“Otraeva”, un paseo por el infierno y la memoria

PAG 14 - CRÍTICA OTRAEVA - 2El unipersonal protagonizado por Nathalia Brunetti culminó sus funciones y se despidió del Teatro del Muelle, el pasado miércoles 27 de enero. Cruda y criptográfica, la obra escrita por Isidro Elías Mecio se constituyó como un perturbador viaje por los demonios personales de su protagonista, una mujer encerrada en una institución mental, quien a través del discurso de Eva Perón logra construir un canal que le permite revivir los traumáticos episodios de su pasado, buscando comprender su presente.

La prisión mental

Una de las características más particulares de “Otraeva” es el incómodo contexto generado con el espectador, a partir de una puesta en escena intimista y una visceral apertura que bien podría evocar pasajes de las obras cinematográficas de Luis Buñuel, Carlos Saura o el mismo David Lynch. Dicha incomodidad no es precisamente algo negativo, sino que por el contrario, sienta las bases del vínculo que se construirá entre el espectador y el personaje, que de algún modo comparten el mismo escenario.

La dirección de Elbio Mellado y el trabajo de luces son acaso uno de los aspectos más logrados de la obra, cuya brevedad no le resta peso a las temáticas tratadas. Por su parte, “Otraeva” no podría ser comparada con el común denominador de las obras de teatro, dado que su despliegue visual y metamensaje suponen una experiencia para un público impactado por la voracidad de lo presenciado. Si bien una de las pautas de la obra es rendir homenaje a la figura de Eva Perón, resulta interesante el paralelismo trazado entre los hechos históricos vividos por el personaje político y los efectos provocados por el traumático pasado de la protagonista, similares en cierto modo.

Descenso al abismo

El punto más destacable de “Otraeva” es, precisamente, la interpretación de Nathalia Brunetti, quien logra perturbar y sensibilizar por partes iguales al espectador. A partir de un imponente trabajo actoral y físico, las distintas etapas del abismo de locura en que la protagonista se ve sumergida dan cuenta de una obra que fue ensayada durante más de un año y en la que cada movimiento, mirada y palabra han sido escogidas minuciosamente. Sumado a ello, la poética del relato conjugada a la dinámica emocional son, una vez finalizada la obra, postales de una historia tan desgarradora como conmovedora, señal de que el teatro no siempre es presencia, sino también experiencia.

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