DE 100 POR MES A U$D 2.500.000 AL AÑO, ¿CUÁNTO VALEMOS EN SOCIEDAD?

La moral, aquél penal que siempre termina afuera del arco


Por Lazarillo de Tormes

Mucho se ha hablado, durante los últimos días, de aquella frase que, por el propio infortunio del momento en que fuera pronunciada, probablemente no aparecerá impresa en ninguna remera, a diferencia de la famosa-infame “LTA” que un ex jugador de fútbol esgrimiera hace algunos años.
“B*ludo, cobrás 100 pesos por mes, gil”, sentenció Sampaoli, director técnico de la Selección Nacional de fútbol, momentos después de que fuera parado en un control vehicular, mientras viajaba a bordo de un auto con unas 7 personas en su interior.
La frase recorrió el mundo y, más allá de lo anecdótico y lamentable del episodio, nos recordó, una vez más, aquél “doble estándar” o aquella moral ciclotímica, característica de muchos argentinos.

Nuevos artistas del siglo XXI

Un refrán en latín expresa “Quod licet Iovi, non licet bovi», es decir, “lo que es lícito para Júpiter, no es lícito para todos”; fue enunciada por el prusiano Joseph Karl Benedikt Freiherr, un poeta y novelista que, haciendo honor a la traducción de su apellido (“hombre libre”), es considerado como el poeta más importante del romanticismo.
A propósito de este último, el romanticismo, propio de fines del siglo XVIII y principios del XIX, ponderaba la importancia de los sentimientos por sobre el racionalismo: ¿Podríamos decir, pues, que del hasta ahora director técnico de la Selección ha nacido un nuevo poeta, propio de la época que nos atraviesa como argentinos?

“Si no le gustan mis principios…”

Difícilmente, aunque tampoco estaría errado ligar la actitud y la “prosa” del gerente deportivo al romanticismo oscuro, más propio de autores como Edgar Allan Poe, quien alguna vez dijo algo así como “más cuerdo es, el que acepta su propia locura”.
Así lo hizo Sampaoli, quien a través de un comunicado, cuando la presión de la opinión pública ya pesaba como una mochila llena de piedras –el peso de la moral, cuando es entendida como algo con lo que se debe cargar a cuestas y no como una virtud intrínseca a los hombres–, argumentando que lamentaba lo dicho y que “el enojo, en una discusión en la que yo no tenía razón, me hizo decir palabras que no representan en absoluto ni mis convicciones ni mis creencias”, a lo cual agregó: “El salario no representa las cualidades ni el valor de ningún ser humano. Así como lo que dije no se encuentra en mis valores, pedir disculpas sí”.

Estados alterados

Las disculpas del DT fueron tomadas con algo de escepticismo, en líneas generales, más aún, teniendo en cuenta que en situaciones límite es donde el ser humano, o su alter ego social, el Hombre, suele mostrar de qué madera está hecho, utilizando los recursos más urgentes para evadir una contingencia y, en algunos casos, permitiendo que prime la emoción por sobre la razón; estas últimas, que normalmente operan tomadas de la mano, sólo se diferencian cuando una actúa primero y guía a la segunda.
¿Será el gerente deportivo preso de sus propias palabras? Posiblemente. Durante un tiempo, también es probable que se le reproche el haber tenido un lamentable paso por su pueblo natal, de poco más de 35 mil habitantes, al cual había concurrido por un motivo familiar y el cual abandonó, pocas horas después, envuelto en un escándalo de proporciones épicas, en la época de las redes sociales y los 140 caracteres.

Entre blanco, negro y el gris existencial

Sin embargo, la definición del dirigente deportivo, similar a aquél penal de Gonzalo Higuaín durante Argentina-Chile a mediados de 2015 en términos de acierto, deja a la vista una peligrosa aseveración cultural: somos lo que tenemos, lo que ganamos y lo que parecemos.
Aquella diferenciación propia del clasismo, que desde hace más de cinco décadas ha dividido a los argentinos, o bien les ha hecho creer que se encuentran divididos, sólo podría ser echada por tierra, a través de una reflexión profunda que permita entender algo más sencillo: somos lo que elegimos ser, a pesar de nuestros errores, nuestros aciertos, nuestro dinero y nuestras tantas otras cosas.
La pregunta es si queremos ser, parecer o perecer en el intento de diferenciarnos de quienes nos rodean; ello, entendiendo que, a ciencia cierta, nadie nos rodea y que, a fin de cuentas, ganemos cien pesos o 140 mil dólares al mes, lo que es lícito para Júpiter, terminará siendo lícito para todos.
Ya lo decía un proverbio italiano, a propósito del origen toponímico del apellido del DT: “Una vez terminado el juego, el rey y el peón vuelven a la misma caja”.


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