Un “centinela” europeo estudiará los cambios en nuestro planeta
“El único sitio desde el que tenemos una visión global del planeta es el espacio. No podemos observar los fenómenos localmente porque no ocurren en un lugar en concreto. El agua que se evapora en España, por ejemplo, acaba en forma de lluvia en otro lugar. O el carbono que emitimos en una zona termina siendo absorbido por plantas en otras zonas”, resume José Moreno, profesor de Física de la Tierra en la Universidad de Valencia, respecto de la necesidad de disponer de una red de satélites que utilicen instrumentos similares y que trabajen durante muchos años para entender los cambios que se están produciendo en la Tierra. Ese era el plan de la Agencia Espacial Europea (ESA) y de la Comisión Europea cuando concibieron el programa de observación terrestre Copérnico, que este martes puso en órbita su tercer satélite, el Sentinel 3A.
Tres, dos, uno…
Despegó a las 18.57 desde el cosmódromo ruso de Plesetsk a bordo de un Rockot, un cohete balístico reconvertido para su uso civil. Cada misión Sentinel está formada por un par de satélites idénticos y aunque sus objetivos son distintos, las misiones están relacionadas. La tarea principal de Sentinel 3 será vigilar las masas de agua, tanto los océanos como la cobertura de hielo, y medir los cambios que se registren.
Sentinel 3A, en el que han participado 11 empresas españolas, es el más completo de los tres satélites de Copérnico lanzados hasta ahora. “Va a estudiar los océanos desde diferentes puntos de vista. Sabemos que el nivel del mar está subiendo y este satélite medirá ese crecimiento y cómo está cambiando, así como el oleaje y la velocidad del viento. Otro instrumento estudiará el color del océano midiendo la cantidad de clorofila que hay en el agua, su capacidad para absorber dióxido de carbono y la contaminación. Por otro lado, también medirá la temperatura del agua con mucha precisión para averiguar si el océano se está calentando”, explica Moreno en conversación telefónica.
Detectar los cambios en la Tierra
Sentinel 3A también realizará mediciones en tierra firme, pues lleva varios instrumentos para medir la temperatura terrestre y la dinámica de la vegetación. “Una novedad es que detectará fuegos activos”, añade el investigador de la Universidad de Valencia, un centro que está involucrado en el programa Copérnico desde sus inicios, cuando se conocía como GMES (Vigilancia Mundial del Medio Ambiente y la Seguridad).
Dentro de pocos días el satélite empezará a enviar datos preliminares aunque, según calcula Moreno, tendrán que esperar unos seis meses para disponer de datos útiles. A Sentinel 3A le precedieron Sentinel 1A, lanzado en abril de 2014, y Sentinel 2A, que fue enviado al espacio el pasado mes de junio. Ramón Torres, director del proyecto Sentinel 1, un satélite que observa día y noche y con cualquier meteorología, afirma que en estos casi dos años de funcionamiento de Sentinel 1A han superado los 22.500 usuarios registrados, que “se han bajado más de tres millones de productos”.
Respuesta rápida ante emergencias
“Uno de los objetivos de Sentinel 1 es la respuesta rápida a las emergencias. Y lo hemos utilizado, por ejemplo, para monitorizar los terremotos de Chile en 2014 y de Nepal de 2015, o las inundaciones provocadas por el desbordamiento del Ebro el año pasado. Es el satélite principal que usa el sistema europeo de emergencias. Recoge información y la pone a disposición de Protección Civil y del resto de organismos que intervienen en la gestión de emergencias”, explica.
Los satélites, añade, están diseñados para funcionar durante al menos siete años, aunque van con los recursos necesarios para operar 12 años. El plan es ir sustituyéndolos cuando acaben su vida útil para tener durante las próximas décadas una fuente de datos precisos y de calidad que permita a los científicos evaluar los cambios que tienen en lugar en nuestro planeta y los efectos del calentamiento global.
Fuente: El Mundo