El nuevo paradigma de Mario

1ADos semanas después de su sexta operación, el gobernador Mario Das Neves demostró que no tiene ni anestesia ni límites en su concepción y decisión para ejercer el poder. De hecho renunció a todo su gabinete y empezó a barajar y dar de nuevo, como para que se entienda su necesidad de un equipo que asuma su rol político además de resguardar y apoltronarse en la gestión. Aplicó mano dura con los frentes de reclamos gremiales incipientes, enfrentó los oportunistas embates de la oposición legislativa y le armó una internita al radicalismo, apenas posando en una foto histórica con el ex gobernador Carlos Maestro. Porque los dichos reales que se dieron en ese ámbito personalísimo quedarán resguardados por un tiempo bajo varias llaves. Todos hechos políticos donde dejó claro que el dueño de la pelota es él y está dispuesto a hacerla rodar. Única manera de estar realmente en juego. «La gente nos convalidó y tenemos que seguir sumando. Todos los días hay que luchar, todos los días hay que seguir sumando esfuerzos» fue el mensaje que el líder de Chubut Somos Todos le transmitió a los afiliados y adherentes que se dieron cita este fin de semana en el valle.
En ese marco, Das Neves dejó en claro que si bien «la prioridad es la gestión, a la gestión hay que apuntalarla con política». Además pidió que «no se sorprendan» por las conversaciones que viene manteniendo con dirigentes de otros partidos, como el caso de Maestro, anticipando que la semana que viene se reunirá con otros referentes.
«En la política hay un cambio de paradigma y en eso creo que hemos sacado una distancia importante» dijo y citó como ejemplos de ello a otras convocatorias realizadas en estos meses de gestión a otros sectores como el caso de Jorge Avila, presidiendo Petrominera, ó haber propuesto a Marcelo Guinle como integrante del Superior Tribunal de Justicia.
Quienes simplifican o traducen para la masas tan amplitud, lo vinculan de algún modo a la experiencia que le aporta un tercer mandato y porque no a su estado de salud que le ha aportado tal vez otro modo de significar el poder. Es probable que se trate de ambas cosas, pero también del impecable olfato para rastrear un fin de ciclo de las épocas más intensas de trincheras y embates.
En esto es verdad que su dolencia le aportó ahora una enorme oportunidad para dar la vuelta, atemperando un estilo de mando que culminó con la lírica dramática en su segundo mandato, y dio lugar al contrastante caos en son de balada que representó el buzzismo. Sin embargo la mención de un “nuevo paradigma” no es una visión exclusiva ni excluyente de Das Neves. Sino que por el contrario coincide plenamente con otras teorías del proceso que enfrenta la política argentina.

El fin de la enfermedad “de los otros”

El filósofo surcoreano Byung-Chul Han, formado en Alemania, sostiene que el siglo XXI marcó la crisis de lo que llama «paradigma inmunológico» para regir los vínculos en el mundo globalizado. Esta concepción establecía un cisma entre el adentro y el afuera, lo propio y lo extraño, el amigo y el enemigo. Interpretando lo que no es propio como una amenaza equivalente a un virus del que hay que defenderse. De ese resguardo depende la salud. Por eso, dice el filósofo, el vocabulario inmunológico es de naturaleza militar y tiene su expresión característica en la Guerra Fría. En ese contexto, la defensa deviene en negatividad: la otredad amenazante debe ser reducida o eliminada para asegurar la supervivencia. Expulsar, repeler, defender, eliminar son los infinitivos del paradigma inmunológico. La violencia, física o simbólica, es su sombra.
Por el contrario, afirma Han en un artículo que reproduce Fidanza, el presente se rige por la positividad y el parecido. Su problema no es protegerse de lo extraño, sino establecer la diferencia entre lo idéntico. La producción en serie y el rendimiento son la clave de esta nueva cultura, y el consumo es su sello. Frases como «Yes, we can» o «Impossible is nothing» expresan el carácter de la positividad. Proyectos, iniciativas y motivaciones consensuadas reemplazan a los mandatos vinculantes de la negatividad. No rigen ya la disciplina y el deber, sino el poder de hacer. Esta nueva actitud supone también la abolición de la extrañeza. Por cierto, el filósofo no escribe textos de autoayuda, ejerce la crítica social. Para él, la nueva cultura supone también violencia y alienación. Por debajo del acuerdo para rendir y hacer, corre el debilitamiento de los vínculos y la desesperación. Si la lucha contra lo extraño produce enemigos, locos y criminales, la exigencia del rendimiento genera depresivos y fracasados.
Las enfermedades de la globalización, dirá Han, no son infecciones provocadas por virus, sino verdaderos infartos neuronales, como sucede en la depresión, el trastorno fronterizo o el síndrome de desgaste ocupacional. Con prudencia, acaso se pueda establecer una analogía entre estos conceptos y la política argentina y chubutense. El kirchnerismo puro, y el dasnevismo pasado, podrían ser un ejemplo cabal del paradigma inmunológico. La razón que los determinaba, consistía en establecer fronteras y polarizar. Impulsar una lucha por la hegemonía, que tiene los rasgos de la guerra: en ella no cabía el acuerdo, sino sólo la victoria, porque el otro es un enemigo que amenaza la supervivencia. Sin embargo, es evidente que el paradigma inmunológico está en retroceso, tanto en el peronismo que viene, como en el Chubut Somos Todos que ya llegó y cuya sigla ya mandó un mensaje más allá del márketing. Tal vez el nuevo vínculo, histórico reencuentro entre Cuba y los Estados Unidos sea demostrativo de estas nuevas fronteras de tolerancia. La acción del Papa, que ejerce cierto pupilaje sobre el cambio político argentino podría ser otro síntoma de los nuevos tiempos que corren.
Pero tal vez el cambio con alerta social y el reclamo de liderazgos creíbles y con exigencias de control de la corrupción, sean la mejor muestra de que en verdad un nuevo paradigma político asoma en todos los rincones del país. De hecho, tanto Macri como Scioli, las alternativas recientes, son dos dirigentes postinmunológicos, con todo lo bueno y lo malo que eso implica. Su desafío residió en cómo diferenciarse a los ojos del votante, porque su perfil y su estilo son parecidos. Prefieren el diálogo, a la confrontación; el consenso, a la pelea, se muestran positivos, proactivos, afirmaron que con esfuerzo y buena voluntad sacaría el país adelante. No se les conocen enemigos personales, sino contrincantes ocasionales. Tampoco exhibían ideales vinculantes, apenas recitaban el «we can». Y ambos sabían que no podrán enfrentar los problemas como si fueran enfermedades terminales.
Quizás el cambio de paradigma se deba a nuevos factores. En primer lugar, la ausencia de una crisis profunda. Los presidentes fuertes de la democracia recuperada -Alfonsín, Menem, los Kirchner- fueron inmunológicos porque enfrentaron situaciones amenazantes: una dictadura reciente, una hiperinflación, un colapso socioeconómico y político insondable. Los responsables de esas desgracias constituyeron los gérmenes por erradicar. Ahora no parece haber por lo menos por el momento, tremendas tragedias a la vista, ni enemigos acérrimos que comprometan la supervivencia.
El segundo factor es paradójico: el Gobierno dejó una sociedad peleada en la cima, pero unificada en la base. ¿Es el consenso del pueblo en defensa de sus intereses, como declamaba la razón populista? No, es antes la igualación por el consumo, la transformación del ciudadano en comprador. Es la despolitización sutil y encubierta del populismo. Por lo que se constata, esa sociedad ya no necesita a Cristina, pero sí a su legado: protección social, empleo, cuotas, tenue identidad nacionalista y preocupación por el funcionamiento “corrector” de las instituciones y la ley. Queda para los nuevos líderes el dilema de fijar metas novedosas o mantener, y rentabilizar, esa módica prestación que heredarán. En Chubut es lo mismo y Das Neves lo sabe. Por eso apela a la confianza que le dio la ciudadanía, un voto que le dio claros indicios que lo importante es una función austera, metas realistas, menos confrontación y más desideologización extremista. De ahí el nuevo y variopinto entramado que está tejiendo, entre cuadros de dirigentes que tienen para trasfundir experiencia, y gente nueva que quiere capitalizar místicas pero también aportar pragmatismo. Habrá que ver…

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