ESTRENAN DOCUMENTAL “ARTESANOS DEL MAR” RODADO ÍNTEGRAMENTE EN LA PROVINCIA

Los buzos marisqueros de Chubut llegan a la pantalla grande


4Este jueves 26 a las 21 horas presentarán “Artesanos del mar: Buzos marisqueros en la Patagonia”, en la Sala 2 del Cine Auditorium de Puerto Madryn. El documental, de 65 minutos de duración, narra la historia de un grupo de pescadores artesanales que desarrollan su oficio a lo largo de un día completo, en el marco de la incertidumbre económica, la falta de una retribución válida por su pesca y las distintas características de un método de trabajo considerado ancestral. El documental, concebido en parte a través de un subsidio del INCAA, fue declarado “de interés cultural” por la Municipalidad de Puerto Madryn y “de interés turístico” por la provincia del Chubut. El mismo será proyectado en el cine de la ciudad el 26 y 27 de noviembre, a las 21 horas, el 30 de noviembre a las 20 horas y el 1 y 2 de diciembre a las 21 horas.

Un oficio poco conocido

“La idea surgió de los años en los que viví en Puerto Madryn y Puerto Pirámides, donde tomé contacto e incluso me hice amigo de algunos pescadores artesanales y, dentro de esta disciplina, lo que se denomina ‘marisquería por buceo’, algo que me fascinó”, comentó Gustavo Carnero, realizador y productor de la obra, que define la práctica como “una técnica de pesca muy interesante porque preserva el recurso, aunque no es muy conocida en el resto del país, incluso mucha gente aquí en Madryn sabe que existe pero no tiene idea cómo se realiza”. Carnero sostuvo que la cinta “es un documental social de autor donde a lo largo de una jornada seguimos el trabajo de pesca de tres equipos de lanchas con sus respectivos buceadores, por lo que filmamos en superficie y bajo el agua, con cámaras subacuáticas de alta definición. Seguimos todo el recorrido de lo que es la vida del marisquero y, a su vez, no hay una locución ‘en off’ por lo que los mismos personajes son los que narran sus vivencias. Ellos cuentan en todo momento cómo está la situación de la marisquería, qué pasa con el recurso y con la pesca clandestina artesanal, dando un panorama completo de la actividad”. Sobre la realización del trabajo audiovisual, relató que “nos llevó dos años rodarlo en la zona, porque al ser una actividad que se desarrolla solamente en invierno y en zonas alejadas, las complicaciones del clima, los días de lluvia, viento y roturas, recién al tercer año pudimos hacer la edición”.

4aQué son los “buzos marisqueros”

“La pesca artesanal se desarrolla fundamentalmente en Chubut, donde a partir de la Ley de Pesca Artesanal, sancionada en 2001, se definieron cuatro zonas de actividad”, detalló el pescador artesanal Pedro Pablo Oroquieta, uno de los protagonistas del documental. Además, describió que “la primera llega hasta Punta Ninfas, en la salida del Golfo Nuevo. La segunda hasta Punta Delfín, que es la zona del área de influencia del Puerto de Rawson. La tercera comprende el área de influencia de Camarones y la Zona Cuatro desde Cabo Dos Bahías hasta terminar la provincia, que es la zona de influencia de Comodoro Rivadavia”. Además, el pescador artesanal sostiene que el lema del oficio es “dañar lo menos posible el medio ambiente”.

División del trabajo

Oroquieta discriminó las diferentes ramas de la pesca artesanal, entre las que mencionó a la “pesca por buceo” y la “pesca por redes de cerco. Esta última se realiza con las denominadas ‘artes pasivas’, porque si bien se utiliza una red, se lleva a cabo en la parte intermareal, que es la zona más activa de la marea, por lo que no se daña el fondo. Además, traer lo recolectado a mano no es lo mismo que hacerlo con motores de 300 o 400 caballos (de fuerza)”. También, el trabajador artesanal definió la “pesca del pulpito con gancho, donde se saca de forma natural de los bancos naturales de la zona intermareal” y aclaró que “son todas actividades que tratan de preservar el medio ambiente”.

Retroceso

Oroquieta contó que “en 1979, se había prohibido el arrastre en la Península Valdés. Anteriormente, las vieiras no se sacaban con buzos, sino con barcos y rastras, por lo que hoy todavía se ven los surcos en el fondo. A partir de dicha prohibición, se empezó a trabajar para extraerlas con el buceo, a través del un equipo especial, el cual en lugar de tener un tanque como el de los buzos, tiene un dispositivo que genera aire arriba de la embarcación con una manguera y un narguile y le da aire al buzo, por lo que éste puede permanecer varias horas bajo el agua extrayendo los recursos”. A su vez, el pescador manifestó que “en 2006 nos modificaron la Ley para incluir unos barcos pseudo artesanales hechos en Rawson. Incluyeron el ‘arrastre’, es decir la red de fondo con barcos, que no está permitido en ningún lugar del mundo para la pesca artesanal, y retrocedimos con ello veinte años”.

Inconvenientes con la industria pesquera

“La idea de la ley era modificar la actividad a lo largo de todo el litoral provincial, pero hoy nos encontramos con el gran problema de la pesca industrial”, sostuvo Pablo Oroquieta y agregó que “a excepción de la Zona Uno, donde no puede realizar arrastre, en el resto de la zona marítima provincial puede acceder hasta la costa para llevarlo a cabo. La pesca industrial es una actividad puramente extractiva, es decir que no le importa el recurso sino la generación de riqueza”. El pescador manifestó que “nuestro principal problema es que la pesca está concebida desde el punto de vista extractivo, por lo que todas las normativas que actualmente existen en el país están destinadas a las empresas y lo que tiene que ver con la exportación”.

La paradoja del inaccesible mercado interno

Oroquieta lamentó que “trabajar el mercado interno cuesta muchísimo y para que uno pueda vender un producto propio en el mismo tiene que cumplir con todas las normativas establecidas por la comunidad europea. Se generan ‘aduanas internas’, por ejemplo con el SENASA, que nos impide comercializar nuestros productos en forma directa con Buenos Aires”. Sobre esta línea, sostuvo que la creación de un producto o marca “hoy es imposible, porque el costo para hacer el análisis de mercado y todas las gestiones necesarias es muy elevado. Por eso estamos trabajando hoy en día con el cluster. Lo más importante acá es que nos falta capital de trabajo, como somos pequeños productores la ganancia de la actividad se basa en la labor diaria. No tenemos financiación como una fábrica que produce zapatos o caños, donde se puede hacer un análisis de costos. Nosotros salimos, pescamos y cobramos. Si no pescamos, no cobramos”.

Tiempo muerto

“Lo que nos falta es el capital de trabajo para que los pescadores artesanales puedan funcionar sin correr ese riesgo”, comentó Oroquieta y manifestó que “a veces pasa que uno tiene un buen día de pesca, pero supongamos que yo saco cuarenta cajones de pejerrey, tengo que ir a la planta para que lo procesen y lo guarden en frío. A las tres o cuatro personas que trabajan conmigo les tengo que pagar, y si yo no vendo el pescado inmediatamente, no puedo hacerlo. Eso es lo que falta resolver y lo estamos intentando por todos los medios, pero es difícil”.

“Los turistas no lo pueden creer”

Por su parte, Gustavo Carnero explicó que en muchos países “la pesca artesanal es un valor, donde el pescador saca su mercadería y la puede comercializar directo al público. Acá no existe ese recurso, que genera muchos puestos de trabajo y valores para la ciudad. En contraposición, el buzo marisquero en Puerto Madryn es propiamente un marginal, cuando extrae recursos de muy alto valor económico y no está considerado como un atractivo turístico”. A su vez, relató que “muchas veces vienen españoles, italianos y franceses que cuando los ven sacar vieiras y mejillones del Golfo San José no lo pueden creer, porque allá eso no existe. Este documental intenta reflejar y rescatar la pesca artesanal como un valor local y cultural, porque es algo que se pasa de padres a hijos y se va desarrollando en un determinado tiempo y lugar”.

Riesgos

Una de las advertencias que afloran cuando se habla de pesca artesanal y precisamente de la marisquería por buceo es la denominada “enfermedad de descompresión”, que ocurre cuando el buzo permanece varias horas debajo del agua. Cuanto mayor es dicho tiempo, mayor será el que el pescador deba permanecer en proceso de descompresión, lo cual puede provocar síntomas como manchas en la piel, hormigueos en el cuerpo y dolor en las articulaciones. Al respecto, Oroquieta explicó que “acá, afortunadamente no hemos tenido problemas graves en ese sentido. Al trabajar en una época de invierno, muchas veces sucede que el buzo pasa un tiempo debajo del agua y, por la particularidad y la exigencia del trabajo, quiere volver a subir a la embarcación, por ejemplo, a tomar unos mates. Entonces, en lugar de hacer veinte minutos de descompresión hace diez”, lo cual podría provocar la aparición de síntomas con el tiempo. Sin embargo, el pescador artesanal destacó que “actualmente, el tiempo de la descompresión es una regla que no hay que romper, es una disciplina de trabajo que hay que cumplir. Si uno quiere estar tres horas bajo el agua, después tiene que aguantarse un mayor tiempo de descompresión. En mi caso, prefiero tener dos cajones menos de pescado antes que mi buzo tenga que estar colgados durante más de una hora en el proceso de descompresión, sufriendo el frío. Eso no le sirve ni a el ni a mí, que manejo la lancha, porque al otro día va a estar enfermo y seguramente no va a poder trabajar”.


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