‘Barbie Factory’ hizo explotar El Galpón de la Escalera

barbie factory (3)¿Qué podría salir si mezcláramos un disco de ska, con un poco de chacareras, algo de canciones tradicionales mexicanas y otro tanto de varieté?, es probable que no una presentación de Barbie Factory, pero seguramente algo muy parecido.
Este último fin de semana, en el teatro de Puerto Madryn El Galpón de la Escalera, sucedió algo que muchos recordarán los próximos años, la banda Barbie Factory realizó una de las mejores presentaciones de los últimos tiempos y no haber estado cualquiera de esos esos dos días supondrá haberse perdido un hito en la música de la ciudad del golfo.
Con una puesta en escena digna de las mejores bandas nacionales, Barbie Factory, integrada por Emi Bordenave en guitarra y voz, Barbara Prosperi en piano y voz, Eze Canosa en bajo, voz y programaciones y Joaquín Cerbán en batería, sintetizó en poco más de una hora un set impecable y ajustado con las dosis perfectas de ritmo, intimidad, virtuosismo y teatralidad; en otras palabras, un show que la ciudad necesitaba y que seguramente les reportará un futuro más que promisorio.
La producción se complementó con el maquillaje de Sarita Roccato y Ana Laura Simonovich, Zoe Rios en las luces, Pablo Roqueblave en la operación de sonido y Alexander Delarr en el vestuario.

Siempre arriba

Durante toda la noche, la voz por momentos cálida y por otros alarmante de Barbie se acomoda a la de Emi mostrando que sin dudas ya son años los que los llevan por las mismas rutas musicales, especialmente cuando se enfrentan a ese piano a cuatro manos en el tema Pedales. Y la suma del Piojo Canosa en mucho más que un artista en el bajo, le da un vuelo musical interesantísimo a esta nueva banda madrynense que ya ha dejado de prometer para empezar a mostrar lo que realmente pueden ofrecer. Sin dejar de mencionar la base ajustada de Cerbán, que sostiene el ritmo de la banda.
La performance fue viboreando entre el rock más duro, pasando por el ska y el funk y de repente por una antológica chacarera de la vendeta o la dulcísima, por momentos, La Bruja, ese inesperado son jorocho veracruzano en medio de esta meseta patagónica.
Tal vez el único momento cuando el espectáculo entró en un pequeño bache fue cuando encararon una cumbia villera, no tanto por lo apretado que se sintió su agregado en el repertorio, sino porque no sonó como el resto de los temas, acomodado a un sendero sinuoso, sino más como una parodia musical innecesaria.
Pero la banda sale airosa hasta de estos pequeños traspiés, con una contundencia escénica y musical pocas veces vista por estos lugares y que se celebra desde el lado del público madrynense, siempre ávido de nuevas experiencias y más cuando resuman calidad como la de Barbie Factory.

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