Tjen Sevonsen, de piloto a escritor

Por Javier Arias
Son pocos los historiadores que aceptaron el desafío de enfrentarse a la titánica tarea de compendiar, en una obra, la vida del piloto danés Tjen Sevonsen. Tan pocos son, que podrían contarse con los dedos de una mano, de una mano mordida por un león hambriento. El caso es que traer en esta oportunidad los pocos datos sobre el desconocido piloto danés Sevonsen es una misión casi imposible.
Los primeros testimonios que nos acercan al Tjen se remontan a mediados del siglo pasado, aproximadamente al año 1962, momento que queda registrado su ingreso a América, en el puerto de Cobenas, en Colombia. En la vieja acta portuaria queda consignado que un tal Tejen y Cocen (luego de exhaustivas comparaciones podemos afirmar que se trata del propio Tjen, visto con los ojos de un vista de aduana adormilado), de profesión piloto de avión, rubio, de tez blanca, sano y con una maleta, que ingresó a Colombia con fines indeterminados. Dejando de lado el desconcierto que puede generar tamaña desidia en el control fronterizo, que uno entra con fines indeterminados así, sin más, se puede dejar avalado así el comienzo de la historia americana de Sevonsen.
Al poco tiempo, comienza a trabajar de piloto para una pequeña línea aérea que unía las ciudades de Sincelejo con Medellín. Tjen hizo ese recorrido millones de veces hasta que tuvo un pequeño inconveniente con el tren de aterrizaje y estrelló su bimotor contra la torre de control del menudo aeropuerto de Sincelejo. Afortunadamente y dada la pericia de su timón, no se debieron lamentar víctimas, salvo la mascota del aeródromo, el canario Susurro, que nadie recordó de rescatar a la hora de escapar de la torre cuando se venía el avión de Tjen encima.
El accidente, si bien leve, deja algunas consecuencias, la torre de control pasó a ser la oficina de control y Sevonsen terminó desempleado, ciego y mudo. Desempleado dado que la aerolínea presentó quiebra, porque era el único avión que disponía, ciego y mudo por efectos del impacto.
Pero Tjen era un hombre que no se detenía ante ningún obstáculo, fue así que pese a su ceguera y mudez logró engañar al sistema aerocomercial colombiano y siguió piloteando vuelos de cabotaje. Engañó al sistema, no así a la naturaleza misma; en el primer despegue volvió a estrellar su avión al no ver que se terminaba la pista.
Por esa época le informan que una sobrina que creía perdida en los barrios pobres de Tokio había sido vista en un alejado pueblo del Amazonas. Tjen se enfrenta a la encrucijada de su vida, abandonar su carrera, su casa y sus amigos, en pos de buscar a la pequeña Ástrid, rescatándola de las garras de la mafia brasilera de prostitución o seguir como si no hubiera escuchado nada. Tjen, lamentablemente para sus ya pocos historiadores, se decide por la segunda opción, enterándose años más tarde que Ástrid se había convertido en la reina del Carnaval Carioca de 1976.
Tal vez tratando de enterrar el peso de tan tremenda decisión o tal vez en busca de un futuro más promisorio, Sevonsen decide alejarse de la actividad aerocomercial, hecho que no pasó inadvertido por el Ente Regulatorio Aéreo Colombiano, quien le brinda un homenaje en el Centro de Ex Combatientes de Bucaramanga, momento que aprovechan para entregarle una medalla, una lapicera y un acta donde jura no volver a pilotear nada que ascienda más de medio metro del suelo.
En 1974 la vida lo encuentra a Tjen nuevamente sin trabajo ni futuro, como cuando llegó de Dinamarca, con una mano adelante y otra en la espalda.
Es así que, hambriento y mojado, comienza a escribir sonetos para venderlos en las esquinas del barrio Montecarlo de Bogotá. Con el tiempo fue perfeccionando sus escritos, llegando a tener cierta notoriedad entre los paseantes habituales de la calle 6 del populoso barrio. Tal es así que recibe periódicamente la visita de gendarmes portando contundentes macanas, que una y otra vez lo instan amablemente a dejar en paz a dichos paseantes.
Muchos han sido los que han buceado en busca de alguno de esos escritos, pero nadie aún ha podido dar con alguno de ellos. En parte porque no se han esforzado mucho y en parte porque Tjen Sevonsen nunca publicó ninguno de sus manuscritos. También existe otro obstáculo insalvable a la hora de tratar de recuperar la obra del ignoto danés. En nuestra investigación hemos tropezado, casi involuntariamente, con infinidad de textos que hemos confundido con sevonsenes originales, pero luego de un pormenorizado estudio cada uno de los hallazgos no han podido superar la prueba de la veracidad. Siempre, pero siempre, era de otro autor. Este hecho tan repetitivo nos ha marcado otra veta de investigación, la hipótesis del constante plagio de Sevonsen, llevándonos a afirmar que será completamente imposible conseguir un texto original de Tjen Sevonsen, porque de hecho nunca existieron, lo que hacía el ex piloto era copiar sonetos de Neruda, sonetos de Quevedo y hasta sonetos de Baltazar de Alcazar y les estampaba la firma propia.
Llegando al final de nuestros estudios, podemos afirmar que no solamente se ignora el pueblo de Dinamarca en que nació Sevonsen, sino que se desconoce también el de su fallecimiento. Dejamos entonces, frustrados en nuestro trabajo, un llamado a la solidaridad científica de todo aquel que sepa algo de Tjen Sevonsen, no dude en comunicarse con nosotros, sabremos recompensarlo.

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