LA PRINCIPAL ACTIVIDAD TURÍSTICA DE LA PENÍNSULA

Destacan la calidad y seguridad de los avistaje de ballenas en Chubut


ballenaLa temporada de avistaje de ballenas se extiende, en el Chubut, desde el mes de mayo hasta diciembre, período en el cual la provincia recibe una gran cantidad de turistas nacionales e internacionales, dispuestos a presenciar una de las principales características distintivas de la península Valdés, área de reproducción y cría de una de las poblaciones de ballenas franca austral en el mundo. Cada año unas mil ballenas francas arriban a las aguas cálidas de la zona para tener sus crías, alimentarlas y cuidarlas. En mayo se producen los primeros nacimientos y alrededor de agosto ya han nacido la mayoría de los ballenatos de la temporada. Durante septiembre y octubre se concentra la mayor cantidad de individuos y a partir de entonces inician un largo trayecto hacia las áreas de alimentación, abandonando las mismas en el mes de diciembre. El proceso de arribo, nacimiento y concentración de ballenas en la provincia es uno de los principales atractivos turísticos a nivel mundial y, en dicho ámbito, los cuidados y las medidas de seguridad a tener en cuenta por parte de los pasajeros y de las empresas encargadas de las excursiones son esenciales al momento de realizar el avistaje.

Atentos a los pasajeros

“Obviamente, el salvavidas es obligatorio y reglamentario tanto para el pasajero para los capitanes de la embarcación”, comenta Luis García Trucco, capitán de una embarcación que realiza avistajes de ballenas para la empresa Punta Ballena, de Puerto Pirámides. A su vez, el capitán detalla que “es importante que, cuando salimos al agua y se hacen maniobras con el tractor, que la gente ya se encuentre dentro de la embarcación” y agrega que una vez que esta toca el agua “flota y se despega del tráiler. Allí lo más importante es que la gente tenga los brazos dentro de la embarcación para evitar golpearse con los parantes del tráiler”. Sin embargo, García Trucco destaca que “nunca ha pasado nada grave” y que “todas las embarcaciones deben cumplir con una serie de medidas técnicas y seguridad. Estamos muy atentos al pasajero en cuanto a la navegación”.

El clima marca la agenda

Uno de los principales condicionantes que puede afectar la realización de una avistaje son las condiciones climáticas. “Hay días en que el mar está planchado y otros en el que está movido”, sostiene el capitán y explica que “de acuerdo a los nudos que tenga el viento y al estado de la costa, si hay muchas olas o no al momento de que la embarcación salga al agua, el personal de Prefectura dictamina si están las condiciones dadas para salir o no”. Una de las situaciones frecuentes es la de turistas que “han pagado bastante dinero para ver a las ballenas y muchas veces hay presión de los mismos porque algunos de ellos programaron la excursión y no tienen otro momento para realizarla”, manifiesta Trucco y agrega que, en algunos casos “se le explica a la gente que las condiciones no son las mejores para navegar pero que se va a salir teniendo una mayor cantidad de precauciones, dado que hay personas más propensas a marearse y en esos casos estamos más atentos”.

Arriba de la embarcación

El capitán García Trucco comenta que la tripulación mínima para un avistaje de ballenas son dos capitanes y un ballenero, aunque generalmente hay también un marinero” y explica que “todas las embarcaciones tienen fotógrafos guía, que están asistiendo a la gente”. En cuanto a la cantidad de excursionistas que suele haber en cada avistaje, el capitán explica que “depende del porte de la embarcación, si es mediana o grande”. Además, explica que existen lugares de reparo para los casos “en los que haya mar movido, en los cuales tratamos de buscar ballenas en esos lugares. A veces se puede y otras no, pero siempre hacemos hincapié en la seguridad del pasajero”.

Respetando las normas

En cuanto al cumplimiento de los turistas respecto de las normas de seguridad al momento de realizar el avistaje, García Trucco cuenta que “todos los pasajeros acatan las pautas que se les dan. A veces, se complica un poco cuando hay grupos de estudiantes, que son chicos entre 14 y 17 años. En esos casos, solemos hacer una charla previa con los coordinadores o profesores que los acompañan, porque algunos grupos se portan de primera y otros vienen muy exaltados y mal dormidos”.


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