Con bajas temperaturas y sin servicios, cómo es vivir en los asentamientos

Al transitar los barrios de Nueva Chubut, Nueva Esperanza, La Arboleda y Alta Tensión de Puerto Madryn, es difícil trazar un común denominador de la calidad de vida, principalmente por la ausencia de servicios en la mayor parte de los asentamientos. La delgada rutina de la supervivencia se hace cada vez más difícil, en tanto la temperatura desciende y el límite entre padecer el invierno y protegerse de las bajas temperaturas depende de cuánto dinero se tenga en el bolsillo.

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“Con la garrafa social se puede aguantar dos o tres días pero, para una familia con varios chicos, dura menos que eso”, lamenta Claudio, residente del asentamiento Nueva Chubut que construyó su casa hace 9 años y, tras un plan de pagos accesible, pudo adquirir el terreno del cual posee la escritura. “Cuando se acaba hay que salir a comprar otra (garrafa) y los precios son altos, más de 100 pesos cada una. Es imposible para una persona sin trabajo tener ese gasto”, agrega.

Colgados

A través del Programa de Mejoramiento Barrial (Pro.Me.Ba) y partiendo de una inversión de más de 45 millones de pesos, la empresa Fabri comenzó en mayo el proyecto para urbanizar la totalidad de los asentamientos a través de la instalación de una red eléctrica y de agua potable, así como también la presencia de cordones cuneta (actualmente en obra desde la calle Maitén hasta la calle Bolivia) y muros de contención aluvional para evitar el impacto ambiental y las lluvias, que agravan la situación de los vecinos cuyas calles son en un noventa por ciento de tierra y tienden a inundarse con frecuencia.
Tanto los habitantes como las nuevas familias que se instalan en los asentamientos dependen exclusivamente de establecer conexiones alternativas al agua, y la electricidad; es decir, “colgarse” de los servicios a falta de una respuesta a las necesidades principales y teniendo en cuenta que la ejecución de las obras planteadas llevará más tiempo que los tres meses que durará el invierno.
“Yo tengo una estufa a leña, que es más sano. La garrafa es un peligro, sobre todo por los chicos”, afirma Claudio Chirivino, referente de La Arboleda y que hasta hace quince días trabajaba en el rubro de la construcción y ahora está desempleado. “Tengo una hija que sufre de broncoespasmo y en invierno es cada vez más complicado cuidarla”, sostiene y asegura que “una de las cuestiones más graves es la falta de electricidad. Hoy estamos todos colgados y eso hace que haya baja tensión en los barrios. Uno de los vecinos tiene un lavarropas automático y no lo puede hacer andar, además de que todo el tiempo se queman electrodomésticos por las idas y venidas de la tensión. La luz es como una vela acá. Nosotros pedimos que nos instalaran todos los servicios porque los queremos pagar, queremos que nos regularicen todo”, reclama el referente barrial.

Inseguridad

En el límite entre Nueva Chubut y La Arboleda, dos iglesias evangélicas sirven de contención para los creyentes; al igual que el resto de las construcciones, están protegidas por un alambrado. Es que la delincuencia, además del frío, es uno de los flagelos que acecha los barrios y cada vez que se acude a la policía “tarda al menos una hora en llegar”, manifiesta uno de los vecinos, de 19 años, que fue testigo de cómo saqueaban por tercera vez la despensa ubicada en la intersección entre las calles Perú y Río Mayo. “Hay grupos de chicos que aprovechan cuando saben que la gente no está en la casa o cuando los negocios están cerrados, y entran a llevarse todo”, esgrime y se lamenta de que todo llegue tan tarde allí. A dos cuadras comienza el barrio aledaño Pujol II, que presenta una leve urbanización aunque, en definitiva, padece los mismos inconvenientes que los territorios cercanos.
Las despensas y los talleres mecánicos no abundan pero están presentes en varios puntos del conglomerado, aunque aquello que prima son las casas de material con techos de chapa y más de un centenar de perros que deambulan por el territorio, custodiando cada esquina.
Demográficamente, los asentamientos albergan tantas familias locales como extranjeras y de otras provincias; Jujuy, Salta y Corrientes son tan sólo algunos de los destinos de quienes parten hacia la otra punta del país para encontrar un lugar en donde quedarse. Muchas de las familias, que suman casi el millar, provienen de Bolivia y Perú y constituyen un núcleo tan extenso como el de los residentes de la provincia con quienes allí conviven.

Lento es el camino

En los asentamientos de Nueva Chubut, Alta Tensión, Nueva Esperanza y La Arboleda, prima la esperanza de que los servicios que hace tiempo escasean lleguen en tiempo y forma para garantizar la calidad de vida de los grupos más vulnerables, como las familias con hijos pequeños y personas de la tercera edad.
La inversión de 46 millones de pesos promete un enripiado de calles, plazas, contenedores, una ciclovía y un playón deportivo, además de una red eléctrica y de media tensión y alumbrado público, todas ellas obras que fueron presentadas a los 5000 vecinos durante una asamblea pública a fines del año pasado y que avanzan semana a semana, esperando concluir lo antes posible frente a las necesidades de los vecinos. Entre ellos se repite, cada vez más seguido, la misma frase: “Habrá que pasar el invierno”.

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