta durante mucho, mucho tiempo”, ha dicho en un comunicado Anna Kukekova, primera autora del estudio e investigadora en la Universidad de Illinois (EE.UU.). “En nuestros trabajos anteriores tratamos de identificar las regiones del genoma del zorro implicadas en el comportamiento dócil y agresivo, pero no teníamos un genoma de referencia. Ahora tenemos una mejor fuente para estudiar la base genética del comportamiento”.
En este mismo sentido, Guojie Zhang, coautor del estudio y también investigador en la Universidad de Illinois ha explicado a este periódico que, si bien es difícil “rebobinar” el proceso de domesticación de perros desde lobos, “es muy interesante que podamos mostrarlo con el zorro rojo. En este estudio, mostramos cómo las mutaciones pueden ser seleccionadas con una domesticación en un corto plazo basándonos solo en rasgos del comportamiento”.
Los investigadores se dedicaron a elaborar una serie de pruebas para evaluar el grado de docilidad o mansedumbre y la tendencia de los animales a interactuar con sus cuidadores. Después de cerca de 40 generaciones, los zorros escogidos por su docilidad eran más proclives a interaccionar con humanos, a demandar su atención, a olisquearles y a lamerles. Movían sus colas cuando estaban contentos o agitados. Además, mostraban menos miedo ante nuevas situaciones, y se comportaban de una forma más curiosa.
Aparte de esos rasgos de comportamiento, estos zorros dóciles mostraron interesantes cambios físicos: tendieron a exhibir orejas más flexibles, colas más coºrtas o más curvadas, periodos reproductivos más largos, cambios en el pelaje y hasta transformaciones en la forma de los cráneos, mandíbulas y dientes. Además, perdieron el característico y fuerte olor de los zorros, y sus niveles de estrés, medidos por la cantidad de cortisol en sangre, disminuyeron.
De vuelta a la actualidad, el equipo de Kukekova secuenció y ensambló el genoma del zorro y luego lo comparó con tres poblaciones distintas: una de animales agresivos, otra de zorros domesticados en granja, pero no seleccionados en función de ningún rasgo, y otra de animales dóciles, seleccionados en las instalaciones de Novosibirsk. En concreto, el equipo de Kukekova secuenció los genomas de 10 zorros de cada población. Así averiguaron que estas tres poblaciones mostraban diferencias en 103 regiones del genoma.
A continuación, compararon estas 103 regiones con otras secuencias similares de mamíferos, y observaron ciertos parecidos. Por ejemplo, una de estas regiones del genoma les llevó a zonas que son importantes para la domesticación del perro y que están asociadas al síndrome de Williams-Beuren en humanos. Este se caracteriza por la aparición de un comportamiento inusualmente alegre y tranquilo ante los desconocidos, junto con arrebatos de mal humor, así como otros problemas, como retraso mental o deficiencias en el desarrollo del lenguaje.
Descubrieron que una variante del gen SorCS1, que está implicado en la formación de sinapsis (conexión entre neuronas) y plasticidad (importante para el aprendizaje, entre otras muchas cosas), estaba presente entre zorros especialmente dóciles y atentos con los humanos. Sin embargo, dicha variante no estaba presente entre los zorros más agresivos. “Creemos que este gen hace a los zorros más dóciles, pero no queremos darle demasiada importancia. La docilidad no está relacionada con un solo gen”, ha dicho Kukekova. “El panorama es definitivamente mucho más complicado”.