LAS MUDANZAS DEL PODER CADA VEZ MÁS EMBARTULADAS Y DIFÍCILES. COMO BLINDAR LOS EGOS ENFRASCADOS SIN QUE SE TRICEN CADA CUATRO AÑOS. DEL SIMBOLISMO DE LOS ATRIBUTOS INSUFLADOS DE PODER, A LA PULSEADA DE AUTORIDAD PROTOCOLAR

El poder embalado


p3El término sirve tanto para referir a los empaquetados de quienes cierran un ciclo y desalojan su ego, como para denotar la acelerada que traen aquellos que ya han probado las mieles de un recinto palaciego que huele a salvia y fresco y ensoña de histrionismo.
Así suelen ser las mudanzas de mando de quienes ocupan por un tiempo los amplios espacios de la residencia gubernamental de Fontana 49.
El fin de semana largo mostró esta postal. Un camión de mudanzas que disparó cientos de especulaciones en red sobre las cajas de ilusiones, experiencias y también decepciones que embalaron cuidadosamente Martín y Carolina. ¿Que cosas atesorarán además del cobijo privilegiado que otorga el poder político?
¿Será un traslado de objetos sereno o habrá vestigios de estampado de vajilla como hace unos años, cuando solo se barajó la posibilidad que Guinle fuera el sucesor en lugar de Buzzi? ¿Sobrevivirá el empapelado, los arbolitos pequeños y las flores que destellan por la mañana? Quien lo sabe…
Trasladarse de un sitial donde se alojó un yo cotidiano es un tránsito en general complejo. No siempre traumático pero casi siempre despojante. Es como quitarse el traje. Alivia, pero también desnuda. Del mismo modo lo es ponérselo, viste, pero también encansilla y acartona.
Mañana, definitivamente la Residencia Oficial del Gobernador de Chubut cambiará de habitantes, de hábitos, de sonidos, de aromas y energías.
Por algunas horas, solo por algunas, las paredes infranqueables por paredones y custodios que adosa el 49 al 50 la ´peatonal-pasillo´, apretarán el vacío de la transición.
Por más que uno trate de imaginarse no se sabe exactamente como será el gesto de traspaso de atributos que tendrá lugar en Chubut. ¿Con que pulso deslizará y devolverá Buzzi la banda sobre los tensos hombros de Das Neves? ¿Con qué efusividad blanderá el bastón como mágica varita o como mazo recuperado?
Es un instante nomás, pero uno que denota la calidad institucional en la que podeos pararnos o no.
No es un tema menor. Hace más de diez días que este debate se da en derredor de la ceremonia nacional, donde la institucional se simplificó al tire y aloje de egos y caprichos sobre el lugar en que Cristina le traspasará o no los atributos a Mauricio Macri. Según la Presidenta saliente la casa donde habita el Poder Legislativo sería lo ideal. Tal vez porque permite alojar barras contenedoras de la soledad que produce la retirada del poder. Para el Presidente entrante el rito de asunción debería ser en la mismísima casada donde pervive el Poder Ejecutivo, la emblemática Rosada.

Qué dice la historia

De los 54 hombres y mujeres que ocuparon el Sillón de Rivadavia, fue Sarmiento (1868-1874) el primer presidente que asumió en una ceremonia parecida a la que se acostumbra hoy. El 12 de octubre de 1868 recibió el bastón de mando y la banda celeste y blanca como símbolos del Poder Ejecutivo pero a la jornada le faltó elegancia. Cientos de ciudadanos entusiastas entraron por la fuerza a la Casa de Gobierno (que aún no tenía la forma actual) y coparon balcones, patios, salones, rompieron ventanas y treparon a todo tipo de muebles para presenciar el traspaso. “Jamás se ha presentado espectáculo más innoble y vergonzoso”, se lamentó Sarmiento.
¿Por qué un bastón y una banda? El bastón es una analogía del cetro de los monarcas europeos y las varas de mando que los virreyes y alcaldes coloniales utilizaron simbólicamente hasta la primera década del siglo XIX en nuestro territorio. Varios museos, como el del Bicentenario, conservan algunos de esos bastones, algunos de ellos verdaderas obras maestras de la orfebrería. La banda presidencial, mientras tanto, está inspirada en la banda de la Orden de Carlos III que lucen los reyes españoles desde 1771, con los colores de la Bandera argentina y un sol dorado en el centro.
Desde Sarmiento, cada nuevo presidente argentino, al asumir su cargo, recibe de su predecesor estas prendas, que no son transmitidas -ya que la presidencia no es un poder hereditario-, sino obsequiadas al nuevo mandatario como símbolo de su poder. En el caso del presidente Illia, que asumió en 1963, recibió el bastón que habían usado el juez Roque Julián Sáenz Peña (en 1870, en calidad de miembro de la Corte Suprema), su hijo el presidente Luis Sáenz peña (en 1892), y su nieto el también presidente Roque Sáenz Peña (en 1910).
La segunda mitad del siglo XX fue políticamente agitada para la República, pero la ceremonia de transmisión de mando se mantuvo casi intacta, incluso cuando un dictador como Reynaldo Bignone tuvo que entregar el poder a un presidente electo constitucionalmente, como lo fue Raúl Alfonsín, en 1983. Para entonces, la Casa Rosada disponía de un gran aparato de funcionarios de ceremonial y protocolo que velaban por seguir las buenas tradiciones impuestas durante la presidencia, también de facto, de Juan Carlos Onganía, un gran amante de la pompa militar y del cumplimiento del protocolo a rajatabla.

Las preguntas de rigor

Hoy por hoy el grueso de los gobernados se pregunta porque tanto ruido en torno a una ceremonia que no hace más que consagrar el resultado sorpresivo del magnífico juego de la democracia. ¿Dónde debe prestar juramento Mauricio Macri? Según la Constitucional Nacional, en su artículo 93, el nuevo jefe de Estado toma posesión de su cargo en el momento de jurar, ante la Asamblea Legislativa, “desempeñar con lealtad y patriotismo el cargo de presidente de la Nación y observar y hacer observar fielmente la Constitución de la Nación Argentina». La Constitución no estipula un lugar físico para llevar a cabo la jura: se realiza donde sea que estén reunidas las dos Cámaras del Congreso Nacional.
¿Entonces en qué momento Cristina dejará de ser la Presidenta? Como la República sólo puede tener un Presidente a la vez, la actual mandataria dejará de ser la jefe de Estado instantáneamente, en el momento en que Macri preste su juramento, ni antes ni después, sin que sea necesaria otra ceremonia legal para la sucesión. La ceremonia de jura de Néstor Kirchner, en 2003, fue la primera en la que el presidente saliente se presentó después del juramento para entregar los atributos del poder a su sucesor y no fue necesaria la ceremonia en la Casa Rosada, hasta entonces tradicional.
¿Cómo eran antes las ceremonias de traspaso de mando? Más allá del requerimiento constitucional de la jura, no hay más que costumbres, usos condicionados por la situación política de cada momento histórico y caprichos personales de cada mandatario. Según el “Reglamento de Ceremonial de la Presidencia”, publicado en los años 60, la ceremonia de traspaso de mando (es decir, la entrega de la banda y del bastón) tiene lugar en el Salón Blanco de la Casa Rosada, como se realizó hasta la llegada al poder de Fernando De La Rúa, en 1999.
El 10 de diciembre de 1983, el radical Raúl Alfonsín prestó juramento ante el Congreso y, posteriormente, viajó a la Casa Rosada donde Bignone, ya ex jefe de Estado, le entregó la banda y el bastón. Lo mismo sucedió en 1989, cuando el ya juramentado presidente Carlos Menem recibió de Alfonsín («presidente saliente», según el acta firmada) los atributos de la presidencia.
Según el viejo protocolo establecido por la Casa Rosada “el señor Presidente saliente entregará al señor Presidente, frente a la mesa colocada sobre el estrado, las insignias presidenciales que estarán sobre la misma. El Presidente saliente se despedirá del señor Presidente electo y se retirará del Salón Blanco conjuntamente con sus ex Ministros, siendo acompañado hasta el pórtico de la Casa de Gobierno por el Jefe de la Casa Militar (entrante)”.
En 1995 el reelecto Carlos Menem se presentó ante el Congreso para jurar y no hubo ceremonia de entrega de bastón y banda porque ya los tenía en su poder. Los sucesivos mandatarios recibieron los atributos del cargo en el mismo Congreso Nacional después de haber prestado juramento, costumbre que se inició en 2003 con Eduardo Duhalde, elegido por la Asamblea Legislativa.

A un día

A horas de que el Kirchnerismo deje doce años de ejercicio constitucional, la gran década ganada se puede escurrir en el sinsentido de la negación del adiós. De hecho, si no se ponen de acuerdo, está casi decidido que Macri cumplirá con la formalidad de proclamación y juramento legislativo y luego la Corte Suprema asumiría la ceremonia de entrega de atributos en la Rosada con o sin Cristina.
En realidad esta presunta banalidad parecería guardar un mensaje explícito: “estamos dispuestos a entregar el mando, pero no el poder”.
Y ya lo decía Dick, el verdadero poder no está en la posibilidad de uso de las armas, ni de las estructuras, ni de los atributos, ni de los títulos honoríficos. El verdadero poder lo ostenta quien logra que otro haga lo que alguien pretende. Por eso lo que está en el fondo en crisis es la inesperada mutación de autoridad. Un preciado tesoro tan tentador como la vida eterna, que no se puede embalar ni mudar así nomás, no?


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