Oncología: Otro sector de Salud en crisis terminal

t21El sector de oncología del hospital Andrés Ísola vive una crisis edilicia y operativa pocas veces vista. Luego de que El Diario denunciara la intención de las anteriores autoridades del nosocomio de privatizar y tercerizar dicho servicio, los pacientes han vuelto al ámbito público, pero las condiciones en las que allí son atendidos distan mucho de ser las adecuadas.
Hoy el servicio de oncología tiene tres graves déficits: falta de recurso humano, carencia de un espacio adecuado para la atención de los pacientes y graves problemas edilicios que violan todas las normativas acerca del funcionamiento de un servicio tan delicado como el que atiende a pacientes con cáncer.

Problemas de cloacas

Actualmente, el servicio de oncología funciona donde estaba la guardia del viejo hospital, al que se accede a través de un pasillo que conduce al ala oeste del nosocomio. Al llegar allí empiezan los problemas, ya que unas enormes placas de madera tapan no se sabe qué rotura del piso, por lo que los pacientes con dificultades motoras se ven en graves problemas para poder trasladarse hasta el sector, al igual que si tiene que pasar una camilla. “Este lugar no debería estar en funcionamiento porque tenemos roto el pasillo, con una cobertura de placas de madera que no corresponde que estén ahí, porque acá asisten pacientes en sillas de ruedas, en camillas, expone riesgos para la gente mayor”, afirma Maximina Lamelza, médica oncóloga del hospital Ísola quien fue consultada por El Diario a fin de conocer el trabajo que realizan los profesionales del lugar.
La explicación de la doctora vino al caso porque antes de hablar de la enfermedad y las terapias, sintió casi necesario dar las explicaciones del caso sobre los problemas de estructura que observamos.

Otras `incorrecciones´

Una vez adentro, oncología comparte el sector con hemoterapia, algo que está totalmente prohibido por la ley, ya que ambos servicios son incompatibles: “Según la ley vigente de hemoterapia, no puede funcionar de ninguna manera en el mismo espacio físico que oncología, y según las normativas del Ministerio de Salud de la Nación, tampoco nosotros podemos funcionar acoplados en el mismo espacio físico que hemoterapia, o sea que se están vulnerando las normativas”. Pero eso no es todo, ya que ambos servicios comparten un mismo baño y que tiene graves problemas cloacales, porque al momento de apretar el botón, lo que debería irse vuelve generando un problema escatológico y de salubridad gravísimo: “Estamos flotando en la m…..”, expresa Lamelza, quien agregó que “el baño lo utiliza el paciente, el familiar del paciente, nosotros los médicos, los enfermeros y el personal administrativo. Esto ya fue planteado por escrito, se está viendo la posibilidad de hacer otro baño, pero este lugar no está diseñado para que siga estando oncología. Estamos en un sector sumamente crítico, que requiere mucho cuidado con la prevención de infecciones, este sector debería estar clausurado y habría que evacuar pacientes porque las infecciones pueden ocurrir y mucho más en pacientes inmunodeprimidos, pero el tema es que no tenemos otro espacio adónde ir”.

Un nuevo espacio

Ante esta situación, desde el sector de oncología vienen solicitando la construcción de un nuevo servicio, donde los pacientes puedan ser atendidos como corresponde. Actualmente, conviven en el mismo lugar los enfermos de cáncer y los donadores de sangre, y esta área cuenta con tres consultorios: uno para oncología, uno para hematología y otro muy pequeño para hemoterapia. Es por ello que la doctora Lamelza ruega a las autoridades hospitalarias y de la provincia que se construya un nuevo lugar para el funcionamiento del servicio, ya sea dentro del hospital o fuera del mismo: “Necesitamos un espacio físico para construir el servicio de oncología que tenga todo lo que corresponde, que tenga todo lo que pide el Ministerio de Salud de la Nación, desde consultorios para cada uno de los especialistas que están, necesitamos el ingreso del médico paliativista y conformar un equipo de trabajo, necesitamos otro oncólogo. Si nos dan un espacio físico dentro del área del hospital, como el playón donde estaba el antiguo estacionamiento, mejor, y si no sacarlo del hospital para que todo esto esté ordenado, porque es indudable que así no podemos seguir trabajando”. En el caso de que la provincia no responda a este pedido, Lamelza está analizando la opción de conformar una Asociación Sin Fines de Lucro o una Fundación junto con los pacientes y sus familiares para juntar dinero y poder encarar la construcción del nuevo servicio de oncología, lo que sería realmente patético que sean los propios pacientes los encargados de satisfacer sus propias demandas.

Sólo un médico

Por otro lado, desde diciembre del año pasado el hospital Andrés Ísola cuenta con un solo médico oncólogo, ya que la doctora Laura Ferreyra no pudo soportar el maltrato y la dejadez hacia el servicio y presentó la renuncia. En una ciudad con una importante cantidad de casos de cáncer, el hecho de que el servicio de oncología del hospital público cuente con un solo profesional es preocupante por dos motivos: por un lado, la falta de compromiso de las autoridades hacia los pacientes que tienen tan grave enfermedad, mientras que por otro lado, luego de la vuelta de los enfermos al sector público, crecen las sospechas de un boicot hacia el ámbito público y especialmente hacia la médica que denunció tal maniobra. “Desde diciembre de 2014 que la otra oncóloga se tomó una licencia y después presentó la renuncia, así que desde esa fecha el servicio está funcionando con un solo médico, que soy yo. La realidad es que la población sigue creciendo y no damos abasto porque el único recurso humano soy yo, hay más profesionales pero les tienen que dar entrada”, explica Maximina Lamelza. De hecho, el doctor Alfredo D´Agostini es uno de los oncólogos que podría ingresar al servicio, mientras que el médico paliativista es ya un reclamo histórico por parte de esta médica que pelea en soledad: “La realidad es que el paciente oncológico es un paciente que se debe ver de forma interdisciplinaria y es muy difícil abordar al paciente si uno no tiene el entrenamiento adecuado y eso lo veo frecuentemente con médicos que no están especializados y que les cuesta mucho atender a un paciente oncológico”.

Que no se enferme

Hoy por hoy, Maximina Lamelza atiende entre 10 y 15 pacientes por día y, según afirma, hace el trabajo que deberían hacer tres personas. La pregunta pasa por saber qué ocurriría si la única oncóloga del hospital se enferma o tiene algún percance que le impida trabajar. La respuesta es sencilla: “Si yo me enfermo, seguramente hay gente que se va a morir, porque no va a tener la asistencia necesaria del especialista”. Ante la falta de profesionales, en oncología se priorizan los pacientes que deben realizarse quimioterapia, quienes se controlan luego de dicho tratamiento y los que llegan por primera vez, mientras que los que deben hacerse controles rutinarios tienen que esperar entre tres y seis meses para ser atendidos. “Yo estoy muy agotada, esto ya lo hablé con las autoridades, porque siento que no puedo más. Lo hablé con el Instituto Nacional del Cáncer y el consejo es ´hacé lo que puedas´, pero esto es poco, porque la demanda de los pacientes es urgente. Yo le pido ayuda al ministro de Salud, le pido ayuda al ministro Garitano y al propio gobernador Buzzi para que esto deje de ser invisible, este es un problema que nos ataña a todos y toda la comunidad de Madryn está involucrada. Hace años que estamos pidiendo lo mismo y no obtenemos respuestas”, finalizó Maximina Lamelza, médica oncóloga del hospital Andrés Ísola de Puerto Madryn.

 

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