EL MACRISMO DECIDIÓ AMORDAZAR A LOS ECONOMISTAS INCONTINENTES QUE ANDABAN CON EL INCONSCIENTE AL AIRE LIBRE, PARA QUE NO ECHEN MÁS LEÑA AL FUEGO. NADIE SABE SI LA CAMPAÑA EMPUJADA POR MIEDO A UN RETROCESO, LOGRARÁ REVERTIR LA VENTAJA DE MAURICIO MACRI EN LAS ENCUESTAS POSTERIORES A LA PRIMERA VUELTA.

El miedo no es sonso


Por Alberto Dearriba

p3El discurso del Frente para la Victoria luego de la primera vuelta electoral apunta a alertar a la sociedad sobre los riesgos de un eventual triunfo conservador, en una contraofensiva desesperada a la cual Cambiemos considera un intento de meterle miedo a la sociedad. En realidad, no es improbable que en su intento esclarecedor, la militancia kirchnerista trasmita el temor que le produce la posibilidad de retornar al país del ajuste y el endeudamiento que proponen los referentes macristas. El miedo no es sonso y la pócima que se ofrece es realmente de terror
Nadie sabe si la campaña empujada por miedo a un retroceso, logrará revertir la ventaja de Mauricio Macri en las encuestas posteriores a la primera vuelta. Pero al menos consiguió instalar un debate económico que es el verdadero meollo de la porfía y que aparecía en segundo plano, como si sólo se discutieran modales. Tal vez opere como un refresco para la memoria colectiva y para que sean menos los que compran gato por liebre.
De todos modos, el embate neoliberal es mucho más frontal y sincero esta vez: los militares de la dictadura instaurada en 1976 aplicaron el ajuste salvaje propuesto por José Alfredo Martinez de Hoz sin preguntarle nada al pueblo. El presidente Carlos Menem llevó el sueño liberal a la cúspide con el voto del peronismo en la mayor operación de travestismo político del siglo XX. Pero ahora la derecha está a punto de acceder al gobierno y aplicar la utopía de mercado, luego de una campaña en la cual el más desprevenido pudo verle la pata a la sota.

Incontinencia verbal

Existen suficientes señales para que los argentinos capten cual es el menú que ofrece Macri. Es cierto que el candidato de Cambiemos no dio personalmente demasiadas precisiones acerca del cambio que propone. De ese modo, cada elector le pone al «cambio» su deseo: cambiar de trabajo, de automóvil, de mujer, de marido o de vida. Otros se conforman con menos: el odio contra Cristina y contra el peronismo, los lleva a propiciar un suicidio colectivo. No atinan siquiera a votar en defensa propia.
Pero de todos modos, pocos podrán alegar que no advirtieron que la propuesta de Cambiemos es el mismo ajuste ortodoxo que los argentinos se fumaron entre 1976 y 2003. Porque lo que no dice claramente Macri, lo dijeron sus portavoces económicos. El jefe de campaña, Marcos Peña, niega que su jefe sea un neoliberal. Y asegura que no habrá ajuste. Pero es lógico concluir que si tiene pelos, cuatro patas y chumba, es un perro.
En la campaña de esclarecimiento del kirchnerismo se cometen seguramente algunas exageraciones. En un sintético volante o en una charla ocasional con un vecino, se producen simplificaciones que fuerzan las intenciones del adversario. Pero si el posible futuro ministro de economía, Alfonso Prat Gay, pronostica una devaluación del 60% y otros referentes macristas hablan de contener el salario y las jubilaciones, no se trata de que la militancia kirchnerista meta miedo sino que replica el miedo que le da retornar al país que estalló en 2001.
Tan es así que el macrismo decidió amordazar a los economistas incontinentes que andaban con el inconsciente al aire libre, para que no echen más leña al fuego. Ellos dijeron alegremente lo que no dice Macri, quién sólo propone un cambio en paz y amor. «Hay voceros de Cambiemos a los que sacaron de circulación para que no digan lo que piensan», advirtió el ex ministro de Economía, Roberto Lavagna.

En silencio

La mordaza impuesta a los referentes económicos de Macri constituye un avance de la estrategia del consultor Jaime Duran Barba, que desde hace algunos meses les pedía que no hagan propuestas mientras dure la campaña. Les aconsejaba que eludan responder toda pregunta y, si fuera necesario, para salir del brete, hablen de sus hijos. «Cuando seas gobierno, hacé lo que creas, pero no lo digas ahora en medio del debate», le recomendó unos meses atrás al diputado y economista Federico Sturzenegger.
Duran Barba sabe que si dan precisiones le meterían miedo a la población. Les pone como ejemplo que si explican cómo contener la inflación mediante el recorte del gasto público y de la emisión monetaria, no pocos trabajadores temerían perder su trabajo. El ecuatoriano entiende que la mayoría de las medidas económicas tienen costados desfavorables. Y que no es posible acabar con la inflación sin desempleo y caída en el consumo. Es consciente de que todas las medidas económicas tienen ganadores y perdedores, lo cual divide el voto. «No se trata de ganar la discusión –explica- sino de ganar votos.»

Buitres se friegan las manos

En verdad, Mauricio Macri dio hasta ahora dos definiciones claras: pagarle a los fondos buitre si fuera necesario al contado y liberar el dólar al otro día de asumir. Pero no dijo cómo seguiría la película. El pago a los fondos buitre en las condiciones que impone Thomas Griesa desataría una catarata de demandas de quienes cancelaron sus acreencias con importantes quitas e implicaría acudir a un nuevo endeudamiento con el FMI, en tanto la liberación de todas las restricciones al dólar concluyen inevitablemente en un ajuste.
La liberación del dólar aparece como una buena noticia para la clase media que atesora y viaja con billetes verdes. Pero el que podría ser ministro de Economía de Macri, Alfonso Prat Gay, desobedeció a Duran Barba y admitió que después de la liberación del «cepo» se produciría una obvia devaluación que estimó en el 60%, hasta que el cambio oficial se equiparara con el negro en alrededor de 16 pesos. Prat Gay sostiene que esa devaluación no se trasladaría a los precios porque en realidad sólo sincerará la situación, pero la mayoría de los economistas –hasta los más ortodoxos- creen que el traslado a los precios es inevitable. Y que ese impacto representa en principio una redistribución de ingresos contra los sectores de ingresos fijos.

Viejas recetas

La receta de los neoliberales para frenar la inflación es reducir la emisión de moneda, para lo cual podan el gasto público, constituido centralmente por obras, salarios de empleados públicos y planes sociales. El fundamentalista neoliberal, Miguel Angel Broda, dice que «el ajuste es inexorable» y que sólo se discute si se hace de «golpe o a los golpes». En realidad, es una promesa clara de menor nivel de empleo y caída en el salario real, que no sólo afectaría a los trabajadores sino a las pequeñas y medianas empresas que no exportan, sino que viven del consumo interno, que mantuvo a la economía en los últimos años de crisis internacional.

Otra vez sopa

Para los jubilados también habrá sopa:el asesor de Domingo Cavallo y de Mauricio Macri, Carlos Melconián, se pronunció en favor de un aumento de la edad jubilatoria para aliviar al sistema previsional. También aseguró que ya no se podrán aumentar los salarios y las jubilaciones semestralmente, como ocurre actualmente por paritarias y por el sistema de movilidad jubilatoria. Para eliminar ambos mecanismos, harían falta sendas leyes y el macrismo no contará en el Congreso con el número suficiente, pero ya hubo advertencias de que a Mauricio no le temblaría el pulso para gobernar con decretos de necesidad y urgencia.No se puede acusar al adversario de meter miedo cuando las propuestas son desempleo y menor salario. Eso le da terror a cualquiera.

(Fuente: Infonews)


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