La infraestructura urbana soporta precipitaciones menores a los 50 milímetros
Un grupo de investigadores del Centro Nacional Patagónico (Cenpat-Conicet) elaboró un informe basado en el estudio de las consecuencias ocurridas en la ciudad tras las inundaciones del 21 de enero, provocadas por una tormenta de extensa magnitud que azotó gran parte de Puerto Madryn.
“Se decidió realizar un relevamiento de las áreas inundadas y un diagnóstico hidrometeorológico del evento; esta iniciativa surge voluntariamente desde un grupo de trabajadores del Cenpat, quienes frente a este problema deciden poner su experiencia científico-técnica al servicio de la comunidad”, reza el documento en su presentación.
La conferencia de prensa fue brindada por los meteorólogos Andrés Bilmes, Natalia Pessacq, y José Cuitiño, investigador y geólogo del Cenpat e integrante del Instituto Patagónico de Geología y Paleontología (IPGP), al igual que el resto de quienes colaboraron en la investigación, que debe su publicación a los profesionales María del Pilar Álvarez, Laura Brandizi, Sergio Kaminker, Pablo Bouza, César Rostagno, Diego Nuñez de la Rosa y Alejandro Cannizzaro, además de quienes participaron institucionalmente y a los más de 30 colaboradores que se vieron involucrados en el informe.
Los meteorólogos indicaron que, según arrojó el relevamiento, las inundaciones en Puerto Madryn ocurren “cuando se supera el umbral de los 50 milímetros de lluvia”, aunque precisaron que, de acuerdo a las estadísticas de eventos anteriores de similar envergadura, tales inclemencias climáticas suelen ocurrir cada cuatro años.
La planificación, sin duda, fue resaltada como uno de los componentes esenciales para evitar que ciertos sectores de la ciudad se inunden.
“Es esencial comenzar a entender el entorno natural, y a partir de allí, cualquier obra de ingeniería, entendiendo cómo va a escurrir el agua, va a estar mejor planificada”, explicó uno de los científicos involucrados en la publicación, a la cual se pude acceder en http://www.cenpat-conicet.gob.ar/wp-content/uploads/2016/08/Informe-inundaciones-Puerto-Madryn-CENPAT.pdf.
Planificación y crecimiento
Por su parte, Bilmes mencionó que “la idea de este equipo interdisciplinario, conformado por hidrólogos, geólogos, meteorólogos y especialistas en suelo, entre otros, era cómo podía ponerse este estudio en servicio de los madrynenses y de qué manera podíamos aportar nuestro granito de arena”, a la vez que recordó que “cuando vimos lo que fue la inundación del 21 de enero, nos preguntamos, concretamente, qué podíamos hacer y por qué no estudiar este evento puntual, cuánto llovió y cómo se inundó la región, y a partir de eso sacar una conclusión y ver cómo hacer para no seguir generando zonas que se inunden, aportando algunas alternativas que sirvan para la sociedad”.
Sobre los factores que influyen en las inundaciones en distintos puntos de la ciudad ante inclemencias climáticas de gran tenor, el meteorólogo planteó que “lo primero que vimos fue que los problemas, en este tipo de situaciones, suelen ser bastante complejos; no es que hay una única causa, sino que es algo integral, aunque existen algunos controles que podemos denominar ‘de primer orden’ y muchos más importantes que otros”, agregando que “uno de esos puntos tiene que ver con la falta de planificación en relación al crecimiento de la ciudad”.
En cuanto a la planificación en sí misma y si la misma debe su efectividad a la concreción de obras y servicios, Bilmes expresó que “tiene que ver con pensar cómo va creciendo la ciudad y qué dinámica va teniendo, y lo que observamos es que a veces, cuando no se conoce bien lo que es el medio físico, por ejemplo dónde hay un cañadón o una zona que es un bajo y naturalmente se va a inundar, se decide avanzar en la urbanización de dicha zona y, si no se tiene en cuenta esa variable, seguramente la misma se va a afectar (en caso de potentes lluvias), como ocurrió en varios puntos de la ciudad”.
Eventos climatológicos
Consultada sobre la capacidad de la ciudad en términos de estructura para soportar una tormenta de gran magnitud como la que tuvo lugar en el mes de enero, la meteoróloga Natalia Pessacq precisó que “analizamos la serie histórica de inundaciones y determinamos que, en realidad, la ciudad se inunda cada vez que llueve más de 50 milímetros a lo largo del día, y que independiente de cómo llueva o bien la intensidad de la lluvia, la ciudad se inunda”, añadiendo que “podemos decir que un evento extremo en la ciudad podría ser cuando la misma sufre consecuencias graves a partir de que se supere ese umbral de 50 milímetros”.
En referencia a la frecuencia con la que podrían suscitarse eventos climáticos de tal escala, la investigadora sostuvo que “cuando uno realiza curvas teóricas y analiza la cuestión estadísticamente, surge que estas lluvias de más de cincuenta milímetros tienen un período de retorno de cuatro años, es decir que, en promedio, la ciudad podría sufrir este tipo de eventos cada dicho período de tiempo”.
Cómo podrían evitarse
La prevención se basaría “en tener mejores pronósticos y sistemas de alerta, además de mejores estudios de la zona donde estamos”, explicó, agregando como otros factores necesarios para evitar inundaciones “no construir sobre cañadones y tener un estudio integral de riesgo hídrico en la ciudad”.
Pessacq planteó que “lo que vimos en la inundación de enero fue que hubo varios barrios que no lo soportaron y ello fue evidente, se inundaron y eso quedo claro, no solo en ese episodio, sino en inundaciones previas” y contó que “lo que se hizo fue, a través de una encuesta, analizar cada uno de los sitios que sabíamos que estaba afectado, viendo hasta dónde había llegado el agua en cada lugar, lo cual los geólogos pudieron analizar en detalle”.
Conocer el suelo y el recorrido del agua
Por otra parte, el geólogo del IPGP, José Cuitiño, refirió que “una de las conclusiones del informe es que el punto de partida para cualquier tipo de planificación u obra es conocer el medio físico, es decir, el entorno natural en el cual se asienta la ciudad, por ejemplo pendientes, topografía, por dónde correrá el agua naturalmente, el sedimento que acarrea” y anticipó que “nosotros detectamos algo que es muy importante y que afecta mucho a las obras de ingeniería, que es el depósito sedimentario producido por el agua que escurre en la ciudad”.
Sobre este punto, detalló que “es clave comenzar a entender el entorno natural, y a partir de allí, cualquier obra de ingeniería, entendiendo cómo va a escurrir el agua, va a estar mejor planificada”.
Las características del suelo, consecuentemente, se constituyen como “los insumos clave que hay que conocer a la hora de planificar obras a futuro”, comentó el investigador, a la vez que adelantó que “se ha trabajado en conjunto con la Municipalidad, con Servicoop y el Instituto Provincial de la Vivienda (IPV), y el informe es de carácter público, por lo que cualquier ciudadano puede descargarlo”, concluyendo que “la planificación es una cuestión complicada, no diría que hubo falta de ella sino que más bien estuvo planteada en algún momento, pero el problema es que en la práctica, al momento de llevar a cabo algunas obras o loteos, no se tuvieron en cuenta lineamientos que ya se habían planteado anteriormente”.
Antecedentes
Según constató el informe, “el evento de precipitación más intenso registrado en la ciudad es el acontecido en abril de 1998, donde durante 4 días consecutivos, del 21 al 24 de abril, llovieron 16,2 milímetros, 2,9 milímetros, 143,9 milímetros y 67,4 milímetros, respectivamente, totalizando 255,4 milímetros”, a la vez que “incluyendo los primeros seis meses del año 2016, se detectaron 8 eventos de precipitación diaria mayores a 50 milímetros por día (13/10/1985 – 11/12/1991 – 11/05/1992 – 23/04/1998 – 23/04/2013 – 07/04/2014 – 21/01/2016); el relevamiento de noticias periodísticas permitió detectar que todos estos eventos produjeron inundación de viviendas y calles anegadas en Puerto Madryn, es decir que, para esta ciudad, se puede definir un ‘evento extremo de precipitación’ cuando se registran más de 50 milímetros diarios”.
Sin embargo, al igual que lo enunciado por la meteoróloga Pessacq, “el período de retorno o recurrencia (tiempo esperado o tiempo medio entre dos eventos de baja probabilidad, calculado con una función teórica de distribución), de un evento extremo de precipitación diaria (mayor a 50 milímetros por día) es de 3,8 años”.
Qué ocurrió el 21 de enero de este año, según los expertos
En dicha fecha “en horas del medio día, comenzó a desarrollarse un fuerte sistema convectivo en el noreste de la Patagonia y oeste de La Pampa, que se fue desplazando hacia el noreste en el transcurso del día”, relata el informe, añadiendo que “este sistema produjo precipitaciones intensas solo en algunos lugares puntuales como la ciudad de Puerto Madryn; dentro de la ciudad, los eventos evidencian que la magnitud del evento estuvo en el rango 56-57 milímetros por día; las localidades cercanas registraron valores considerablemente menores, mostrando que el epicentro del evento convectivo estuvo localizado en Puerto Madryn, a la vez que eventos de esta magnitud tienen una recurrencia de 9 años”.
Además, precisa que “el Servicio Meteorológico Nacional emitió un alerta 6 horas previas a que comenzara la lluvia en la ciudad para una región amplia que incluye el sur de la provincia de Buenos Aires, noreste de Chubut y centro y este de Río Negro”, agregando que “los servicios de pronóstico numérico fallaron en general en pronosticar adecuadamente la magnitud del evento debido a que el mismo fue muy local”.
Por otro lado, sobre la base de los antecedentes que fueran recopilados en la Municipalidad, Servicoop y Juntas Vecinales, “se reconocieron seis áreas principales afectadas por la tormenta, en donde se focalizó el relevamiento, las cuales incluyen los barrios Perón-San Miguel, Las Bardas-Bahía Nueva, Santa Clara-Villa del Parque, Parque Industrial Liviano-Rucahue-Anonn Car, Parry Madryn-Conquistadores del Desierto y Solana”.
En el marco de la conclusión del informe, uno de los puntos que los investigadores entendieron como indispensables es el de “tener en cuenta aspectos geomorfológicos al planificar la urbanización de la ciudad para no reincidir en los mismos problemas históricos” y “realizar un estudio integral de riesgo hídrico en la ciudad, que permita ajustar umbrales de precipitaciones de riesgo y localización de sitios con problemas de inundación”, además de “generar un sistema de coordinación, monitoreo y alerta temprana con pronósticos de precipitaciones diarias, a los fines de coordinar eventuales tareas de evacuación y ayuda de áreas inundadas”.