El gobierno de Rousseff cierra filas en torno a Lula
San Pablo. El gobierno brasileño intenta convertir un revés judicial en motivo de resurgimiento y movilización. Un día después de que el expresidente Lula da Silva se transformara en blanco de la mayor investigación por corrupción en el país, su sucesora y actual mandataria, Dilma Rousseff, lo visitó en su departamento, ante cientos de seguidores que se congregaron a las puertas del edificio.
En un país cada vez más polarizado, sacudido por crisis económicas y políticas, el fundador del Partido de los Trabajadores (PT) resurge con la insinuación de que será candidato en 2018.
La mandataria llegó poco después del mediodía al edificio de Sao Bernardo do Campo, en el interior de San Pablo, donde vive Lula. Fue recibida con aplausos por una multitud que realiza una vigilia desde el viernes, cuando el expresidente fue llevado a declarar de forma coercitiva ante la policía por sospechas de corrupción en torno al caso Petrobras.
“¡No habrá golpe!”, fue la consigna con que la multitud recibió a la presidenta, quien enfrenta a su vez un proceso con miras a su destitución en la Cámara Baja y pedidos de renuncia por parte de opositores. Para el oficialismo, son “meros intentos golpistas”.
Rousseff, Lula y su esposa, Marisa Leticia, aparecieron en el balcón. El expresidente levantó la mano de su ahijada política y la multitud estalló. “Lula, guerrero del pueblo brasileño”, gritaban, ondeando banderas y camisetas rojas. Antes, Lula había salido del edificio para saludar y mezclarse con los militantes.
La relación entre Rousseff y Lula se había enfriado en los últimos meses debido a presuntas discrepancias sobre la conducción de la economía. Según la prensa, el expresidente se quejaba de no ser escuchado. Pero los gestos de ayer acallaron los rumores de una fractura en el seno del PT.
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La acción policial caldeó ánimos entre simpatizantes y opositores del exmandatario, que se movilizaron el viernes en varias ciudades, cruzando golpes en algunos casos.
La sede del Instituto Lula amaneció pintarrajeada. “Ladrón, basta de corrupción, la hora llegó, corrupto”, fue el mensaje escrito en una de las paredes del edificio de la institución, uno de los locales allanados el viernes por la policía.
Ante este escenario, Lula dejó en el aire la posibilidad de disputar los comicios de 2018. “Se tendrán que enfrentar a mí en las calles y a partir del lunes estoy dispuesto a viajar por todo el país. Si están necesitando de alguien para comandar la tropa, estoy aquí”, afirmó Lula.
Su nombre siempre fue el preferido por los altos cuadros del PT para disputar los comicios de 2018, en los que se elegirá al sucesor de Rousseff, a quien la Constitución le impide presentarse para un tercer mandato consecutivo.
Con movilizaciones convocadas para los próximos días, el PT, partidos aliados y movimientos sociales simpatizantes buscarán enaltecer la figura de Lula y contrarrestar la arremetida de la oposición.
LAVOZ