La Casa de la Mujer, un lugar de contención frente a la violencia de género
A partir del reciente caso de abuso a una joven en la zona costera, la comunidad se ha visto más fuertemente sensibilizada en la lucha contra la violencia de género en Puerto Madryn. Son varias las entidades que, día a día, combaten un flagelo que afecta a mujeres de todo ámbito y clase social. El 25 de noviembre se cumplirán veinte años de la fundación de la Casa de la Mujer, una ONG ubicada en el centro de la ciudad que asiste a mujeres víctimas de la violencia en todas sus variantes. La Casa no recibe subsidios de ningún tipo y actualmente se sustenta a través de donaciones, aportes propios y una feria de ropa, además de los talleres que se realizan y sustentan parte de las actividades y funciones diarias.
La organización recibe entre una y dos denuncias diarias por situaciones de violencia de género, cifra que asciende de 30 a 60 casos al mes y se asemeja a las 70 denuncias que la Comisaría de la Mujer recibe mensualmente.
Quienes sostienen las paredes de la Casa brindan acompañamiento y asesoramiento legal y psicológico a mujeres en situación de riesgo, violencia, violación y abusos de cualquier tipo. También, coordinan esfuerzos con varias entidades, entre ellas la Dirección de Equidad y Género y el Observatorio de Género.
“El hecho que esta organización exista es por falencias de los gobiernos municipales, provinciales y nacionales que no cumplen con su rol, a quienes no les interesan las temáticas sociales sobre las cuales nosotras estamos trabajando. No podemos festejar demasiado los veinte años porque nuestras problemáticas no son para festejar. Sería mejor que la Casa de la Mujer existiera para dedicarse a otros temas como nos había interesado en una primera instancia, cuando nos dedicábamos a temas como políticas de la mujer, salud reproductiva, capacitación en control de cáncer de cuello de mama y cuello uterino, debatir en Cámara de Diputados o Concejo Deliberante sobre las leyes que nos puedan beneficiar y conversar sobre equidad laboral. En estos momentos, lo urgente es trabajar sobre la violencia y cada vez estamos más compenetradas con esta área por la inacción y falta de consciencia real de otras instituciones”, manifiesta Miriam Sosa, una de las fundadoras y representante de la Casa de la Mujer.
La batalla con la Justicia
La provincia del Chubut adhiere, hace años, a la Ley 26.485, Ley Nacional de Violencia Contra la Mujer, pero con algunas modificaciones. Al respecto, Sosa afirma que “en esto estamos aún debatiendo y exigiendo que se trabaje con la Ley Nacional en todas sus medidas, porque hay cosas en las cuales se debería trabajar a conciencia para que no pasen estas cosas, como por ejemplo los casos de los golpeadores, en el cual el juez insta en ocasiones a que se haga una terapia, cuando debería exigirlo. Si bien nosotras solicitamos la exclusión del hogar y la prohibición de acercamiento a la víctima, el golpeador tarde o temprano se busca otra víctima y todo se convierte en una cadena. Esto no se soluciona si no hay una terapia a conciencia por parte del victimario, que debe ser una de las exigencias a realizar por parte del juez para que luego haya un seguimiento sobre la terapia que sigue y dónde la realiza, además de un monitoreo. Siempre trabajamos sobre la víctima, pero la Justicia también debe hacerlo sobre el victimario”.
La representante de la Casa de la Mujer también arremetió contra la hipocresía política, al reclamar que “de una vez por todas, la cuestión de la violencia se debe tomar a conciencia, desde los lugares estatales deben cumplir con los funciones y no llenarse la boca, en épocas electorales, con las problemáticas de género y haciendo acompañamientos en las marchas, si realmente no hay una bajada de presupuesto para que esto se trabaje realmente bien. No hay un presupuesto a nivel provincial para las comisarías, en donde faltan móviles o no cuentan con las condiciones de seguridad para funcionar bien; incluso habría que ver si se dispone del personal necesario para combatir este tipo de casos y si se cumplen los pasos para encontrar soluciones.
Murieron más de 1800 mujeres desde 2008
Las cifras que Sosa describe resultan alarmantes. En siete años, fueron asesinadas en Argentina 1808 mujeres; 277 casos fueron femicidios, en los cuales 73 mujeres fueron baleadas, 68 apuñaladas, 54 muertas a golpes, 14 estranguladas, diez ahorcadas, nueve incineradas, nueve asfixiadas, ocho degolladas, seis por distintos traumatismos, dos ahogadas, dos muertas con hacha y machete, una descuartizada, una por inacción, una por sobredosis de insulina y diecinueve por causas desconocidas. De acuerdo a los informes hay, en total, 330 hijos e hijas que han perdido a sus madres en este tipo de situaciones. Tristemente, Puerto Madryn encabeza la estadística provincial de denuncias por violencia de género desde febrero de 2015.
Vencer el miedo
La Casa de la Mujer acompañó a los vecinos y familiares que marcharon el sábado 11 de julio, en reclamo de justicia por la joven de 20 años atacada sexualmente en la zona del monumento al Indio Tehuelche. “Este tipo de marchas deben ser convocadas por toda la sociedad, porque nos puede tocar a cualquiera de nuestras hijas, nietas e incluso a nosotras mismas. Más allá de las manifestaciones, tiene que haber un compromiso político, porque nosotras marchamos pero en las esquinas siguen habiendo hombres que se creen con derecho a cosificarnos, tomarnos como objeto y hacer de nosotras lo que quieran. Esto es parte de la estructura tradicional en la que el hombre cree que la mujer es un objeto que se puede tomar y usar cuando se quiere. Somos seres humanos que tenemos derechos, que podemos elegir y andar por la calle vestidas como queremos sin que eso les permita a los hombres usarnos como algo público. Muchas veces las violaciones se dan dentro del hogar. Hoy en día, la mujer ha tomado más conciencia, hay una mayor capacitación donde le decimos que el silencio no es salud, que deben hacer la denuncia cuando las golpean. No hay que tener miedo de andar en las calles”, sostiene Miriam Sosa.
Cómo se controla a los violentos
El trabajo en la Casa no termina cuando se realiza la denuncia en la Comisaría de la Mujer. Además del acompañamiento, las integrantes de la ONG asesoran a las mujeres víctimas de la violencia con respecto a la Defensoría Pública, la cual según Sosa “no siempre actúa de la manera correcta”. También, se asesora en cuanto al funcionamiento de la Justicia y el pedido de la mantención para los hijos, el régimen de visitas y, en algunos casos, el proceso para exigir los “rondines” (ruedas de patrullaje) cuando pesa una prohibición de acercamiento sobre el victimario.
Muchas veces las medidas de protección no se cumplen, “entonces la mujer tiene que volver a llamar al #101, avisar que el hombre se está acercando y, si hay móviles y personal disponible, acuden al pedido. Mientras tanto, ella corre el riesgo de que vuelva a ser golpeada” relata Sosa, haciendo referencia al hecho sucedido hace dos semanas en el barrio Presidente Perón, donde el hombre que había sido previamente detenido por golpear a su mujer violó la medida de prohibición de acercamiento y, en plena vía pública, volvió a golpearla. Fue detenido en el lugar y se le estableció una prohibición de acercamiento por seis meses, pero “de todos modos tendrán que realizarle el debido seguimiento porque, cuando se cumpla el plazo, seguramente quiera volver a la casa. No se pude realizar un monitoreo o un debido control si no se tiene en cuenta al victimario”, describe la referente, además de destacar un sistema utilizado en Buenos Aires, en el que a los hombres violentos se les coloca una pulsera que emite una alerta a la comisaría más cercana, cuando éste se acerca al lugar donde se estableció la prohibición. “Creo que estamos lejos de esas acciones, porque se necesita mucho presupuesto para llevarlas a cabo y para que haya un sistema de monitoreo en la comisaría”, se lamenta.
La batalla contra la burocracia
Miriam Sosa describe que, hace pocos años, se había conformado una red de trabajo con la Comisaría de la Mujer y se había llegado a un acuerdo para utilizar una sola ficha de atención para las mujeres violentadas. Esto facilitaría los trámites en los distintos organismos, dado que cualquier organización que recibiera a una víctima de violencia de género podría trabajar en conjunto con la Comisaría, la Defensoría Pública y la Fiscalía. De este modo, la mujer no se revictimizaría al tener que describir la situación vivida en cada una de las instituciones. El proyecto para que todos los organismos tengan la misma información, con apoyo de los medios digitales, lamentablemente nunca fue ejecutado. La referente de la organización manifiesta que, según su propia opinión, “mucha gente descree de las instituciones gubernamentales y acude a las no gubernamentales. No es porque el personal sea inoperante o inactivo, porque hay gente con voluntad y con ganas de hacer cosas, pero la decisión no es de ellos”.
Concientización
“Como somos pluripartidistas y no hay un compromiso con nadie, nos manejamos con los propios fondos que generamos”, aclara Sosa. En la Casa de la Mujer se realizan varias actividades dictadas por profesoras, por ejemplo talleres de gimnasia, yoga, inglés, tejido, canto, tango y guitarra. Además, desde junio se llevan a cabo tres talleres municipales, que aportan un margen de ganancia necesario para el pago de los servicios básicos del establecimiento, ubicado en la calle Bartolomé Mitre 384. El taller más concurrido es “Mujer de la Bella Luz”, un espacio de reflexión y autoayuda en el cual se trabaja haciendo terapia grupal junto a una psicóloga, acompañando la jornada con musicoterapia. También, la organización dicta charlas en diferentes entidades de la región, como por ejemplo jornadas de concientización sobre VIH, Sida, prevención de enfermedades de transmisión sexual y violencia en el noviazgo.
La Casa de la Mujer abre sus puertas de lunes a viernes por la mañana y la tarde, pero la agenda de actividades no se limita a la disponibilidad del calendario, sino a profundizar un cambio cultural que se refleje en las prácticas cotidianas de una sociedad más justa para con las mujeres que la integran. Para que, en menos tiempo del esperado, la frase “Ni una menos” se refiera a una parte oscura de nuestra historia y no a un pedido diario de auxilio.