Sochi, el deslumbrante escenario de la caída rusa

Por Marcelo González*

Fue fuerte para quienes vinimos a cubrir la Copa del Mundo que Argentina haya quedado eliminada en octavos de final. Creo que a partir de ahí para nosotros comenzó otro Mundial, que por supuesto tiene que ver con la cobertura de partidos, análisis de equipos, candidatos, deseos, pero también mucho más con disfrutar un país lleno de sorpresas, culturalmente diferente, conocer ciudades y poder transmitirles y contarles algunas de nuestras experiencias vividas durante este mes en Rusia.
Si hablamos de fútbol, llegaron a semifinales, en la llave más difícil, los dos equipos que mejor fútbol mostraron: Bélgica y Francia. Los belgas, jugando brillantemente y dejando afuera al gran candidato, Brasil. Sin embargo, no les alcanzó frente a los Bleus, que llegó a la final en forma justa y enfrentará a Croacia, otro gran candidato a quedarse con la Copa de la mano de Griezman y Mbappe.
Rusia quedó afuera, una verdadera lástima. Por penales, Croacia lo eliminó. Sin embargo, el local logró más de lo que se esperaba de él. Lo mejor de todo no fue el emotivo partido frente a los croatas, sino que esa semifinal se haya disputado en Sochi, bellísima ciudad costera a la cual llegamos para la cobertura de la semifinal y creo que merece un párrafo aparte.
Decir Sochi es decir playa, verano, sol, calor. Palabras tal vez habituales para nosotros, pero muy poco para los rusos. Esta ciudad a orillas del Mar Negro tiene bien ganada su reputación por ser prácticamente la única ciudad veraniega del país. Allí acuden los anfitriones en verano. Imagínense lo que era con Rusia jugándose el pase a semifinales. Temperaturas superiores a 30 grados, mar calmo y de aguas cálidas, mucha vegetación, parques, cataratas y una Villa Olímpica deslumbrante, utilizada para los Juegos Olímpicos de Invierno. Atractivos realmente atrapantes que nos deslumbraron y nos hicieron dejar la ciudad con muy pocas ganas de partir. Quedará para siempre en nuestras memorias la caída del sol en el puerto, un momento de indescriptible belleza y difícil de narrar. En lo personal, la despedida de mi hijo Nahuel, con quien compartí el Mundial, fue un momento muy especial y emotivo. Algo muy grato y difícil de explicar. Su partida a Barcelona, donde vive, y mi regreso a Moscú.
Jamás olvidaré la noche anterior, en la despedida compartida con amigos y haber pasado mi cumpleaños con él, como dije, en un lugar tan lejano. Más de una lagrima a escondidas, y a seguir con nuestro gratificante trabajo periodístico.
Si Moscú nos deslumbró, San Petersburgo nos maravilló. Fue sin dudas Sochi la que más nos sorprendió. Porque en esta inmensa Rusia donde son mucho más habituales el frío, la nieve y el largo invierno, Sochi fue la antítesis de lo habitual en este país.
No puedo ni debo dejar de insistir en la amabilidad de la gente. No es habitual. A diferencia de Moscú, en las ciudades del interior, a medida que uno se va alejando de la capital, se habla menos el idioma inglés. Y Sochi está a 1.600 kilómetros. A pesar de ello, ante cada consulta, una sonrisa. Tratan de hacerse entender, ayudan y tratan de solucionar tu inquietud o tu problema. Hicimos varios amigos rusos en el viaje y obtuvimos varios teléfonos de contacto, algo que no nos imaginábamos antes de venir.
Ya de vuelta en Moscú, para poder contarles la final y también para disfrutar y compartir mucho de lo que nos queda por conocer de esta enorme ciudad, me despido hasta pronto. Ojalá haya podido transmitirles al menos un poco de lo deslumbrante que es Rusia.

*Enviado especial

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