Papá y la revolución están ahí
Ayer el acaramelado festejo a los papis me contrastó largamente en una reflexión de un hijo que se resistía a hacer el asado “porqué, si en definitiva no hay día del `hijo´ como tal?”, decía, y algo de eso se me representó en el mito que entrama la concepción propia y también social. Los festejos de `días´ vienen de arrastre prehistórico y servían para celebrar, pero también para invocar la continuidad. Si mamá era la tierra, papá era el sol…
Buscar el paternalismo es un modo de reconocer nuestra autoreferencia-yo, después de todo. Ese tipo raro que fue Freud (1) que nunca le perdonó a su papi decirle `Schlomito´, describe impecablemente los cuatro tipos de elección narcisista: lo que yo desearía ser, lo que yo soy, lo que yo fui, lo que ha salido de mí mismo.
Todo se reduce a la forma de conjugar el verbo “ser“: Yo fui, Yo soy y Yo seré y ahí nomás empieza el quilombo: la imagen especular en el padre se complica respecto al `yo seré´. Es que papá y mamá proyectan en vos, esa `pequeña majestad´, en el ser omnipotente e ideal que ellos hubieran anhelado ser. Y luego, si por pucha se rompe ese equilibrio narcisista, arranca el trauma, base de todo despelote del vínculo parento-filial.
En política no es muy diferente. El gobierno paternalista protege y cuida a sus `ciudadanos hijos´ limitando en todos los sentidos sus libertades y en contrapartida aumenta su poder de decisión porque considera que es el único capaz de cuidar como se debe los intereses del pueblo. En este sentido cualquier resolución que se tome no podrá ser apelada por la gente, sino simplemente acatada.
En el discurso y los gestos el líder político paternal se muestra cariñoso y cercano al pueblo pero claro, no le tiembla la mano a la hora de cercenar sus derechos y voces si es que los mismos lo contradicen, porque considera tal como un padre lo hace con su pequeño hijo, que no están preparados ni capacitados para resolver las cuestiones de estado: `Te doy más participación, pero menos decisión´
En la Argentina, el “paternalismo” no se da con estos ribetes extremos, pero sin embargo es una característica nuestra no superada y sus orígenes se remonta a los albores de la Patria. El ejemplo más sobresaliente se podría decir que arranca con Rosas, un caudillo ordenador y paternal que llena el vacío de poder generado por las guerras intestinas del siglo 19. Un paternalismo que se clavaría como espina (de Rosas) en los partidos políticos modernos. Y donde no sólo la espina tendría que ver con el populismo sobredimensionado hasta convertirse en traumático. Yrigoyen no sería menos papá, pero nunca tanto como el generalísimo Perón.
El bueno de `Schlomito´(1) diría que “la paternidad
es como un salto cultural histórico de enorme importancia, ya que establece una relación
directa entre función paterna y la prohibición del incesto como fundante de la cultura”. Y ojo no confundir con el amor idealista a Eva, los bajos instintos aplicados a Isabel, o la entronización de Cristina.
Chouhy ayuda a salir del laberinto sexual y cita que un padre, en definitiva “promueve la salida de los hijos de la familia y les permite emanciparse y
generar un proyecto propio, es decir asegura la apertura de la familia al grupo social”. Pero ojo, `a mayor déficit de función paterna, mayor perturbación del proceso de emancipación´. ¿Será por eso que de tantos paternalismos, no terminamos de crecer?
Entrarle al mito freudiano y paternidad de la Argentina moderna, es una forma de decir que no se trata de nadie en particular sino que la cosa ronda sobre una posición, porque “el padre es la posición de la ley que trata de imponerse sobre la inicial relación dual del goce absoluto mantenida por la madre y el hijo o la hija”. Y no me vengan con Máximo vicepresidente porque ya avanzó el `Chino´, que es el padrastro de todas las ideas.
Regenerar la conciencia
Un tipo que he leído y no me acuerdo como se llama una vez se preguntaba ¿por qué `El matadero´ fue publicado a más de treinta años de su redacción?
Aparentemente Juan María Gutiérrez lo publicó en la Revista del Río de la Plata porque el ambiente inmundo del matadero coincidía con la situación de insalubridad de Buenos Aires entre 1867 y ´71 y por lo tanto servía para justificar obras de infraestructura emprendidas por el gobierno de Sarmiento. Pero también porque recuperar la historia de Rosas permitiría difundir el planteamiento moderno del Estado. De allí que el cuento fue usado como hito para marcar el fin de una etapa y el comienzo de otra, opuesta a la de Rosas: la civilización unitaria.
A la luz de la biografía de su autor, Esteban Echeverría, de su manifiesto Dogma socialista, de la historia argentina coetánea y la teoría del trauma del asesinato del padre y el retorno de lo
reprimido de Freud en Moisés y la religión monoteísta,
el cuento fundacional `El matadero´ no sólo es la ficcionalización de la vida del autor y de su credo
político, sino que es el evento fundamental para la regeneración de la conciencia colectiva argentina. Un librito que todos deberíamos desentrañar. La construcción psicoanalítica sugiere que el asesinato del unitario funda la nueva conciencia nacional unitaria del mismo modo que la muerte de Cristo lo hizo con el cristianismo. Ese cuento, hecho público recién en 1871, le sirve a Sarmiento tanto como su Facundo, para legitimar y fundar el proyecto de la modernización argentina de la época.
Una forma de reprimir el legado de Rivadavia y otros que encarnaba la Independencia y los ideales de Mayo plenas formaciones de lo inconsciente argentino, y de lo colectivo nacional, con el mito de la Revolución a la cabeza.
El asesinato del tercer padre el personaje “el
unitario”- no sólo es el retorno de lo reprimido del trauma del asesinato del primer padre
en lo inconsciente colectivo, sino que además es el evento que posibilita el nacimiento de una nueva cultura. Tótem y tabú de `Scholomito´, el trauma a través del retorno de lo reprimido: si la muerte del padre de la horda primitiva es el principio de la cultura por la imposición de la prohibición del incesto, las subsiguientes muertes de Moisés el Egipcio
y Cristo son repeticiones del trauma original.
La hipótesis de Freud es que el hijo menor era el que debía ocupar el lugar del padre. ¿Máximo diputado?
Del abrumador paternalismo de Perón al de Kirchner va quedando el inamovible trauma de la muerte paterna. Y la Señora, en mitad de la sustitución de los complejos nacionales.
¿Cómo nos repondremos de una década protectora? ¿Podremos superar los resabios de tanto lema educador? La incertidumbre entonces no es poca. Tampoco la evidencia de la inexistencia de un `heredero´ político ungido. Somos nosotros mismos, los hijos del líder al borde de la orfandad, los responsables de perpetrar el trauma o superarlo. ¿Te imaginás un nuevo papá como Scioli o como Macri? ¿O nos sobrevendrá el vacío de una adopción desafecta, que permita la añoranza eterna? ¿Y acá, te imaginás arropado por Buzzi o acunado por Das Neves?
Zizek, amigo de mi amigo el comandater, desenterraría en su magistral `asunto cosquilloso´ (4) un subversivo central para una verdadera política emancipatoria: la posibilidad del cambio en la perspectiva del sujeto político a través del conocimiento de sí mismo, independiente de su praxis, que suele cubrir o reprimir el acontecimiento-verdad. ¿Podremos arrollar chiquitito todo este entramado de lo que queremos ser e introducirlo en la ranura incierta de la urna? Vaya uno a saber. Lo único cierto es que ´la revolución está ahí nomás, en el vacío visible del orden imperante´. Como yo, en papá, no?
*Soy Juana de Arco, amiga de Juan de la Sota, fiel del Furia, seguidora de la Sombraonline y ceniza de tantos…
Fuentes:
1- Freud ( 1914) en Introducción al Narcisismo
2- Esteban Echeverría- El Matadero
3- Jorge Luis Borges- Historia de los ecos de un nombre
4- Slavo Zizek – The Ticklish Subject: The Absent Centre of Political Ontology