Las encuestas y la épica
Por Trivia Demir
La realidad posee esos contrastes abrumadores entre lo que pretende el microclima político y el destino final al que arroja el universo a cada actor. Esta semana es un secreto a voces que la imagen del presidente Mauricio Macri transita la peor caída desde las elecciones legislativas del año pasado. Según una encuesta de Udesa, cayó 29 puntos, del 66% al 37%. De acuerdo a este informe, que se preserva en la rigurosidad de su metodología de sondeo y análisis, tres de cada cuatro encuestados están disconformes con la situación política y económica. De junio a julio, la aprobación del primer mandatario bajó un 8 por ciento y por primera vez, la proyección a 2019 beneficia a un opositor.
En octubre pasado, el 66% aprobaba la gestión, el mes pasado un 45% y en julio un 37%. El estudio advierte la pérdida de confianza de buena parte del electorado debido a los primeros efectos de la inflación.
De esta manera, el presidente sería el principal damnificado ya que también, la desaprobación de su gestión alcanzó el 61%, el máximo nivel desde que asumió el cargo.
Los datos duros
En julio, los “insatisfechos” o “muy insatisfechos” treparon hasta 76%, contra 22% de los “satisfechos”. También se ha reducido el número de quienes se mantienen optimistas respecto a su situación. Estos niveles, son los peores desde el mes de mayo, cuando la universidad comenzó a medir las variables.
Si bien el presidente vio muy afectada su imagen, no es el único. Por su parte, el Poder Ejecutivo también subió en cuanto a nivel de insatisfacción. El 74% de los encuestados se mostró insatisfecho.
El Senado por su parte, alcanza un 79% de insatisfacción, Diputados, un 80%, y la Corte aparece como el sector que mayor insatisfacción genera: 83%.
Si bien la encuesta no mide candidatos, sí plantea un escenario electoral posible para 2019 en el cual hasta junio, el 37%, en una eventual elección, respaldaba al elegido de Cambiemos, contra el 25% que apoyaba a un opositor. Pero la tendencia cambió: un candidato opositor tiene 33% de intención de voto contra un 27% del oficialismo.
Por su parte, el columnista Ignacio Fidanza, relata un interesante análisis a modo de `salvavidas editorial debajo del asiento´ titulado: “El Apollo XIII de Macri” que “al presidente todavía le queda la épica del rescate agónico del gobierno que chocó”. Según el razonamiento que publica el editor de LaPoliticaonLine, “El rescate en el último minuto de un Gobierno que encalló, la épica del Apollo XIII (…) No es una idea para despreciar. De las siete misiones a la Luna, sólo se recuerdan dos: La primera y la que falló. Hollywood logró transformar un fracaso monumental en una gesta apasionante. Gracias Tom Hanks, debería decir Marcos Peña.
Buenos deseos y otras observaciones
Macri tiene por delante una maniobra dificilísima, pero posible. Tiene que aterrizar al Apollo, así sea en el Hudson. Pero si lo aterriza, no hay que descartar que sobre la hora vuelva viable la idea de un segundo mandato. Un cisne blanco.
Desde la parábola del hijo pródigo, que los caídos del cielo han despertado empatía. Todos somos un poco fracasados y todos queremos triunfar.
Mao explicaba que la política es el arte en encadenar fracasos hasta la victoria. Al final, suele pagar más la perseverancia que la eficacia deslumbrante. Aunque un poco más de esta última no vendría mal. Pero veamos un sendero posible.
Aquí ya se dijo que Macri necesita un relato, una épica, una apelación que aún dolorosa genere algún entusiasmo, así sea el de resistir. Ya no está para Mayweather paseando al que se le pone enfrente, ni para Tyson liquidando la pelea en 30 segundos. Pero todavía le queda algo acaso más interesante: Alí en el inicio de su otoño, menguando, poniendo el cuerpo ante esa fiera impresionante que era Frazier, aguantando y aguantando, para sacar sobre el final fuerza de donde no había nada y llevarse una victoria apenas un segundo antes de caer derrotado.
Esta claro que Macri no es Alí, pero algo mostró en La Bolsa, donde mejoró lo que insinuó en la conferencia de prensa del día anterior.
No se construye capitalismo sin política
Contra las cuerdas, el presidente busca en el fondo y empieza a encontrar tres, cuatro ideas. No hace falta mas. Primero lo obvio: el gradualismo fracasó. Después, veamos que queda: equilibrio fiscal, un tipo de cambio más competitivo, Vaca Muerta, el interior posible, y la línea roja: Se mantiene el sendero de baja de impuestos. Porque la Argentina sale con capitalismo y potencia exportadora.
¿Qué falta? Todo, no sean malos. Hay que bajar las tasas, recuperar el crédito y sobre todo frenar la inflación, porque sino no hay astronauta en el mundo que lo salve. Se vienen meses durísimos y no está claro ni que se haya controlado la corrida, ni que la recuperación económica lo encuentre en el poder. Pero no es lo mismo incinerarse en el aire, que aterrizar. Aunque sea chamuscado.
Macri en el inicio del tramo final de su mandato acaso empieza a entender por primera vez, que más allá de sus deseos, es un presidente de transición de salida del populismo. Esto implica nadar entre dos guías, que el Gobierno quiso ignorar más de una vez: Hay que pagar costos y hay que salir del populismo.
Dicho de otra manera. El fortalecimiento de Cristina como opción opositora, sugiere que el 2015 no resolvió el debate de fondo: Se trata de una discusión profunda de modelo país, que coloca a la ex presidenta al frente de un capitalismo corporativo, ubicado en algún lugar entre el fracaso de Maduro y el éxito de Putin.
Macri es la contracara natural de ese proyecto, pero perdió demasiado tiempo transitando la fantasía de un Gobierno de buenas noticias. Ese mundo terminó en el preciso momento que llegó el resumen de la tarjeta. Pero cuidado. El peronismo ya pagó el costo de subestimarlo y todavía quedan un par de rounds antes que suene la campana”.
Los peores y los mejores
Desde octubre de 2017 a febrero de 2018, las iniciativas del Gobierno (reforma previsional, tributaria y laboral, “megadecreto”, etc.) así como diferentes affaires de los integrantes del “mejor equipo en cincuenta años” fueron erosionando su imagen, la de sus integrantes y, en consecuencia, de las percepciones y expectativas sobre la situación general del país.
La lista de ministros con imagen neta negativa es encabezada por el ministro de Trabajo, Jorge Triaca, con un 71% de imagen neta negativa (el reverso del 29% de imagen positiva); le sigue el ministro de Medio Ambiente, Sergio Bergman (65% de imagen negativa); el ministro de Finanzas, Luis “Toto” Caputo (60% de imagen negativa), el de Defensa, Oscar Aguad (57%), y el de Energía, Juan José Aranguren (54%). Todos ellos han sido protagonistas de decisiones y situaciones personales controvertidas y son sospechosos de tener conflictos de intereses y/o haber demostrado una buena dosis de impericia.
En busca de la esperanza necesaria, es para destacar que sólo uno, el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, una de las figuras más componedoras de Cambiemos, tiene más imagen positiva que negativa: en rigor, 31% versus 30%. También Marcos Peña y Patricia Bullrich tienen valoraciones positivas superiores a 30%, pero tienen imágenes negativas importantes: 44% y 43%, respectivamente. Por supuesto, esto es un arranque de las innumerables mediciones que se avecinan el próximo período electoral y cuya dinámica fungirá al ritmo del día a día del votante. Habrá que ver…
Fuentes: Diario26, Udesa, El Economista, Lapoliticaonline, Perfil, propias.