Página de cuento 584

Dos ferroviarios en apuros – Parte 29


Por Carlos Alberto Nacher
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Anthony y Fatimota se sentaron en un banquito, junto a unos desconocidos. Todo el mundo estaba negro de hollín, y el agua, aquel bien del que Anthony se había burlado en algunas oportunidades, considerando ya resueltas todas sus necesidades básicas, por el simple hecho de ser un funcionario del estado, ahora escaseaba, qué digo escaseaba, era completamente nula, y no había maidana que pudiera comprarla.
“Buenos días, estimado señor, permítame que me presente, mi nombre es Rahman Ali y soy corredor de bolsos.” Mucho gusto, soy el Doctor Anthony Kachavara, y esta es mi esposa, la maravillosa Fatimota Justineyac. ¿Corredor de bolsos dijo? ¿De casualidad no conoce a un tal Abdul Zongo? Es un amigo mío de quien desconozco su destino reciente.”
“Oh, si, por cierto. Abdul era de mi competencia, siempre nos estábamos peleando por los bolsos, pero sin embargo, en momentos en que no trabajábamos, nos llevábamos bien. Ahora que me dice su nombre, recuerdo que el siempre lo mencionaba con mucho cariño, siempre me hablaba del Doctor Katchavarda.” “Mi apellido es Kachavara, pero no por eso me voy a poner nervioso. ¿Y me puede decir algo más de Zongo?” “Claro que sí, doctor. Abdul, como ya le dije, lo mencionaba a usted bastante seguido en nuestras charlas, se ve que lo quería y lo respetaba mucho, lo consideraba un prohombre, una persona de una inteligencia superior con sentimientos muy elevados, aunque a veces lo recordaba con insultos, con rencores, con odio. Decía que usted lo trataba como a un ser inferior, que usted era un soberbio, un altanero, un arrogante, un mal educado, un estúpido engreído, en fin, una bosta. Siempre me decía lo mismo de usted. ¿Tiene fuego? Me voy a fumar unos obelares negros sin filtro hasta quedar de la bondiola.” “Aquí tiene mi encendedor de led de segunda generación, espero que lo disfrute, aunque pensándolo bien, usted sabe que fumar hace mal. Y digamé, ¿No sabe si Zongo sigue vivo?” “No lo sé doctor, y gracias por el fuego. Lo que sí sé es que ayer, estando en la última reunión del SBU, el Sindicato de Bolseros Unidos, al cual pertenezco, siendo en este preciso momento el afiliado número 4, me lo encontré a Zongo. Estaba bastante demacrado y le faltaban un brazo y una oreja. Según me contó, había sido atacado por un Montoya y luego atropellado por un remise color azul. Pero no terminó de relatarme todo el suceso ya que en ese preciso instante cayó sobre él, venido directamente desde la boca humeante del Maydina Karya, un bloque de granito negro de seis metros de diámetro que lo aplastó contra el piso, le reventó todo lo que le quedaba de cuerpo y su rostro explotó como una sandía morada en su máximo estado de maduración. Su ojo izquierdo saltó directamente hacia mi, lo abarajé en el aire y me lo guardé. Tome, acá lo tiene, se lo regalo. Yo no lo necesito, no uso los ojos casi para nada, y menos en estos tiempos locos que corren”
Anthony tomó el ojo de Zongo y se lo guardó en el saco. Consideró que cuando todo hubiera pasado, si aún se encontraba con vida, era un buen homenaje para Abdul sepultar al ojo con respeto. Del otro lado, a pocos pasos de allí, un hombre enjuto, amanerado, yudicoso, foresiero y muy mal vestido rezaba en voz semi-bajita: “Ololó, ololó, arrecucú, arrecucú, le monde se va al caraj, le monde e tuti a la merde, seor, seor.Aaaaaahhhhjarájarájará, alálálálá alá, toteto toteto, teto, teto, toteto, toteto, totototeto, roboroboroboludorobobo, Ololóooooo. Ommmmmmmm.”
Fatimota se recostó contra Anthony. En el pasillo dejado por los hombres, en medio de la estancia, miles de trigilios pululaban sin destino, buscando alimentos que no existían.
“¿Sabes Fatimota? En medio de toda esta destrucción, de todo este desastre, ayer tuve un sueño, una experiencia de sonido de alta definición que nuestra avanzada tecnología nos proporciona, con excelentes graves, medios y agudos sin distorsión. Soñé que era el dueño del escarabajo blanco de la foto de Abbey Road. Estaba bien de motor, un poco flojo de papeles.
Continuará…


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