La esposa de Donnini denunció que “vive amenazada” y sin protección policial

En el marco de la investigación por el crimen de Diana Rojas, ocurrido el 17 de mayo pasado, la esposa del único imputado decidió dar a conocer la situación de amenazas que ella y su familia, así como también su abogado, Gustavo Castro, habrían sufrido durante los últimos meses, las cuales aseguraron que fueron denunciadas en la Fiscalía de Puerto Madryn.
Miriam Reynoso sostuvo que “recibí varios mensajes de texto en los que me decían que me fijara en lo que iba a decir mi marido, porque si no me lo iban a entregar degollado”, y manifestó que hasta el momento ella y su familia carecen de protección.
Además, indicó que “se taparon pruebas” y que hay información que “no aparece”, como por ejemplo los registros de las cámaras de la estación de servicio de avenida Gales y Juan B. Justo, a la cual el imputado dijo haber concurrido el fatídico día, así como también las de la parada de taxis del barrio Ruca Hué, las cuales “situarían a Dante afuera de la escena del crimen”, según aseguró su esposa.
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Miriam Reynoso recibió varias amenazas en su teléfono celular. Denunció las mismas ante la Fiscalía, así como también lo habrían hecho su cuñado y su abogado, el doctor Gustavo Castro.

Los mensajes

“Hace una semana te dije que el puto de tu marido que cierre el orto ahora te lo vamos a cortar todo puta haber si le quedan ganas de hablar cómprate el cajón” (sic) (ver imagen), dice textualmente una de las amenazas que la mujer expuso en una entrevista exclusiva con El Diario, haber recibido en su teléfono celular particular, y que posteriormente denunció en el Ministerio Público Fiscal.

“Degollado”

En dicho contexto, Reynoso relató que “las amenazas comenzaron el 25 de julio, día en el que a Dante le tenían que realizar la pericia psicológica, y supuestamente él iba a tener que contar todo y decirle a la psicóloga todo lo que había sucedido ese día, con lujo de detalles”, y aclaró que “ese día empezaron las amenazas, hacia el abogado (por Gustavo Castro) y hacia mí, a través de mensajes de texto en el que me decían que le dijera a mi marido que se fijara lo que iba a declarar, porque si no él iba a terminar degollado”.
Sobre esta línea, detalló una de las situaciones, también denunciada, en la que “a mi cuñado, más o menos al mes de que lo detuvieron a mi esposo, él salía de su casa, enfrente de la mía, en el barrio Roca, y en la zona del arboleda se estacionó un auto chico, del que bajó una persona que por la fisionomía parecía mayor, le puso una pistola al pecho y le dijo ‘vos y tu hermana, déjense de investigar, porque si no van a terminar como Diana Rojas”. Según su relato esto se dio presuntamente porque “ellos estaban investigando el tema de las cámaras que mostraban dónde había estado Dante ese día; ellos denunciaron esa misma noche lo que ocurrió, en la Comisaría Segunda, donde está la denuncia asentada”, afirma la mujer.

Testigo y amenazado
En cuanto a las amenazas recibidas por el abogado Gustavo Castro, la esposa del imputado por el crimen de la estudiante precisó que “ocurrieron el mismo día, y le pidieron a través de mensajes de texto que le dijera ‘al taxista que no declarara, que se olvidara de lo que había visto, porque si no una de sus mujeres iba a aparecer tirada por ahí’, en referencia a mí y a mis hijas”.
Consultada sobre la pericia psiquiátrica, sobre la cual recientemente se pronunció el fiscal Daniel Báez, asegurando que la misma arrojó que Donnini posee “rasgos psicopáticos”, Reynoso sostuvo que “la pericia está firmada por las dos psicólogas, por la parte querellante y la defensa; en el informe, ellas relatan que lo que Dante dice es verídico, cuando cuenta lo mismo que dijo en su última declaración, él cuenta todo con lujo de detalle, los dos autos que pasaban en el momento en que los interceptan en el taxi, el camión que estaba trabajando en la rotonda de Solanas donde bajaron a Diana, y otros detalles”.

“Hay puntos que no cierran”

Desde el primer momento de la detención de Donnini, la esposa insiste que “no entendíamos nada de lo que pasaba, principalmente yo, que hace treinta años que estoy con él, lo conozco, sé la clase de persona que es, y sería incapaz de hacerle daño a alguien”, expresó la esposa del taxista, agregando que “él es calentón y suele hacerse problema por pequeñas cosas, algo típico de ‘tano calentón’, pero de ahí a hacerle daño a una persona, jamás; a mis hijos jamás les levantó la mano y a mí tampoco, pero quizás eso no entra en discusión, porque acá hay una muerte que hay que investigar”.
En este contexto, “nosotros empezamos a recabar datos desde nuestra parte, nos llegaba mucha información desde afuera de nuestro entorno, e incluso personas que nos dijeron que lo habían visto y cruzado ese día, que habían estado con él y no encontraban sentido a lo que pasó; entonces, fuimos recabando toda la información y nos dimos cuenta de que hay puntos que no cierran”, indicó Reynoso, citando como ejemplo “el tema de las cámaras, donde paradójicamente, justo la semana en la que ocurrió el crimen de Diana, donde él había estado en la estación de servicio YPF, las mismas se descompusieron” y “las cámaras del Ruca Hué, del puesto donde él estuvo, que no están y que supuestamente las tienen que tener en la Fiscalía”.
Sobre esta línea, detalló que “el dueño de la parada de taxis tenía la orden, cuando vinieron a buscar todo, cuando sacaron las cámaras, las planillas de viajes donde están los que él hizo”.
En el marco de los viajes realizados durante aquél 17 de mayo por Dante Donnini, su esposa recordó que “fue a buscar a mi hija al trabajo, lo vieron con la misma ropa toda la mañana, por lo que debería haber tenido algún rasguño o una mancha de sangre”.

Cómo se realizó el allanamiento

Otro de los temas que la mujer cuestiona es: “Cuando entraron, todo el mundo nos preguntaba si estábamos bien y si no nos habían hecho nada, porque se supone que un allanamiento es violento, pero ellos vinieron directamente a buscarlo a él; en un allanamiento, revuelven todo y uno se imagina que su casa va a quedar destruida, pero hubo lugares en los que no buscaron”, relató la esposa del taxista, añadiendo que “por ejemplo, había cajas con cosas, las cuales miraban y decían que ‘acá no hay nada’, además de que hay cajones que ni abrieron y lugares que ni siquiera revisaron”, cosa que le llamó la atención. “Lo primero que hacen en un allanamiento es levantar el colchón y dar vuelta todo, pero acá ni siquiera eso hicieron, y todo eso nos pareció raro”.
Reynoso opinó que “vinieron a hacer un show, como para que pareciera que se habían llevado cosas, pero de lo que vinieron a buscar, no había absolutamente nada, porque dicen que había un toallón con sangre, que habían encontrado un pantalón con sangre, y yo puedo explicar cada una de esas cosas”.
En este punto, la versión del imputado y su esposa coincide, dado que ambos señalaron que las manchas hemáticas pertenecen a un perro.
“Tengo la perra que estaba alzada y justamente en esos días, había unas manchas de sangre sobre la escalera, y con un hisopo las estaban levantando”, precisó, a la vez que, consultada sobre el resultado de dichas pericias, el cual no trascendió de manera oficial, expresó que “eso es porque no encontraron nada”.
Además, “el auto estuvo 15 días secuestrado, porque según dijeron, habían encontrado manchas hemáticas, y si hubieran hallado algo, tendrían que haberlo tenido secuestrado mínimamente seis meses, pero no encontraron nada porque no había nada, y a las dos semanas el auto estaba trabajando”, contó, en referencia al Chevrolet Corsa bajo la insignia de “móvil 127”, que era utilizado por Donnini a diario para trabajar.

Sin diálogo con la Fiscalía

En cuanto al contacto con los fiscales del caso, Jorge Bugueño y Daniel Báez, Reynoso sostuvo que “nunca tuvimos diálogo, incluso el día en que fui a hacer la denuncia de las amenazas, supuestamente me iba a atender Báez pero me mandó a ser atendida por una secretaria” y aseguró que “Dante pidió protección para nosotros, pero no nos la dieron, nos dijeron que ‘un móvil cada tanto va a ir pasando por su casa, y si notan alguna anomalía, llamen a la Policía’”.

“Vinimos a Madryn en 1999 por la inseguridad de Buenos Aires”

La esposa del acusado de asesinar a Diana Rojas mencionó que “nosotros estábamos yendo a una iglesia evangélica, los días sábados cuando él no trabajaba, porque era algo que nos hacía bien y, en ese sentido, Dante es una persona muy creyente” y valoró que “la relación con nuestros hijos es perfecta, siempre estuvo presente para cualquier cosa que necesitaran, y no solamente con sus hijos sino con todos, y esto es algo que pueden afirmarlo hasta sus compañeros, de que él es una persona solidaria”.
También, comentó que “nosotros, que somos de Lomas de Zamora, en Buenos Aires, nos vinimos en septiembre de 1999 a vivir a Puerto Madryn, por la inseguridad que se vivía allá, y él (por Donnini) quería que sus hijos se criaran en un lugar sano”.
Reynoso sostuvo que “quiero decirle a todos que la persona que tienen encerrada no es el asesino”, a la vez que denunció que “siempre se siguió una sola línea de investigación y se taparon pruebas; no las plantaron, sino que las taparon, como por ejemplo en el caso de las cámaras de la estación de servicio YPF y de la parada del Ruca Hué; porque en el último caso, a él se lo ve entre 11:30 y 11:40 horas de ese día, lo cual lo eliminaría de la escena del crimen”.

La versión de Castro

Sobre la versión enunciada por Donnini en su última declaración, que apuntaba a uno de sus abogados (Gustavo Castro) como testigo del caso, la cual fue considerada “insólita” en principio por la Fiscalía y la Querella, la esposa del acusado planteó que “yo sé que es insólita, pero el abogado me dijo que lo iba a explicar él, y sé que parece inexplicable, pero así ocurrió, no sabemos si fue la mano de Dios que estuvo allí, pero la situación tiene sentido, porque un GPS no se puede armar de la forma en que uno quiere, no se puede acomodar la información”.
Finalmente, señaló que “los testigos que encontraron el cuerpo, los dos ciclistas, aportaron su testimonio al abogado Castro y le comentaron que, cuando llegó la Policía, los hicieron irse; supuestamente, si son testigos, deben quedarse en la escena del crimen, como cuando vinieron a hacer el allanamiento a mi casa, pero les dijeron que se fueran”.

 

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