LOS VOTOS SE DECIDEN, SIN DUDA, MÁS POR IDENTIDAD O AL MENOS SIMPATÍA QUE POR ANÁLISIS FRÍO DE PROPUESTAS

Sabuesos de la actualidad


Por Eduardo Anguita

maquina_escribirEl clima de campaña exacerba enojos y felicidades. Los votos se deciden, sin duda, más por identidad o al menos simpatía que por análisis frío de propuestas. Hay un segmento de personas que deberían mantener, sin embargo, una cuota de equilibrio porque se supone que sus ventajas comparativas son el manejo responsable de la información y el procesamiento de datos. Los encuestadores, por ejemplo, que fracasaron feo el domingo 25 de octubre. Y los periodistas, por ejemplo, que nos cansamos de decir que en el distrito bonaerense no podía haber corte de boleta y muchas cosas por el estilo. Es raro que estos artículos salgan en primera persona, pero a veces es preferible ser enfático, sobre todo cuando uno es parte del problema. Los sabuesos de la actualidad queremos parecernos a los pointer y los beagles que usan los ingleses en sus cacerías del zorro. Perros cuyas destrezas son el olfato, el instinto, el ladrido oportuno, la fuerza y la valentía. A los periodistas nos gusta ser sabuesos aunque después el que se queda con la presa es el cazador, verbigracia el empresario de medios. La bendita brecha entre medios de la corpo y periodistas militantes tiene bastante tufillo a la hoguera de las vanidades. La historia tiene verdades de un lado y del otro: la ley de medios fue un cambio cultural importantísimo, fue el antes y el después del debate social sobre los medios, pero el manejo de la pauta oficial y la falta de una ley de acceso a la información pública no tienen ningún justificativo. José Crettaz acaba de publicar –una vez más- el dinero que fue a los medios cercanos al gobierno y lo único que puede decirse a favor del gobierno es que le dio la información, que no se la negó. Nadie dio en estos años una explicación de los criterios usados para repartir dineros públicos entre los empresarios de medios o, lo que es peor, a periodistas que reciben avisos por el solo hecho de acompañar al gobierno.

Negocios y poder

Eso no es militancia. Crettaz trabaja en el diario que tiene todavía a José Claudio Escribano como un prócer intelectual, él mismo está formado académicamente en la Universidad Austral y en la UADE. Machaca con la pauta oficial y jamás pone en contexto la relación entre información y publicidad, entre negocios, poder y mensajes. Pero, la pregunta es si miente o no miente. Porque la información es sagrada y la interpretación es libre. Por algún motivo que desconozco, cuando nombra a Juan Carlos Dante Gullo, como uno que recibe una módica parte de ese dinero, pone entre sus datos: «En septiembre de 1976, mientras estaba preso, su madre, Ángela María Aieta de Gullo, fue secuestrada y desaparecida por un grupo de tareas de la dictadura militar. En 1979 fue detenido y desaparecido su hermano menor, Salvador». Crettaz, ¿podrías buscar qué dijeron por esos días las ediciones del diario en el que trabajás sobre la madre y el hermano del Canca Gullo? Crettaz debe saber que durante mucho tiempo, en plena democracia, entre las pautas de estilo –no escritas- de La Nación, no podían usarse las palabras desaparecido, dictadura o terrorismo de Estado. Celebro que Crettaz las utilice y ojalá pueda contar un día de estos cómo se puede manipular desde una redacción. Por supuesto, me ofrezco para contarle algunas cosas que me pasaron en estos años y de las que hablé cada vez que pude y pienso hacerlo el próximo jueves 5 a las siete de la tarde en el congreso del Foro de Periodismo Argentino, una entidad con la que no tengo muchas coincidencias pero que reconozco como una voz necesaria en el ejercicio de esta profesión.

La pauta en CABA

Hacer periodismo es poner la verdad en perspectiva, quemarse con la sartén y con el fuego. Del mismo modo que pregunto a Crettaz, sería interesante que, por una vez, asuman la palabra los encargados de los dineros de la pauta oficial nacional: ¿Leyeron La Nación del lunes pasado? Y los legisladores que cajonean los proyectos sobre acceso a la información, entre otros, ¿no se sienten un poquito en deuda con la democracia?
La Nación también podría ocuparse de indagar lo que Tiempo indaga sobre el manejo de la millonaria pauta oficial de la Ciudad de Buenos Aires que otorgó avisos a radios de distintos puntos del país y que nunca los cobraron. Quizá los periodistas del diario de los Mitre también podrían indagar y hacer prolijas fichas de los empresarios involucrados en los manejos oscuros de la pauta porteña.
No todo es fuego electoral. Estos temas merecen un tratamiento serio, para mejorar la calidad del periodismo. Y para que no tengan que enterarse los televidentes por algunos programas escatológicos que algunos periodistas de algún canal cercano al gobierno se llenó los bolsillos durante años con la pauta oficial. Puede discutirse sobre el periodismo militante. Yo defiendo a quienes creen que su militancia es el periodismo aunque discrepo con hacer periodismo partidista o partidario desde medios del Estado o privados. Lo que no puede discutirse es el choreo disfrazado de militancia. Aun cuando el propio involucrado crea que está haciendo bien las cosas. Vivimos una sociedad intoxicada. O, mejor dicho, el consumo de sustancias que alteran la conciencia forma parte de nuestras creencias. Por eso, el debate, serio, apasionado, es imprescindible.

Estrés hídrico

Hace pocos días, a propósito de esto, se produjo una fusión entre las dos empresas cerveceras más grandes del mundo: la belga InVeb y la británica Miller. Hay cientos de millones de personas del planeta que viven en lo que se llama estrés hídrico, les falta el agua potable. Otros cientos de millones aumentan brutalmente el consumo de cerveza. Publiqué a principios de en 2003 un dato curioso: en 2002, el año de mayor caída del PBI de los 32 años de democracia al menos, solo crecían el consumo de psicofármacos y de cerveza. El prisma del negocio cervecero es interesante: InVeb incorporó otras empresas anteriormente, de modo que uno no sabe que cuando compra Stella Artois, Brahma o Quilmes le está pagando al mismo dueño. A propósito, Quilmes era una empresa argentina, de familias poderosas como los Bemberg y los Miguens, de fuertes vínculos con la familia Mitre, dueños de La Nación. Los accionistas de Quilmes ayudaron a los Mitre en el salvataje de La Nación de 2002/2003. Unos años después, vendieron la mayoría accionaria a los brasileños de Brahma. Esta es la sociedad disociada en la que vivimos: un diario serio, muy serio, salvado por una empresa que produce una bebida que es la base de la previa de los adolescentes. Una sociedad que dice «qué barbaridad» por los excesos del consumo de drogas ilegales y que se sostiene con sustancias también intoxican pero legalmente. La Nación fue un gran apoyo para el gobierno de Fernando De la Rúa y después fue un feroz enemigo de Néstor Kirchner. El que condujo un país que recompuso el mundo del trabajo y de buena parte de los derechos. Esto no es dicho para reavivar odios sino para tener también perspectiva: una parte de la sociedad puede sentirse harta del kirchnerismo pero la brecha no fue un invento del laboratorio K. Vivimos, no sólo los argentinos, intoxicados de peleas pequeñas pero muy desgastantes.

Agenda ciudadana

Una última consideración: la sociedad vive un cambio fuertísimo en la manera en que se accede y se consume información y entretenimiento. La convergencia, las redes, las nuevas plataformas crean una trama cultural y tecnológica que requiere, seguramente en plazos no muy largos, volver a considerar la ley de medios y la de Argentina digital. También traerá consecuencias en los organismos reguladores y las llamadas autoridades de aplicación. Pero eso no justifica a quienes se quieren llevar puesta la ley de medios y los discursos desafiantes al poder económico. Además, en estos años, se crearon muchos puestos de trabajo dentro y alrededor de los medios. Que nadie se lleve puesto eso, que se respeten a los delegados dentro de las empresas, que los trabajadores no sean avasallados en sus derechos colectivos, que los periodistas no nos sintamos superiores a otros laburantes y que los empresarios acepten nuevos estatutos para dejar de manejar con guiños de ojo a los periodistas que asumen responsabilidades de dirección. Que cambie, por ley, la pauta oficial. Y que la agenda de los medios sea parte de la agenda ciudadana, con más derechos para los usuarios y consumidores.

(Fuente: Infonews)


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