COSAS QUE IMPORTAN

Mutaciones


Por: Dra.Patricia Chambón de Asencio
www.patriciachambon.com

El porvenir es tan irrevocable
como el rígido ayer (….)
Nuestra vida es la senda futura y recorrida.
El rigor ha tejido la madeja.
No te arredres. La ergástula es oscura,
La firme trama es de incesante hierro,
Pero en algún recodo de tu encierro
Puede haber una luz, una hendidura.
El camino es fatal como la flecha.
Pero en las grietas está Dios, que acecha.

– Jorge Luis Borges – para la versión del “I Ching”, traducido por Richard Wilhelm

Eran ya casi las tres de la tarde y mientras nos deleitábamos con un delicioso postre que las eximias manos de mi joven amiga habían preparado, con la frescura de quien aún no le pesa la Vida, preguntó: ¿Ustedes qué piensan? ¿Podemos elegir? ¿O existe una predestinación en lo que vamos a vivir?
¡Por supuesto que no era la primera persona en hacerse tamaña pregunta! Desde que tenemos consciencia de la existencia del Mundo, numerosos filósofos, sabios místicos, científicos y religiosos se han preguntado lo mismo. Sospecho que todos los seres pensantes, en algún momento de la vida nos hacemos esta pregunta. También intuyo que no hay sólo una respuesta y que cada cual la va respondiendo desde su propia experiencia a lo largo de toda la vida.
Mi amiga formuló la pregunta ya casi finalizando nuestro almuerzo, en el espacio de la sobremesa que pareció abrirse justo para hablar sobre el tema. Así, la animada charla nos impulsó a que cada uno fuese compartiendo las diferentes respuestas que desde la propia perspectiva iban emergiendo.
¿Podemos elegir realmente y hacer uso de nuestro libre albedrío? ¿O Hay un destino prefijado?
Algunos creen que existe un destino determinado e inamovible. Esta concepción está impregnada de cierta fatalidad que decreta: “Lo que tiene que suceder, sucederá de cualquier forma. Es inevitable.”
Otros opinan que puede que exista algo así como un “destino” que predisponga a que determinados experiencias sucedan, pero la forma en que estas experiencias se desarrollen será de nuestra elección. Puede que tengamos que vivir determinadas circunstancias pero el “cómo” es nuestra decisión. Así lo testimonia Viktor Frankl, psiquiatra austríaco, creador de la Logoterapia y sobreviviente de Auschwitz, al decirnos: “Todo puede serle arrebatado a un ser humano menos la última de las libertades humanas: elegir su actitud ante las circunstancias dadas, elegir su propio camino.”
Si vemos las distintas experiencias que conforman nuestro desarrollo en la Vida como un aprendizaje, podemos aseverar que existen distintas formas de llegar al mismo resultado. Por ejemplo si el objetivo es aprender a aquietarse para estar a solas con uno mismo, se puede lograr voluntariamente tomando unos días de descanso, retirándose de las actividades habituales o involuntariamente a través de una dolencia física o accidente, que nos obligue a hacer reposo absoluto. Como sea, conscientemente o inconscientemente la Vida nos acerca al objetivo. Así lo confirma Carl Jung, médico psiquiatra y psicólogo suizo, fundador de la Escuela de Psicología Analítica quien decía: ”Lo que no se hace consciente se manifiesta en nuestras vidas como destino”.
La cosmovisión determinista que ha impregnado el paradigma en el que hemos sido educados es la misma que ha servido de basamento a todas las ciencias para abordar la realidad y describirla de acuerdo a esa visión. Actualmente estamos presenciando la irrupción de un Nuevo Paradigma que nos lleva a revisar la antigua cosmovisión.
Hasta hace pocos años se creía que la información que se encuentra almacenada en nuestro ADN era determinante y que difícilmente podía mutar. Hoy sabemos que no es así, ya que nuestro ADN está sujeto a transformaciones provenientes del impacto que genera el entorno bio-psico-social. La Física Cuántica desmanteló la idea de un Universo mecánico, determinista y con efectos unidireccionales, al estudiar el comportamiento de las partículas subatómicas. En la observación de dichas partículas se pudo comprobar que su comportamiento estaba condicionado por la observación. Algo se manifestaba o no de acuerdo a la intención de quien estaba observando el fenómeno. Este es uno de los últimos descubrimientos de la ciencia y todavía no se comprende muy bien su aplicación a nuestras humanas y comunes vidas. Sin embargo estos descubrimientos nos dejan abierta la puerta hacia una concepción mucho más amplia e interactiva del Universo, que la que antiguamente teníamos.
Nuestra conversación de sobremesa iba enriqueciéndose cada vez más con el entusiasta aporte de cada comensal. Después de compartir entre todos las diferentes respuestas a la original pregunta con la que se abrió este artículo, una forma más amplia e inclusiva de las diferentes visiones iba surgiendo.
Parecería que la Vida se expresa en una tendencia a existir que está presente en la Esencia misma de todo. La forma en que esa existencia se manifiesta es el resultado de múltiples variables que interactúan sobre el individuo particular en desarrollo. ¿Cuál de todas estas variables tendrá mayor impronta y condicionará el desarrollo de ese individuo? Eso dependerá del enfoque del observador. Quien observa está condicionando la manifestación de una realidad. Cada uno de nosotros somos observadores de la realidad de nuestras experiencias. Cada uno de nosotros decide dónde “hacer foco”. Cada cual elige qué historia contar acerca de quién es y qué le sucede en la Vida. Por esto, es fundamental darnos cuenta, al observar todas las experiencias de nuestra vida, dónde “hacemos foco”. ¿En qué detalles está puesta nuestra atención? ¿Qué historias contamos acerca de nosotros mismos? ¿A qué le damos valor en nuestras vidas? ¿Qué creemos que puede sucedernos? Todas estas preguntas son respondidas por nuestro bagaje de creencias. Nuestras creencias, son las ideas que hemos adquirido a lo largo de nuestra vida que conforman el cristal a través del cual observamos nuestra realidad y condicionan nuestras manifestaciones en la existencia. Bruce Lipton, biólogo y autor de “Biología de la Creencia”, nos dice: “Cuando comprendamos que las creencias, positivas y negativas, condicionan nuestra biología podremos utilizar ese conocimiento para forjarnos una vida saludable y feliz.”
En este Universo asombrosamente maravilloso, podemos ser escultores de nuestra propia vida si creemos que lo podemos ser.
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