Confesiones al margen

Por Ignacio Zuleta

macri-con-el-papa-2164452w620Conociendo a los personajes, lo último que querrían Jorge Bergoglio y Mauricio Macri era pasar un rato a solas. Y menos que todas las miradas los perforasen escrutando cuánto tiempo se dedicaron, qué regalos cruzaron, quiénes los acompañaron. Mostrarse juntos no es lo más entretenido, para ninguno de los dos, para pasarse un sábado a la mañana. Ese mismo día cuando se entrevistaron, el Papa le dedicó mucho más tiempo que los 22 minutos a Macri, a participar de los funerales de una recepcionista de la residencia de Santa Marta que había fallecido durante su viaje a México. Francisco se trasladó hacia la iglesia de San Esteban de los Abisinios con un ramo de 12 rosas blancas que puso junto al féretro de la joven eritrea Miriam Woldu, que murió en circunstancias extrañas; estaba embarazada y su novio es uno de los guardias suizos que lo acompañó a México. Un peceto papal, diríase por acá. Sólo rezando a solas junto al cajón, el Papa pasó casi media hora, además de cruzar saludos y rosariazos. Esta visita mereció una mínima atención de los mirones vaticanos, a diferencia del encuentro con Macri, que fue bombardeado por especulaciones sobre la extensión del encuentro, la frialdad, si Juliana entraba o no, que si Antonia no Antonia. Se quejó el gobierno, a través de una crónica que ensayó el jefe de gabinete Marcos Peña en su sitio de FB, del efecto que tuvo el encuentro apenas finalizo: «Al salir empezamos a ver interpretaciones sobre si había durado mucho o poco, si había sonreído más o menos, y ahí uno empieza a pensar lo difícil que somos a veces como país (…) ¿Qué nos pasa a los argentinos que tenemos que atacar a aquellos que logran cosas increíbles? (…) El Papa no es un dirigente político argentino. Tenemos que entender eso. No es ni kirchnerista ni de Cambiemos. No es más amigo de uno o de otro. Es el Papa. Su misión excede ampliamente las divisiones de la política argentina. (…)» dijo en síntesis el funcionario, quien dijo que ha comenzado «una relación más institucional, menos politizada y de menos manoseo».

Demasiadas expectativas

Los analistas en realidad piensan que si había que explicar tanto, mejor no haber ido. Exageró seguramente el gobierno al exaltar la importancia de un encuentro que le reclamaban los opinadores ociosos que dedicaron dos meses a preguntarse por qué no se visitaban el Papa y Macri. El gobierno se dejó arrastrar por esas naderías y terminó improvisando un encuentro que no se preparó: una reunión entre dos jefes de estado no puede elaborarse cuando uno de ellos ha asumido hace dos meses, cambió al embajador, al canciller y al secretario de Culto. Una cita como esa se elabora durante varios meses, es estudian los temas de interés común y se preparan las fórmulas que expresan los acuerdos. Si eso no se prepara, no da para más de 22 minutos y la fotografía social.
La pregunta es ¿A quién buscó halagar este viaje, si Cambiemos no es una formación con un ala confesional gravitante? El peronismo se alimenta de dirigentes que no ocultan su feligresía y a quienes los abrazos de Francisco con Cristina de Kirchner les producen ataques de fruición. En el elenco de Cambiemos flota un aire de laicismo solteril, y sorprendería que alguna vez apareciera alguno de los ministros o punteros de la primera línea del gobierno en una celebración religiosa. La nota de Peña es en realidad una respuesta del propio Macri, que es un político más bien parco e inexpresivo.
Así como Francisco habla por «Tucho» Fernández, el teólogo rector de la UCA que justificó el regalo del rosario a Milagro Sala, Macri habla por Peña, con quien da muestras de confianza que sorprende a los `insider´ de la Casa de Gobierno; su despacho funciona como una sucursal del de Macri y uno entra en el del otro sin golpear la puerta vidriada.
La queja que sonó es una queja de Macri, que rebotará en los funcionarios responsables de haberlo convencido de precipitar este encuentro, en el cual se apartó de un código vaticano que parecía irrompible con eso de aprovechar un viaje al Vaticano para, de paso, darse un garbeo junto al presidente y el primer ministro en Italia. Lo que más irrita a los vaticanistas es que digan que el Vaticano está en Italia; quien viaje a ver al Papa, han reclamado siempre, que se abstenga de aprovechar el viaje para ver a los italianos.

Cuidado con la que viene

Esta visita vaticana sirve para ejercicio para los organizadores de la otra visita, que es seguramente más importante, la de Barak Obama, que distrae desde la semana pasada a los funcionarios que están conversando en Washington y en Buenos Aires sobre la agenda de esos dos días, 23 y 24 de marzo.
La coincidencia con el feriado por el golpe de Videla y la semana Santa embrolla todo y el mundo se divide entre quienes creen que el hombre de color viene en esos días porque quiere armar lío, y quienes dicen que no tiene ni idea de quién era Videla y que debe conmoverse cuando le cuentan que en la Argentina hay quienes esperan que se disculpe por un golpe de estado que ocurrió cuando él tenía 15 años.

Inventariando

Dicen que en realidad este viaje está enlazado con el gran producto que el gobierno le va a ofrecer al público este año, el arreglo con los acreedores irredentos que litigan en el juzgado de Manhattan. Todo lo que hace y deja de hacer el gobierno con la oposición está dirigido a lograr que el Congreso derogue las cláusulas cerrojo que impiden se reabra una negociación. La habían pedido unos acreedores para convencer a sus mandantes de que debían aceptar las condiciones del país para el primer cierre; la piden ahora los nuevos acreedores. El peronismo siempre estuvo de acuerdo, bajo el reinado Kirchner, en levantar el cerrojo si Olivos lo necesitaba. Ahora gobierna otro y el precio es también otro. Todo depende de cómo siga tratando el oficialismo al peronismo. Y eso requiere testimonios: uno lo dará Macri hoy en el Congreso en el discurso de apertura del año legislativo. (…)* Un espacio de signos y señales en la largada grande de la gobernabilidad nacional con la puesta en marcha del engranaje legislativo, donde después de muchos años acompañará a empujar el gobernador Mario Das Neves. Un gesto que tiene viaje de vuelta. Habrá que ver…

Fuente: *Zuleta sin Techo

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