NUEVOS ISMOS, MENÚ MÍNIMO Y UNA NUEVA GENERACIÓN. DATOS PARA PROCESAR EL 25-O EN LA PENUMBRA DEL CUARTO

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p3La mesa chica de los gobernadores peronistas se trasladó casi en pleno a la Capital Federal. Han sido la base de la estrategia de Daniel Scioli para asentar su candidatura: Juan Manuel Urtubey, José Luis Gioja, Sergio Urribarri, Luis Beder Herrera, Francisco Pérez y Maurice Closs , entre otros.
Entre incógnitas y tensiones, 32 millones de electores seleccionarán de un menú de seis al dirigente -o a los duelistas para el balotaje- que el 10 de diciembre se convertirá en el sexto presidente elegido en las urnas, luego del retorno democrático, que empezará a construir a fin de año un nuevo ismo político.
La del 25-O será la presidencial número trece desde 1983, la segunda con régimen de Primarias y la sexta que contempla -luego de la reforma constitucional de 1994- el espadeo bilateral de la segunda vuelta.

Por Pablo Ibáñez*

La noche del domingo, luego de una elección que se proyecta con márgenes milimétricos y que la oposición parece desconocer de antemano, Daniel Scioli se ilusiona con festejar la magia de superar los 40 puntos y despegarse más de 10 de Mauricio Macri, que rankea segundo, por encima de Sergio Massa en el podio de presidenciables.

El mapeo interior

La votación -en la que también se eligen once de los 24 gobernadores, la mitad de la Cámara de Diputados y un tercio del Senado- presenta varios detalles políticos y estadísticos. Veamos.
•El próximo presidente, resulte electo o no el domingo, será un noventista: Scioli, Macri y Massa, como rasgo general, son dirigentes formados en los años ’90. Parece un factor generacional pero es más que eso: irrumpieron en la actividad política en esa década, todos con algún nivel de cercanía a Carlos Menem, y dos de ellos -Scioli y Macri- desembarcados desde rubros extrapolíticos, sin militancia ni empatía previa, exponentes de eso que se llamó fenómenos populares.
•Si Menem, De la Rúa y Duhalde debutaron en la política en los años 70, Kirchner y Cristina en los 80 -con reflejos de los setenta-, los candidatos top de este turno son noventistas. Tienen, como parte de ese biotipo, otro punto en común: están entrenados en el lenguaje de los medios y pasaron por la trituradora del marketing político. Es la elección en la que mayor protagonismo alcanzaron los asesores, publicistas y campañólogos al punto que, como nunca, un gurú influyó en las decisiones no discursivas o de imagen, sino en los acuerdos y las tácticas políticas.
•Con seis postulantes -Scioli, Macri, Massa, Margarita Stolbizer, Nicolás del Caño y Adolfo Rodríguez Saá- es la elección que presenta la menor cantidad de postulantes desde 1983, lejos de las 18 opciones que hubo en 2003, y algo por debajo de las siete de 2011, primer ensayo del sistema de Primarias que funcionó como un «filtro» y saca de la cancha a listas que no superan el 1,5%.
•Tiene, también, una preeminencia de candidatos de asumida pertenencia al peronismo: Scioli, Massa y Rodríguez Saá se asumen como parte de ese espacio. El tigrense, que compite por el sello UNA, reinvidica incluso el rasgo renovador que alguna vez ensayó Antonio Cafiero, que ganó una elección en la provincia pero perdió, luego, la presidencial. Ese deja vú persigue al cacique de Tigre. Rodríguez Saá, en tanto, anuda la tercera postulación presidencial: compitió para ese cargo en 2003, en 2007 y repite en este turno.
•Con Macri se registra un fenómeno prácticamente inédito: el jefe de Gobierno porteño, más allá de coqueteos y actos, no se identifica con ninguna de las identidades partidarias existentes -ni peronismo, ni radical, ni socialista; se declara desarrollista- y se presenta como postulante de su propio partido, candidato de su propio «ismo», el macrismo. Eso aporta otro elemento: aun socio de la UCR, Macri enfrenta la elección con escaso despliegue territorial, sin más dominio que Capital y con una proyección, optimista, de presencia legislativa acotada.
•Con pronósticos cruzados -en Cambiemos hablan de una diferencia de 7 puntos; en el FPV se proyectan con 11 de distancia y encima de los 40-, la elección aporta como novedad la intriga sobre el balotaje: era inevitable en 2003 (luego Carlos Menem se bajó) pero parecía lejano en 1995, 1999, 2007 y, sobre todo, 2011.
•Por ese motivo, en los últimos días Scioli se lanzó con el anuncio de Ganancias y el PJ activó todo su sistema político en busca del plus imprescindible, mientras que Macri reforzó la interpelación a los votantes de Massa para lograr su cometido de superar los 32 puntos, número que en el PRO consideran necesario para forzar una segunda vuelta.
•Massa se oxigenó primero con el acuerdo con José Manuel de la Sota y sobrevivió a los augurios de una hiperpolarización (ocurrió en 2013, hubo una gran migración de votos en 2011) que, todo indica, no se produjo. El tigrense se mantuvo competitivo y apuesta, de mínima, a ser el árbitro en un eventual balotaje o, hacia el futuro, constituirse en una figura que puede proyectarse, mientras Scioli y Macri parecen encarar la votación de este año como su última y definitiva aventura electoral. Todos estos datos ayudan a proyectar en cada rincón del país, una elección que a todas luces la define el ciudadano con su conciencia y voluntad en un cuarto que solo debería llamarse figuradamente “oscuro”. Habrá que ver…

*Ambito Financiero


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