BIOGRAFÍAS IMPOSIBLES DE PERSONAS QUE DEBERÍAN HABER EXISTIDO

Juanita Ayala de Guijón o la “Shihan de Budokan”


Por Javier Arias
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El 31 de mayo de 1906 el entonces Rey de España Alfonso XIII contrajo primeras nupcias con la princesa británica Victoria Eugenia de Battenberg. Como todo casamiento real, los festejos fueron fastuosos y acudieron a Madrid representantes de la nobleza de todo el mundo, entre ellos se hizo presente el Shihan de Budokan, Amitabh Shahrukh Roshan.
El Shihan, reconocido estudioso de las conductas y culturas humanas, decidió prolongar su estadía en las tierras hispanas y conocer más en profundidad la idiosincracia peninsular. Fue así que una noche decidió acudir al café-teatro de variedades Central-Kursaal, ya que, como bien sabía decir, la cultura se representa tanto en las vasijas como en las tertulias. No habían pasado unos minutos que Amitabh Shahrukh Roshan ya había quedado prendado de una hermosa bailarina de 16 años llamada Juanita. Y olvidando sus estudios sociológicos, su cohorte de serviciales acompañantes y hasta su esposa en la India, Amitabh comenzó una incansable campaña para que la joven se casara con él. Todavía quedan algunos cronistas, de lengua biperina, que siguen afirmando que lo del Shihan no pasaba por un deseo de nupcias sino por más bajos instintos. De todas formas pasaron semanas y Juanita se mantuvo firme en un rechazo vehemente.
Unax Ballesta, Gabino Cámara y todo un grupo de tertulianos que se reunían periódicamente en ese café-teatro vieron con divertidos ojos los afanes diarios del Shihan de Budokan por conquistar a la esquiva bailarina, por lo que entendiendo que la situación podía llegar a ser provechosa sean cuales fueran sus resultados, decidieron oficiar de celestinos. Pero la mala fortuna hizo que el funcionario hindú tuviera que viajar en misión diplomática a Montevideo, por lo que el entusiasta grupo, sin desmoralizarse, le escribió una extensa carta detallándole las condiciones por las que Juanita accedería a casarse con él.
Al recibir la carta, Roshan volvió a olvidar a sus allegados, a su esposa y hasta los mismísimos designios diplomáticos de su patria, buscó el primer buque de regreso a Europa y en una situación que aún hoy los historiadores no son capaces de precisar, logró convencer al padre de la atribulada bailarina y fijar fecha de matrimonio.
Así fue que la broma pergeñada por siete borrachines llamados a celestinos desembocó en la boda de Juanita Ayala de Guijón y el Shihan de Budokan, Amitabh Shahrukh Roshan, el 28 de mayo de 1909. En un principo renuente, Juanita hizo mil y un berrinches, llegando a atacar la increible cantidad de setenta y seis trajes de novia con uñas y dientes, pero finalmente y ante la fatalidad de la promesa paterna, decidió que lo mejor sería seguir adelante y con cierto espíritu vanidoso aceptó ser transportada hasta la catedral de Madrid en lomo de elefante, adornado con brocatos y diademas en un desfile que los madrileños recordaron por años.
Y así Juanita, tal vez por dicho desfile, tal vez por los honores recibidos o tal vez por la noche de bodas, aceptó finalmente y de buen talante su nueva condición y se convirtieron en una pareja de moda, sus viajes a Europa, Estados Unidos y Sudamérica fueron seguidos por toda la prensa del corazón y los diarios sociales, donde iban, una nube de paparazzi los rodeaba.
Pero la dicha nunca es eterna reza la sabiduría popular, y fue así,que pasada la Primera Guerra Mundial el matrimonio sufrió una profunda crisis de la cual el amor de Juanita no pudo sobrevivir. Una noche en Bangladesh, con la vieja excusa de sus estudios etmológicos, el Shihan asistió a un antro perdido del barrio de Kalyanpur. Su cohorte de serviciales acompañantes, al ver el estado de su amo se adelantaron a los acontecimientos y tranquilamente fueron a armar las valijas al hotel. A la mañana siguiente Juanita partió, también olvidada, de vuelta a la casa de verano de Paris, las adolescentes fintas danzantes de Rasheda Begum habían hecho perder nuevamente la seriedad diplomática al Shihan.
Juanita comenzó a asistir a bailes y fiestas, llevando cada vez más una vida disipada y, según ciertos semanarios de la época, un tanto díscola. El Shihan de Budokan, todavía enredado con las piernas de Rasheda, hizo la vista gorda y le depositaba religiosamente todas las semanas una abultada suma en una cuenta de un banco suizo.
Los años fueron carcomiendo la relación por demás endeble de Amitabh con Rasheda y cuando esta se agotó de andar bailándole todas las tardes en cuanta terraza encontrara el Shihan, lo abandonó en cierta isla del Egeo de la mano de un pescador griego. Amitabh, un poco contrariado y abatido regresó a la casa de París, pero al entrar en la sala principal se encontró a Juanita en brazos de su secretario privado Rabeya Akhter, que se dedicaba a sacarle fotos y le decía a voz en cuello: “Sé mi Shiva, sé mi Shiva”.
Este hecho causó la definitiva separación de la pareja, otrora tapa de revistas y ya devenida en un mal ejemplo que se comentaba en los salones de alcurnia como representantes de lo que la nobleza no debía transitar.
Tras la guerra civil española Juanita finalmente regresó a vivir a Madrid donde reclamó su viejo trabajo en el Central-Kursaal, pero sólo logró que la aceptaran como cajera, siempre y cuando no saliera de detrás de la barra. Vivió sus últimos días sirviendo tapas en un local de la calle Libertad en la zona de Bilbao. En 1974 Juanita Ayala de Guijón falleció de un cancer fulminante de pulmón, atribuido por todos sus cronistas a las noches agitadas de las fiestas nobiliarias.


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