CUENTA REGRESIVA AL BALLOTAGE. CAMBIOS DE ESTRATEGIAS Y PERGEÑOS DE MARKETING. LOS CACIQUES DE LA POLÍTICA HAN PERDIDO EL CONTROL DE LOS VOTANTES.

Son los votantes, estúpido


Por: Ignacio Zuleta – URNAMauricio Macri se guardó hasta el lunes en algún lugar de cuyo nombre nadie quiere acordarse, después de escuchar el miércoles temprano, en su departamento de avenida Del Libertador, un pronóstico de lo que en la tarde de ese día ocurriría en el hotel Hilton. Ese informe, que le rindió un hombre de dos reinos (como el Tomás Moro del drama de Robert Bolt), lo tranquilizó: todo el massismo hace cola para hablarle aunque algunos se repriman -por vergüenza- de exhibir el apoyo hacia él. A la tarde, en el mitin massista, sólo un solitario Javier Gentilini se pronunció agriamente contra la alianza con Macri. Gentilini es un lonesome dove -ave solitaria- que tiene una banca de legislador porteño hasta 2017 que ganó en listas de Carrió-Solanas, pero que gravitó hacia Tigre. Lo escuchan con respeto porque es uno de los expertos del peronismo del distrito en vivienda social.
Con ese panorama, Macri redobló su intención de guardarse hasta nuevo aviso y mandó a decir que cualquier charla en serio será después del 22 de noviembre. Su reticencia a atender heridos se entiende: sabe que todo lo que haga para engordar a Massa-De la Sota alimentará a quienes serán su oposición si llega al Gobierno el 10 de diciembre.

Una vieja ley de la política

Es la hora de los gurúes del diario del lunes, que gastan tiempo en explicar que la suerte de Daniel Scioli hubiera mejorado si se despegaba de Olivos, o la de Mauricio Macri si se hubiera pegado a Sergio Massa. Para lo que no tienen respuesta es a la repregunta de qué les hubiera pasado si hubieran emprendido esos consejos con los cuales los atizaron columnistas, asesores, asesoretes, pundits, sin doctors, pollsters de pago y pro bono. De haberlo hecho, ninguno de los dos habría obtenido los resultados del domingo, que son una fotografía de la realidad política de la Argentina que se repite históricamente y que es muy difícil, para los actores de cada momento, dar vuelta con martingalas o pergeños de marketing.
Ese resultado expresa con sinceridad una vieja ley de la política argentina: cuando el no peronismo sindica su representación en un candidato plausible, arrincona al peronismo y puede llegar a ganarle, como ocurrió en 1983 y 1999. Cuando eso no ocurre, el voto peronista amplía sus márgenes y derrota al no peronismo desarmado y cautivo. Ocurrió en 2007 cuando parte del radicalismo se alió al peronismo en la fórmula Cristina-Cobos (el no peronismo cautivo), o en 2011, cuando la opción que ahora amenaza al peronismo en el balotaje -la tira Reutemann, Macri, Massa, De Narváez- dejó a un tercio de la opinión del país fuera de la grilla electoral. El voto moderado que representa ese club se quedó en aquel año sin candidatos y eso explica el número récord de Cristina de Kirchner: 54,12% de los votos.

Negocio electoral

Esa constante explica los buenos resultados del no peronismo de las legislativas de 2009 y 2013 y también la escalada de Cambiemos del domingo. Modificarla no está al alcance del marketing, ni de las piruetas que puedan hacer los candidatos que explotan la imaginación y las virtualidades del negocio electoral, de las cuales es muestra el Massa de estas horas, que habla y propone como si no hubiera salido tercero en las elecciones y como si él hubiera entrado en el balotaje, cuando quedó afuera. Conmovedor el entusiasmo que le pone en esa carrera en la cinta de gimnasio que no lleva a ningún lado.
La campaña que comenzó el domingo a la noche se arma en estas horas en que los candidatos se toman un respiro hasta que pase la tormenta. Scioli deja que festeje la oposición colgada del alambrado. En sus comandos se ilusionan con que iban ganando 2 a 0, les han metido el gol del descuento y tienen que dejar que baje la espuma del festejo.

Las urnas hablaron

En lo de Macri -que se tomó sabiamente unos días fuera del escenario- ven con melancolía las evoluciones de Massa proponiendo nombres y consignas que su fuerza no admitirá, como la presencia de los exfuncionarios de la primera línea kirchnerista o las leyes de derribo o de militarización de la lucha contra los narcos. Pero el cacique del PRO sabe que por ahora tiene que hacer la plancha porque la campaña, hasta nuevo aviso, se la van a hacer los otros.
El punto de partida de esa campaña es la foto del domingo en la que los candidatos han logrado todo lo que pueden con lo que tienen. Ni Scioli tiene todo el electorado del peronismo plus (pejotistas más disidentes de la disidencia tenue) ni Macri tiene a toda la oposición. Con lo que son y lo que tienen no podrían haber tenido un resultado mejor, que además es sincero con la realidad, es lo que da el país, enojarse contra eso es fatal porque son los votantes, estúpido (y cerrá esa ventana).

Movilizados

Con esos tantos tienen que armar el camino al 22 de noviembre, con ventajas y desventajas: Los dos tienen la desventaja de que van a la elección sin apoyos territoriales que se jueguen el pellejo. En el FpV y en Cambiemos ocurre lo mismo que pasó en 2003: los que ganaron en la primera vuelta del domingo no quieren perder el 22 de noviembre. Lo que tienen que asegurar a gobernadores e intendentes, tanto Scioli como Macri, es que son una chance ganadora. Eso corre para los dos candidatos, que juegan una carrera de regularidad, no de velocidad. En las carreras de regularidad hay que llegar a determinada etapa ni antes ni después, y regular velocidades y frenos. No son para vehículo de caja automática sino manual o, en todo caso, secuencial.
En cuanto a apoyos territoriales, Scioli tiene ventajas por el cierre del candidato con los gobernadores que se ratificó ayer en Tucumán. Para Macri, haberse pegado al radicalismo sociológico fue clave, y entre los logros del domingo, haberlo conservado entre las PASO y la primera vuelta, apagando la aspiradora de radicales testimoniales que amenazaba con ser Margarita Stolbizer. La piedra angular del trayecto macrista es haberse validado a través del radicalismo como un candidato competitivo. El ISO 9000 se lo dio Elisa Carrió, que asoma siempre, después de los hechos, como una estratega mayor de las fuerzas que moviliza.
La ventaja que tiene Macri es el gigantesco morral que es María Eugenia Vidal, ya gobernadora de Buenos Aires. En ese distrito están los votos peronistas que apoyaron al massismo. Para traerlos a su corral tiene una formidable cantidad de cargos y posiciones del Gobierno futuro del distrito. Puede prometer obras, copas de leche, cargos públicos de todos los niveles, no por si gana. Ella ya ganó y puede comprometerlos ya mismo; incluso puede empezar a pagar desde ahora. Se trata además de un cambio de administración de un partido a otro, con lo cual están aseguradas miles de vacantes disponibles para negociar a cambio de votos. En eso el Macri que se guardó hasta nuevo aviso no participará hasta el 22 de noviembre.

(Fuente: Ámbito Financiero)


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