ATACARON EL VEHÍCULO DEL PERIODISTA PÉREZ MEDEL. ELICECHE SE VICTIMIZÓ PERO NO SE SOLIDARIZÓ. SEÑALES CERCANAS DEL MISMO TIPO.

El auto atentado


pinturita (3)Que quiere que le diga, desde que existe el estudio de la grafía, una letra manuscrita suele decir mucho más de lo que dice la propia palabra, y un contexto puede decir hasta literalmente lo que pasó: hubo un auto atentado, pintado con un grafiti que nadie se adjudicó, pero que permitió “atentar”, (dejar a todos atentos) sobre una presunta víctima: un candidato político.
Ayer a la mañana la ciudad de Madryn amaneció con ruidos mediáticos de todo tipo. El grueso fue en solidaridad a la FM Total y su propietario, Marcelo Pérez Medel. El motivo, el ataque a su auto, un conocido `mini cooper´ que posee desde hace tiempo. No le escribieron cualquier frase, lo vincularon con Eliceche y el narcotráfico. Demasiado lineal para ser realmente un ataque de campaña, demasiado operativo para provenir de las filas donde se pretendió que se creyera que provenía, demasiado grosero para partir de las huestes de un grupo opositor que aun tiene la responsabilidad de la gestión ya demás que viene bien en los sondeos.

Por Juana de Arco*

Marcelo es un ácido conductor que se ha venido caracterizando por su espontaneidad histriónica, su temeraria manera de forzar todos los códigos del reportaje en vivo poniendo en jaque al que atendió el número anónimo, y por haber hecho un trabajo fino y consistente a favor del candidato a intendente Carlos Tomás Eliceche. Tanto que llegó a armar una radio en vivo y al aire libre, frente al mismísimo municipio y al ritmo de los parlantes, ir echando leña a los fuegos de las gomas que por meses debió soportar Madryn y la gestión actual.
Tal vez por lo mismo que hemos caído muchos incautos. Por esos amores desmesurados que suelen generar el calor de las plumas, la necesidad de liderazgo a plazo fijo, o simplemente la tendencia a buscar un `bando´ donde descansar los agotados huesos del descreimiento en el poder.
No se sabe cómo fue, pero quienes siguen de cerca el pulso de la coyuntura política y los amores y desamores de campaña, venían notando desde hace varias semanas que Pérez Medel había cambiado de dirección sus misiles radiales. Ya no amanecía clavándole alfileres verbales a una réplica de tela de Ricardo Sastre, sino que comenzó a atemperar la mirada, abrir el micrófono y ablandar y equilibrar los enfoques.
“¿Habrá cambiado la marca de café Marcelo?”, se preguntaba parte de la audiencia. “¿O se habrá dado cuenta que la relación con Eliceche trae un prospecto copiado de la marca `Tulipán´?”, se animó a esbozar otro oyente.
“Puede ser lo primero y también lo segundo, pero también lo más probable es que Marcelo haya atravesado esa `experiencia religiosa´ que significa la relación cercana con `El Ganso´, donde es necesario que te pase para que creas lo imposible: que te cagará cuando más crees en él y cuando más lo necesitás”, completó tajante una `gorda´ y de `m…da´, pero que siempre será amiga del conductor.

Señales certeras

Que algo raro pasaba entre Pérez Medel y Eliceche se notó bastante claramente cuando la radio ensayó un debate con los candidatos a la intendencia. Dos cosas pasaron: lo llamó “señor” a Sastre, y lo dejó pedaleando en el aire (literalmente) a Eliceche cuando blanqueó que el candidato había pedido que le anticiparan las preguntas que le harían. “¿Qué tiene miedo que le preguntemos?”, remarcó Marcelo, que para mandar a decir las cosas es bastante ansioso.
Señales que al mirador fino no le pasaron precisamente desapercibidas.

La trillada victimización

Ayer la ciudad chorreó escrituras en contra de Eliceche acusándolo de narcotraficante en diferentes puntos de la ciudad, incluso en uno de sus bunker de campañas. Y en la volteada entraron el auto de Pérez Medel.
El hecho le permitió al propio Eliceche y a la candidata vitalicia Nancy González la excusa perfecta para armar una conferencia de prensa y allí sí pronunciar la palabra “drogas” y merecidamente defenderse un poco de tan soez agravio. Aunque muchos consideraron que fue un ensayo de victimización demasiado burdo y evidente aprovechado como disparador para reposicionar su campaña precisamente sangrando por su talón de Aquiles.
Para serles sincera y testeado de manera personal, y a modo de encuesta en boca de gancho, 7 de 8 clientes de una reconocida carnicería céntrica opinaban que había sido un “auto-atentado”.
Para colmo, Eliceche y Nancy o se olvidaron que también los escritos habían afectado al vehículo del periodista Pérez Medel, o deliberadamente mandaron mensaje a todos los que cobran de esa caja: “ojo que de acá no se saca los pies del plato sin quedar `grafitados´”
En simultáneo probablemente el primero en hablar con el periodista fue el propio Sastre dando fe que no se había tratado de un “atentado” de su gente, más allá de lo que decía lo textual.
El otro que tomó distancia del enchastre, fue el propio Gobernador Martín Buzzi, quien sabe bien qué cosas acepta y cuáles no en la política que quiere cerca suyo. Hubo otras numerosas manifestaciones de solidaridad de diferentes sectores y muchos que quedaron pensativos, posiblemente meditando cuando les tocará a ellos mismos. Porque con el hombre, es solo cuestión de tiempo…

Nadie se lo adjudicó

Hoy las encuestas dicen que Sastre podrá haber tenido problemas de caja, de equipo, de evaluación de la capacidad de sumar gente a su planta, de la subestimación de lo que significa el trabajo público, pero todo eso tiene solución con capitalización de la experiencia y mejor y mayor trabajo. Lo otro, no lo tiene. La ciudad de los carteles de negocios con dineros manchados que se deben lavar antes de usarse, no parece ser la opción ni siquiera para aquellos que en las PASO aceptaron entrar el sobre por unos morlacos. Eliceche lo sabe, y teme por el libre albedrío, ese que al final del camino nos convierte en hombres y mujeres, y no en objetos. Dicen los antiguos que el libre albedrío es la base de la bondad y del bien actuar, y que si algo detesta el diablo es no poder controlar esa chispa de dios que poseemos todos: voluntad a conciencia.
Cuando se utiliza el término “atentado”, el diccionario dice que se hace referencia a aquellos fenómenos que son generados por una “alta violencia” y que en la totalidad de los casos son voluntarios y planeados con antelación con el fin de llamar la atención.
Ayer no era un día cualquiera. Era el cumpleaños número 59 de Marcelo Pérez Medel, y alguien, muy pero muy maligno, le dejó ese “regalito” doloroso para ponerlo y ponernos atentos “atentando”. Nada menos que meterse con su adorado y mini-móvil, casi una prolongación de sí mismo.
El periodista por primera vez hizo silencio, y quienes lo conocemos, sabemos que sintió el golpe bajo.
Por eso en solidaridad, si no lo dice él, lo voy a decir yo:
Si quiso llamar la atención Eliceche evidentemente lo hizo, lo que dice lo textual no es lo importante, es la bronca misma sobre lo que muchos piensan de él. Lo importante es lo que dice lo con-textual: buscar un auto de un amigo con `libre albedrío comprobado´ para victimizarse, fue leído acá y en la China como la huella del “auto-atentado”. Más claro, echale coca y cola.

*Soy Juana de Arco, amiga de Juan de la Sota, Fiel del Furia, seguidora de la Sombraonline y ceniza de tantos…


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