Literatura impresionista – Parte 4
Por Carlos Alberto Nacher
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El Impresionismo Literario (IL), si me permiten que siga poniéndome un poco pesado con esto, es una forma de expresión escrita que trata de desenmarañar la descripción del elemento escogido. Es decir, tiene un gran parecido con un diccionario, ya que busca la definición del elemento descripto, aunque en un sentido que depende totalmente del punto de vista del escritor observador y de la «impresión» que le produce al mismo el estado de las cosas vistas, escuchadas, olidas o tocadas al momento de ponerse a escribir.
Por supuesto que el diccionario da una idea mucho más exacta de las cosas, ya que es un texto hecho justamente buscando la exactitud de las definiciones. Éste no es el caso del IL, que busca más la esencia de las cosas que el valor aparente de las mismas, tal como es un cuadro pintado en comparación con una cámara de fotos de última generación. La cámara registra exactamente lo que se ve a través de la lente; el cuadro, por el contrario, registra más lo que se siente que lo que se ve.
Acá va otro ejemplo, en homenaje a Tolouse Lautrec:
Puerto Madryn Cuatro (Puerta e interior de un cabaret, Invierno de 1986, 2.00 AM)
“La terminal se esconde tras el viento espeso y terroso, que comenzó a arrancar ramas, que ahora agonizan en la avenida y que esperan que las ráfagas más fuertes las acuesten finalmente en el mar cercano. La noche es de perros, sin embargo no se ve ninguno, salvo uno que está hurgando en una montaña de residuos desparramados en la esquina y que mira con miedo a esta noche devoradora de perros.
Afuera los árboles están en silencio; es para escuchar las repetidas conversaciones del cabaret, cuyas letras escritas en violeta en la pared blanca del frente hacen juego con las pinturas de labios.
Adentro, corre la sangre entre las venas y el alcohol en las gargantas, la música suena sin fin y tristes risotadas quiebran la cadencia de las ráfagas, que silban en el techo de chapa. Un par de medias corridas, reventando alrededor de piernas carnosas y exageradas, incitan a bailar a un parroquiano, que trastabilla por la necesaria falta de luz en el local, donde las mujeres transforman el aire frío de afuera en perfume tibio y sudor.
El perro, la bailarina, los árboles, las reidoras y los bebedores, están solos.”
Y el último:
El viento sopla entre las enramadas del bosquecito, como un violoncello que vibra en una melodía menor.
La luna de la noche cálida acompaña enamorados en la rambla. Bajo el golfo descansa una multitud acuática, desconocida y ciega. La luz artificial cae como un resplandor en la arena de la playa y gesta sombras largas.
Después de pensar todo el tiempo en la manera más rápida de obtener beneficios económicos y así lograr un estándar de vida acorde para gente como uno, para nuestro buei of laif, y una seguridad que nos permita dormir tranquilos aunque sea por un tiempo, después de pasar año tras año pagando el crédito del cambio de auto, nos damos cuenta que lo del párrafo anterior, grande y glorioso, no es patrimonio de nadie, todo lo contrario, es gratis, y lo peor de todo es que siempre estuvo allí y no lo vimos.
¿Le interesará todo esto al lobo marino aquel que está tirado, literalmente desparramado en un escalón metálico del muelle Storni, esperando el alba para bajar a comerse unos pescaditos?
¿Sabrán las ballenas que a unos pocos cientos de metros de donde están ellas, saludando a cualquiera con la cola o jugando al rango con los lobitos, hay unos tipos raros que andan preocupados por unos papelitos rectangulares, pintados y dibujados con colores opacos, y que estos pequeños, ehh, digamos billetes, se ponen solos frente a sus ojos y les tapan la visión del azul brillante del mar?
Una gaviota vuelve a paralizarse en el aire, alardeando de su perfecto equilibrio entre fuerzas tan poderosas como la gravedad y la velocidad del viento. Más arriba, un poco, no mucho para este universo imposible, un avión viene bajando suavemente, tan estático como la gaviota.
Desde allí Puerto Madryn es un collar de perlas en el cuello de una mujer esbelta, con piel de agua de mar, pechos de bardas y boca de golfo.
FIN