“La Brecha”

Por: Dra.Patricia Chambón de Asencio
www.patriciachambon.com

“Sé el cambio que quieres ver en el Mundo”
– Gandhi –

Vivir en el campo a unos pocos kilómetros de una pequeña ciudad es, por varias razones, una verdadera bendición de la Vida en estos días. Alguien podría pensar que realmente es una desventaja quedarse sin energía eléctrica varias horas después de una tormenta o sentirse aislado por la ausencia de una conexión fluida con internet o porque la señal telefónica es inestable. Y más allá de que estas cuestiones nos son exclusivas de la “vida de campo”, la mayoría de las veces este aislamiento de los convulsionados estímulos del mundo externo es muy oportuno y a la vez saludable para quienes hemos decidido vivir aquí.
Así fue que días atrás, cuando una antigua amiga nos visitó, nuestras realidades diferentes se encontraron y el intercambio entre su mirada capitalina enraizada en la Gran Urbe y la nuestra, fue muy interesante. Nuestra querida amiga entró de lleno en tema diciendo: “¡A mí, esto de la brecha me tiene harta!”. “¿A qué brecha te referís?”, pregunté desde mi poca información televisiva para cerciorarme. “A la brecha político-social que se ha producido en el país”. Y continuó evidentemente conmocionada, “Me ha traído disgustos de todas partes…amigos, vecinos, familiares… ¡¡¡hasta con mi hija ya no puedo hablar!!! Está todo el tiempo reprochándome los aumentos de precios, los despidos,… porque voté al partido que ganó. Cómo si el gobierno anterior hubiese hecho las cosas tan bien… “, y agregó a modo de conclusión, “¡Si hubiesen hecho todo tan bien todos los habrían votado!” Sus palabras fueron cayendo una a una en mi interior. Me quedé reflexionando.
La brecha está presente en nosotros desde hace tiempo, desde épocas inmemorables. Es la brecha que existe entre lo que digo y lo que hago, entre mi mundo interior y el mundo de afuera, entre izquierda y derecha, entre masculino y femenino, entre espíritu y materia, entre mi vecino y yo, etc. Esta brecha hace rato que nos tiene de un lado a otro, como si en alguno de estos lados, excluyendo al otro, se pudiera encontrar la integración. Como si la brecha misma fuera culpa de algo o de alguien.
La brecha está y ha estado siempre. Se hace más evidente y se pone de manifiesto cuando por responder a creencias, supuestos ideales que inducen acciones para “el bien común” sin tener auténticamente en cuenta el parecer del otro, se incurre en un abuso de autoridad. Así, el decir popular nos recuerda: “Haz lo que yo digo pero no lo que yo hago” o “Porque te quiero te aporreo”, o peor aún, “Cuando te castigo me duele más a mí que a vos, pero lo hago por tu bien “. Frases perversas que encubren una triste y pobre verdad.
Quien hace uso abusivo de la autoridad y el poder que en determinada circunstancias la Vida les confiere, es un abusador. Los abusadores no son sinceros. Justamente su fortaleza se cimenta en el miedo y en la amenaza, en aquello que no se puede decir porque si no algo peor podría suceder. Así se aseguran su credibilidad y apariencia de sinceridad.
En todos los partidos políticos, en todas las religiones, en todas las organizaciones humanas existen y han existido personas que hacen un uso abusivo de sus funciones dentro del sistema. Esta desnaturalización de un principio bien intencionado parecería obedecer a ciertos rasgos primitivos que se ponen de manifiesto cuando las condiciones ambientales lo permiten. Cualesquiera sean las circunstancias, ya sea en una familia, un colegio, una orden religiosa, un partido político o en el gobierno de un país, hay factores que al estar presentes propician el abuso. Ellos son las variables que se conjugan para que “algo” se manifieste o no, como cuando ante el mismo virus algunos enfermen y otros no. ¿Qué hace la diferencia? ¿Cuál es ese terreno “predisponente”? La confusión en la información referente a un hecho. La tergiversación de la información propicia que la víctima crea que algo a lo que se somete es por su propio bien o para el bien de otros. Habitualmente quienes han sido víctimas de abuso no lo sabían, no eran conscientes hasta que se les develó la información genuina.
La delegación total del poder en la figura de autoridad sustentada por la creencia de que el poder está en el otro y se delega en figuras relacionadas con el conocimiento, la experiencia, la fuerza o cualquier rasgo que represente “la autoridad”. Este comportamiento es habitual de constatar y se acompaña de creencias que son verbalizadas en frases tales como: “El nos metió en esta situación, él sabe cómo sacarnos”. Así la persona delega toda responsabilidad en esa “figura” que representa la autoridad y tiene el poder de decisión absoluto en ese momento, solamente porque la persona así lo cree.
Las condiciones ambientales que propician el comportamiento abusivo están relacionadas directamente con la ausencia o incompetencia de otras figuras de autoridad, tales como pares u otros veedores que pueden tener injerencia en el caso.
Lo más destacable de todo el cuadro es el estado de confusión de la víctima, quien está convencida de no tener ningún poder suficiente como para cambiar la situación como no sea el mandato de quien representa la autoridad.
En estos días paseo mi mirada por nuestro Planeta viendo las distintas culturas, los diferentes países y sus problemáticas…y siento cómo se hace cada vez más notoria la brecha. La brecha que existe entre nuestros ideales y el comportamiento abusivo con nuestros semejantes, con otras especies y con el entorno natural que nos alberga.
Toda conducta abusiva está siendo permitida y sostenida por el miedo.
Sólo cuando cada uno de nosotros enfrente sus propios miedos dejaremos de justificar, defender y sostener con nuestro beneplácito a quienes se esconden detrás de palabras nobles para perpetuar con acciones abusivas como forma de lograr un equilibrio.
La brecha se cierra, desaparece, cuando afuera y adentro se funden en uno. Cuando mi vecino y yo somos uno. Cuando lo que digo y hago es lo mismo.

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