Las adversidades que enfrenta la Escuela Inicial de Pujol II
En Trevelín 1285, barrio Pujol II, la Escuela de Nivel Inicial 464 no pasa desapercibida ante los vecinos, muchos de los cuales llevan a sus hijos de tres, cuatro y cinco años a clases. Desde su fundación en 2007, el jardín estatal recibe alumnos de los barrios 60 Viviendas, La Arboleda, Nueva Esperanza, Alta Tensión, Che Guevara y Nueva Chubut que asisten al turno mañana y tarde. El establecimiento también funciona como una escuela abierta tres días a la semana, dictando clases de educación física y talleres de actividades en el horario de la tarde.
Daños colaterales
Muchos de los problemas de los barrios que rodean a la escuela repercuten en forma directa en esta última y se traducen en preocupaciones constantes del plantel docente. Los doce maestros que allí trabajan lidian, casi a diario, con adversidades que escapan a la enseñanza y los límites de la institución para paliar las necesidades de los más chicos.
“Uno de los inconvenientes serios es que siempre hay muchos chicos faltantes entre junio y agosto, porque se enferman y la mayoría de las familias no cuentan con gas. La leña es cara y no la pueden comprar, sin mencionar que la garrafa les dura entre tres y cuatro días, así que la usan mayormente para cocinar”, describe Verónica López, Directora del establecimiento.
Falta de médicos en el barrio
Como si enfermarse fuera poco, la escasez de médicos en el Centro de Salud “René Favaloro” provoca un retraso en las consultas y en turnos que se dan de una semana para la otra. “Cuando viene un nene enfermo y detectamos que algo le pasa, lo mandamos a la salita y normalmente lo hacen ir a la semana próxima, a las seis de la mañana, para sacar turno. Cuando vemos que el caso es urgente intervenimos como institución y se lo atiende, pero la realidad es que hay una falta increíble de personal. Tenemos un alumno al cual solicitamos que lo evalúe un neurólogo, que hay uno solo, y nos dijeron que no hay turno hasta agosto. Encima, cuando este médico no está no hay quién lo reemplace”, lamenta la directora de la escuela, quien además agrega que cuando envían alumnos a ser atendidos, muchos vuelven a la escuela con sus padres solicitando la intervención de la misma para acelerar los períodos de atención. Ello provoca dificultades en la logística interna y administrativa del jardín.
López suma a esta cuestión el hecho de que “hay médicos generalistas pero tiene que haber pediatras las 24 horas, por la edad de los chicos. Además, cuando les pedimos certificado (de atención médica a los padres) casi nunca lo tienen porque los médicos de guardia no se los confeccionan. Si un nene falta cinco días le mandamos la maestra hospitalaria, pero si no puede justificar las faltas no podemos hacerlo y pierde la continuidad pedagógica”.
Desbordados
Ubicado en las Maitén y Alto Río Senguer, el Centro de Salud “René Favaloro” fue inaugurado en octubre de 2011 a partir de una inversión de 3 millones de pesos por parte del gobierno provincial y fue construido para brindar atención médica a los vecinos de los barrios aledaños y de los asentamientos. En su año de inauguración atendía unas 1900 consultas mensuales, pero casi cuatro años más tarde parecería ser que la falta de recursos humanos, materia prima del área medicinal, impiden que haga frente a la alta demanda de los vecinos con problemas de salud, principalmente en época invernal.
Poca custodia policial
El otro problema es el sector donde está ubicada la escuela y la falta de prevención policial en esa zona. “Hay una patrulla que pasa cuando la llamamos, pero también está en el barrio San Miguel cuando los vecinos necesitamos tener de forma permanente una custodia. Principalmente, porque el barrio se está extendiendo y se generan muchos conflictos. Ha habido casos de robos y vandalismo en el jardín y en otras instituciones, pero cuando reclamamos nos dicen que no hay personal. La policía comunitaria es amorosa, pero no tienen gente. Necesitamos tener un móvil o un equipo de dos o tres personas que cuando las llames estén en el barrio”, comenta Verónica López.
Falta de señalización
Como la mayoría de las calles son de tierra, la ausencia de lomas de burro, principalmente en la zona de escuelas, impide que sea regulada la velocidad con la que circulan los vehículos. Tampoco existe personal de tránsito en la entrada y salida de tales instituciones, lo que convierte al área en una bomba de tiempo en lo que a accidentes de tránsito se refiere. En 2013 en las inmediaciones del barrio Pujol, Maximiliano Ayala, de un año y medio, fue atropellado por una camioneta F100 que circulaba a velocidad media y falleció en el acto, provocando la reacción de vecinos que intentaron agredir al conductor. A dos años del hecho que fuera calificado como “homicidio culposo”, sigue sin haber un sistema de señalización en la zona y ello obliga a los padres a prestar especial atención cuando llevan y retiran a sus hijos de la escuela.
Animales sueltos
“Hay una gran cantidad de perros sueltos, la mayoría son grandes y andan por la calle dando vueltas. Algunos funcionan como la alarma de los vecinos y no está mal, pero ya tuvimos casos de personas que fueron mordidas”, sostiene la directora y asegura que se realizaron denuncias al municipio en varias ocasiones: “Las perreras lo saben y la municipalidad también, más que hacer una denuncia es suficiente con dar una vuelta por el barrio. Estos perros tienen que estar vacunados, atendidos y muchos adentro de la casa, principalmente en la zona de chacras, donde hay animales que a veces ‘meten miedo’”.
En la niebla
El barrio Pujol II, desde la calle Trevelín hasta la zona de chacras, aún no cuenta con una junta vecinal, pero la iniciativa de un grupo de vecinos, en conjunto con la Escuela 464 prevé formarla en los próximos meses, la cual funcionará dentro del jardín hasta que consiga una sede propia.
La acefalia en cuestiones de salud, tránsito y seguridad parecería querer ser solucionada por los vecinos antes que por las autoridades, mientras los vecinos viven, día a día, rehenes de servicios que sobran en la ciudad y parecen faltar en donde más se los necesita.
Construyen un Centro de Operaciones Municipal
Sobre las calles Perú y Jamaica, del barrio Pujol II, se desarrolla la construcción del Centro de Operaciones Ministeriales a cargo de “Jóvenes con una Misión” (JUCUM), un movimiento internacional presente en varias provincias argentinas. A partir de una inversión de 1 millón de pesos en el marco del programa Invertir Igualdad, la organización que cuya sede funciona en Parque Ecológico “El Doradillo” lleva a cabo desde mayo la construcción del centro que tendrá, entre otras funciones, la extensión de las actividades administrativas de JUCUM. “Ya está construido el nicho para el gas y el resto de los servicios seguramente se vayan sumando mientras avance la construcción”, asegura Moisés Ávila, referente del grupo de diez jóvenes que participan en los trabajos de albañilería, de lunes a viernes, desde tempranas horas de la mañana hasta las seis de la tarde. “Desde el municipio nos suelen convocar para construir muchas cosas, por ejemplo corredores escolares, y desde El Doradillo se nos complica el traslado. Estamos con muchas necesidades de presencia y por eso estamos construyendo el centro, para que nuestro trabajo sea más fácil. Antes estábamos en Quinta El Mirador y ahora ya no tendríamos que alquilar nuestro espacio en ‘El Doradillo’”, sostiene Ávila, quien se muestra confiado en que el Centro de Operaciones será inaugurado en noviembre, seis meses antes del plazo estipulado para su terminación.
“Como muchos de los estudiantes que participan de nuestra organización vienen de otros países, una vez que esté listo el Centro los vamos a poder recibir acá. También, tenemos escuelas intensivas que duran una semana y podrían realizarse acá”, agrega el joven y afirma que también se llevarán a cabo en la nueva sede las reuniones del Consejo Pastoral, cuyo presidente, Jorge Ríos, es también director de JUCUM Patagonia en Puerto Madryn.