El cerebro, el mejor aliado hacia el bienestar en la longevidad
Desde el año 2014, cada 22 de julio se celebra el “Día Mundial del Cerebro, una fecha acordada por la Federación Mundial de Neurología para promover los cuidados preventivos y generar conciencia sobre las enfermedades silenciosas que pueden desgastarlo.
La expectativa de vida subió exponencialmente en las últimas décadas y la gran pregunta que no podemos dejar de hacernos es “cómo seguir manteniendo nuestro cerebro saludable al momento de llegar a ser adultos mayores”.
Es cierto; todos tenemos un ADN, pero los estudios demuestran que hay ciertas conductas, comportamientos y cuidados que podemos ir adquiriendo para llegar a esta etapa de nuestra vida sin problemas de memoria, activos y con un alto nivel de satisfacción personal.
Para nuestro bienestar cerebral, desde el Instituto de Neurología Cognitiva (INECO) recomendaron, por un lado, mantenerse estimulado cognitivamente y tratar de hacer cosas que nos desafíen a nivel cognitivo, que nos permitan entrenar nuestro cerebro para mantenerlo activo.
Consejos para mantenerse en forma
Por otra parte, la alimentación saludable juega un papel fundamental; “una dieta rica en frutas, verduras, cereales, legumbres y pescado ayuda a mantener la mente en forma, al favorecer el transporte de oxígeno y nutrientes a nuestro cerebro colabora a que este funcione correctamente”, indicaron.
En la misma línea, invitaron a controlar los factores de riesgo cardiovascular, dado que “la hipertensión, el azúcar en la sangre, el colesterol, el cigarrillo, son algunos de los factores que hay que controlar para mantener nuestra salud cardiovascular y, por ende, un cerebro saludable”.
Realizar actividad física es importante para mantener “a pleno” las funciones cerebrales; “hay numerosos estudios que muestran que las personas que realizan actividad física, aunque sea moderada -como caminar tres veces por semana durante media hora- tienen un cerebro mucho más saludable a lo largo de la vida”.
En otro orden, conservar nuestro bienestar emocional es indispensable, y “debemos tener en cuenta que la depresión, la ansiedad o los niveles prolongados de estrés tienen consecuencias negativas para las funciones intelectuales”.
Además, “no abandonar la interacción social” y “fortalecer nuestros vínculos sociales es otro de los factores preponderantes para mantener un cerebro saludable” figuran entre las recomendaciones del Instituto.
Dictan taller de “autocuidado”
Desde este último se encuentran realizando un curso online denominado “Cerebro saludable a lo largo de la vida: bases científicas para lograrlo”, el cual está destinado a toda la población y tiene como objetivo brindar las bases científicas de un cerebro saludable, “a través de la información sobre los hallazgos de los últimos años, y ofrecer un entrenamiento intensivo e interactivo, proponiendo herramientas prácticas, basadas en la psiquiatría, la psicología, la neuropsicología y la nutrición, para el cuidado del cerebro en la vida cotidiana”.
La prevención “es fundamental para disfrutar de la longevidad con una salud óptima; la mejor manera de afrontar una enfermedad es previniéndola y desarrollando el autocuidado”, remarcaron.
El taller iniciará el 20 de agosto y los interesados podrán realizar consultas y acceder a mayor información en www.campusineco.org.
Curiosidades sobre el cerebro humano
Como bien se sabe, el agua es vital para la supervivencia humana, pero no solo su consumo es el causante de todos los beneficios que nos aporta. Y es que la natación es un complemento fundamental para desencadenar tanto mejoras físicas como mentales.
Esta práctica siempre ha formado parte de nuestra historia, pues alejada de la actividad deportiva, el dominio del agua ha sido el gran reto perseguido por las antiguas civilizaciones. Por ejemplo, en Grecia y Roma la natación formaba parte del entrenamiento militar y, además, concedía una distinción social entre el resto de la población. Para los egipcios, la natación era parte de la educación. De hecho, estos reflejaron la importancia sobre el conocimiento de las propiedades terapéuticas del agua en sus milenarios jeroglíficos.
Sin embargo, todo esto cambió cuando, durante la Edad Media, en Europa se extendió el pensamiento de que el agua era el principal portador de enfermedades y que, incluso la mera introducción en ella, podría transmitir epidemias.
No fue hasta finales del siglo XVIII cuando se instituyó como un deporte de competición. La primera organización de este tipo nació en Gran Bretaña en 1837 bajo el nombre de la National Swimming Society. A partir de este momento, se crearon diferentes agrupaciones, por ejemplo, la Metropolitan Swimming Clubs Association, que posteriormente se conocería como la Amateur Swimming Association (ASA). En 1908, con una representación de 8 federaciones de distintas nacionalidades, se fundó Federación Internacional de Natación (FINA). Su trabajo consistió básicamente en la regularización de este deporte y en la organización periódica de eventos y competiciones.
Desde entonces, la natación ha crecido como deporte profesional, así como actividad para una vida saludable. Los beneficios físicos de la natación son evidentes en atletas, lo que llamamos “cuerpo de nadador”. Sin embargo, hay una característica que la mayoría de los nadadores (tanto profesionales como amateurs) poseen y no podemos apreciar de un simple vistazo: la salud del cerebro.
Nadar es buena idea
La natación repara las neuronas dañadas. Pero la natación, concretamente, puede proporcionar beneficios cerebrales adicionales a nivel molecular y de comportamiento, afectando a los neurotransmisores que influyen sobre el estado de ánimo y las hormonas reductoras del estrés.
Nadar mejora la función cognitiva. Uno de los beneficios de la natación es que aumenta el flujo sanguíneo, lo que a su vez puede ayudar a mejorar la memoria, el estado de ánimo, la claridad mental y el enfoque.
Un estudio de 2014 descubrió que la inmersión en una piscina aumentaba el flujo de sangre al cerebro, pues cuando los participantes se sumergieron en el agua hasta la altura del corazón, su flujo sanguíneo cerebral fue mayor en comparación con los participantes que no se habían metido en la piscina. El flujo de sangre a las arterias cerebrales centrales aumentó en un 14%, mientras que el flujo sanguíneo a sus arterias cerebrales posteriores aumentó un 9%.
La natación y otros ejercicios similares liberan factores neurotróficos o neurotrofinas en el cerebro, endorfinas, que se cree que son útiles para controlar el estrés, la ansiedad y el estado de ánimo. La actividad física y el ejercicio pueden ayudar con el alivio de la tensión, e incluso contrarrestar algunos síntomas depresivos. Así, la natación ayuda a estimular la producción de sustancias químicas cerebrales que elevan el estado de ánimo.
Todo indica que nadar, proporciona beneficios para el cerebro.