PIEDRA, BALA O TIJERA: LAS OPCIONES QUE DIVIDEN. LA INTERMINABLE BATALLA DEL CONGRESO Y EL COMIENZO DE LA ZONA DURA DEL AJUSTE. EL MERETRICIO ROL DE LOS GOBERNADORES EN EVIDENCIA

Leyes que duelen


La de ayer fue una de esas películas de terror que volvieron a sensibilizar la memoria. “Un país que duele”, al decir de un experimentado referente político. “Sacar una Ley a expensas de la paz social, nada bueno puede acarrear”, razonaba un jubilado sin disimular su conmoción ante los enfrentamientos que se dieron en torno al Congreso de la Nación secándose las lágrimas. Lo lamentable es que los diputados nacionales sesionaron a pesar de sus convicciones y con el caos en puerta, de espaldas a un mensaje generalizado. Porque más allá de las `minorías violentas´ hubo una inmensa mayoría manifestándose, con plazas llenas y hasta cacerolazos, no precisamente a favor de la reforma previsional.
A las 19 horas recién Cambiemos pudo empezar a tratar la reforma previsional en la Cámara de Diputados, con el esperado discurso de Eduardo Amadeo, que será recordado por haberse cargado al hombro la ley en la Comisión de Previsión Social.
Desde las 14.15 la sesión se pasó en «cuestiones de privilegio», una facultad reglamentaria para que los diputados expongan durante 5 minutos sobre un tema que afecte a sus fueros, pero que esta tarde la oposición usó para estirar la sesión con la esperanza de frustrarla.
Se la conoce como la técnica de filibusterismo, habitual en Estados Unidos, y consiste en intentar agotar a los legisladores para que alguno se vaya y la votación final tenga un final inesperado. En este caso, la esperanza estaba puesta en que de madrugada, hoy Cambiemos no reúna los 129 necesarios para la mayoría, aunque con el acuerdo con los gobernadores parecería imposible.

Macri y “las prostitutas”

La diputada María Emilia Soria, que integra el bloque FpV-PJ, calificó de «prostitutas» a los gobernadores peronistas que fueron al Congreso a apoyar la reforma previsional.
«Me da vergüenza que hayan arrastrado a gobernadores. Me da vergüenza que se digan peronistas… ¡No son peronistas, son prostitutas de Macri! ¡Vinieron acá y cambiaron los votos de sus jubilados, a costa de que Macri no incendie cada una de esas provincias! ¡Eso es coerción, es afectar el federalismo, es afectar las autonomías de las provincias!», gritó Soria, que ganó las últimas elecciones de Río Negro con el peronismo unido. “Fue un exabrupto”, sentenció la mayoría intentando guardar las formas, pero más allá de la desgraciada comparación, la legisladora estampó una gran verdad.

Falta política y sobra policía

“El gobierno de Macri ingresa en la zona dura del postergado ajuste. Así comenzó a transitar una etapa crucial para darle sustentabilidad al proyecto político que encarna. El crecimiento exponencial de la deuda externa y la masa de Lebac que emite el Banco Central para esterilizar su impacto monetario marcan un horizonte muy claro al gradualismo”, lo advierte con impecable síntesis el columnista Ignacio Fidanza desde LaPoliticaOnLine.
Agrega que “Macri ya reconoció que el corazón de su mandato pasa por ajustar el enorme déficit fiscal que heredó del kirchnerismo. Postergó el abordaje de ese problema hasta pasar el filtro de las elecciones de medio término, entendiendo que si anticipaba el ajuste las iba a perder y entraría en crisis grave como le ocurrió a De la Rúa.
Pero el tiempo se acabó. El diseño del ajuste es sencillo: Eliminación de subsidios energéticos y reducción del gasto del sistema de seguridad social. Macri tiene una mirada de ingeniero para enfrentar problemas complejos: Si el grueso del déficit pasa por esos dos rubros, ahí se aplica el recorte.
No hubo en el gobierno una apertura a discutir caminos alternativos para la corrección del gasto, que salvo el kirchnerismo y la izquierda, la gran mayoría del sistema político entiende que es no sólo inevitable, si no necesario si se quiere evitar un nuevo fracaso de primera magnitud.
Este esfuerzo de normalización macroeconómica se mezcló mal con la otra gran promesa del macrismo: la restauración del orden público, entendido en sentido amplio. Es decir, desde los piquetes hasta el narcotráfico.
La propuesta del macrismo a esta altura ya es clara y tiene cuatro ejes: Normalización macroeconómica y recuperación del crecimiento; Restablecimiento del orden; Combate a la corrupción y Obra pública y modernización vial, energética y del transporte.
El inconveniente surge, por momentos, en la manera en que se combinan los tres primeros postulados y como se articula la política para alcanzarlos. El cuarto punto tiene un consenso social absoluto, luego de la pésima gestión en esa área de Cristina Kirchner.

Cosas del modus operandi

El ruido de fondo es evidente. Si el combate de la corrupción muta en persecución y encarcelamiento de opositores y deja afuera a oficialistas y empresarios estamos en problemas. Si la búsqueda del orden público da pie o parece habilitar intentos de restringir el derecho a la protesta y hasta el trabajo de la prensa, también.
Macri creció y alcanzó el poder gracias a una exitosa polarización con el kirchnerismo, que barrió a propuestas intermedias. Ese éxito explica en buena medida los aspectos más disfuncionales del modelo en curso.
Así como el macrismo apela a trolls voluntaristas y fabricados para intoxicar la discusión en las redes y deslegitimar las críticas, hace un tiempo que empezó a desplegarse un discurso del orden que emparenta cualquier protesta con un intento de sedición. Y de hecho, suelen combinarse ambos dispositivos, que se terminan retroalimentando.
Esta dinámica tóxica alcanzó un pico en la batalla del Congreso, gracias al aporte del kirchnerismo, que en este mecanismo de construcción simbólica, fue el predecesor ideologizado, más político y menos profesional del macrismo.
Es tan ingenuo ignorar la búsqueda de un marco de desestabilización de algunos dirigentes kirchneristas acorralados por la justicia, como peligroso no registrar que un paso de más en la represión puede tirar todo por la borda. Sin olvidar que en estas refriegas el Gobierno casi evaporó todo el efecto triunfo electoral, que hasta ahora no ha logrado capitalizar con la sanción de ninguna de las reformas propuestas.

La lógica perversa

El amplio despliegue de cuatro fuerzas federales que militarizaron el centro de la Ciudad, ofreció el marco perfecto para que ambos polos desplegaran su relato: orden o caos, represión o golpe, ajuste o justicia social. El problema es que esta lógica construye una conversación pública muy distorsionada, que escala al extremo de comparar a Macri con la Dictadura y del otro lado, encuentra a destacados líderes de opinión pidiendo la prisión de opositores por hacer lo que hacen los opositores: oponerse al oficialismo.
Lo que se extravía en el camino es todo aquello que Macri y su gabinete dice admirar: Un país templado, abierto, moderno y democrático, que entiende que es tan importante garantizar el orden público como evitar los desbordes represivos de las fuerzas de seguridad.
Se puede rastrear en los orígenes porteños del macrismo, en la represión por el desalojo del Borda y la fallida UCEP que buscaba recuperar los espacios públicos intrusados, un ADN de apelación a intervenciones fuertes de la policía para zanjar situaciones complejas. Aquellas experiencias no terminaron bien.

Un fracaso implícito

La idea de la imposibilidad de concretar un ajuste sin un mando policial enérgico que se maneje un poco más allá del borde, sugiere cierta pereza o ausencia de músculo político, para conducir el conflicto social que genera un proceso de reestructuración macroeconómica.
El gradualismo los trajo hasta acá. Es sencillo acordar con la oposición cuando se trata de otorgar reparaciones históricas a los jubilados o abrir la ventanilla para que vuelva ser posible endeudarse. Ahora lo que está en juego se parece demasiado al inicio real del gobierno de Macri, el momento en el que se verá con toda claridad su fibra de líder”.

Fuente: LPO, NA, LN.


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