Adalberto Ramiro Echenique y el poder de las ideas
Por Javier Arias
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“Adalberto Ramiro Echenique no es un economista más, ni siquiera es un estadista más, y si uno ahonda en su prolífica producción, se animaría a decir que no es un hombre más. Adalberto Ramiro Echenique es un avanzado a su tiempo, un adalid de las teorías más osadas e innovadoras de la economía mundial”. Así es como lo presenta su madre, doña Astolfa Achueta de Echenique cada vez que visitamos su casa. Y no es sólo en la primera visita, en la segunda, en la tercera, y hasta en ésta, la cuarta oportunidad que tenemos de cruzar apuradamente el comedor donde Doña Astolfa hace sus quehaceres domésticos, buscando el reparo del escritorio de Adalberto, la buena señora nos ataja y nos recibe con el consabido: “No es un economista más, no es…” y así toda la cantinela.
Hace más de dos meses que llevamos investigando la vida y la obra de Echenique, no sólo nos hemos entrevistado con el economista en su propia casa, donde, como habrán advertido, vive con su señora madre, sino que hemos visitado sus oficinas en el centro, revisado bibliotecas y hemerotecas y analizado libros y actas de congresos, en otras palabras, hemos trabajado muy bien como biógrafos, pero está mal que nosotros lo digamos.
Como resultado de tamaña investigación podemos afirmar que Doña Astolfa tiene razón, Adalberto es un adelantado a nuestros días. Sus teorías macroeconómicas tienen un cariz casi revolucionario y tendrán repercusiones a lo largo de todos los países del mundo. Su famosa hipótesis que brega por la anulación completa de la propiedad marcará los días por venir. Hay algunos que confunden este planteo con la doctrina comunista de Marx y Engels, pero es conveniente sacar a estos críticos de su error, lo que pretende Adalberto Ramiro Echenique va mucho más allá de una modificación en el sistema cambiario de trabajo-plusvalía, lo que pretende Adalberto Ramiro Echenique es una revolución total y completa del mundo tal como lo conocemos. Según sus ideas el hombre no debe poseer nada, absolutamente nada, la mujer tampoco, antes que salten ciertos pensadores misóginos que ven en este tipo de declaraciones un velado permiso feminista a la dominación sexual.
El ser humano, según Echenique, no tiene derecho a nada, nace pobre y desnudo y debe vivir pobre y desnudo, salvo que llueva, circunstancia que avalaría, aunque sea, una tricota. Y como nace sin propiedades, no hay forma de adquirirlas sin avasallar los derechos de otros; o sea, cuando nacemos todo es de otra persona, desde el pañal que nos ponen, que era del supermercado, hasta la teta en nuestra boca, que es de nuestra madre, todo es ajeno, nada nos pertenece. Entonces, ¿cómo llegamos a poseer cosas, elementos, cucharas, paraguas y hasta salvavidas con cabezas de patito? Simple, quitándoselo a sus respectivos dueños, en forma legal o ilegal, pero siempre negándole la propiedad a un tercero para el provecho propio. En base a esta tan básica regla, Echenique formula que es justamente esa manía del homo sapiens de quitarle a otro su propia propiedad la culpable de todos los males del mundo, desde la violencia en los robos a mano armada hasta las canciones de Miranda. Y por ello postula la revolucionaria frase: “Nadie es dueño de nada, bailemos en paz”. Aclarando que la segunda parte de la frase está oportunamente censurada a fines de poder publicar esta biografía en nuestro medio, diciendo que no es justamente paz la palabra que utiliza Echenique, sino otra que también comienza con “P” y que remite a un expreso nudismo.
Sus años de trabajo pionero, ante presidentes, diputados, empresarios, maestros mayores de obra y secretarios administrativos en nombre de la ausencia total de los derechos de propiedad le han traído elogios a escala global y una que otra carta documento. Pero nunca ha pasado desapercibido.
En 1996, la revista Time eligió a Echenique como uno de los mas destacados innovadores latinoamericanos del siglo. La revista Forbes, tan dada a los rankings, lo destacó como uno de 15 innovadores en economía mundial. El suplemento dominical del New York Times escribió, “no se entiende como las ideas de Echenique no hayan madurado antes en cualquier otro ámbito académico, es una suerte que nos toque a nosotros poder refutarlas”.
De a poco Adalberto fue cobrando fama en todo el planeta, fue invitado a congresos y a debates a lo largo de todo el globo. Ha sido invitado a disertar en puntos tan disímiles como Austin, Texas, Montecarlo, Nueva Delhi y Necochea. Pasaron años de aviones, limusinas y hoteles. Y si bien Adalberto Ramiro siempre renegó de las propiedades materiales sus auspiciantes, a quien él llama “mecenas del siglo veintiuno”, no se han sentido melindrosos a la hora de realizar los depósitos bancarios. De esta forma, Echenique ha amasado una fortuna considerable, equivalente a la deuda externa de un país pequeño.
¿Cómo condice esta actualidad acaudalada del innovador pensador con sus ideas económicas?
Hace más de dos meses que estamos tratando de hallar la respuesta, pero no cejaremos en nuestro esfuerzo.