La corbata es lo de menos
Decía Wrigth que “los médicos tapan sus errores con tierra, los arquitectos con plantas y los abogados con palabras y papeles”.
La provincia del Chubut, más específicamente la ciudad de Trelew, está en la mira del país por una crisis institucional que raya en el escándalo.
La presunción de que se habrían estado aprobando materias y hasta recibiendo abogados truchos, merced a maniobras de algunos académicos de la UNPSB.
Salir bien de esta, significará velar por el futuro honor de los que vienen a la profesión en nuestras latitudes, así como garantizar una menor desesperación de los defendidos.
El allanamiento golpeador
Ayer mismo la Justicia Federal allanó la Facultad de Derecho y confiscó cinco computadoras donde figuran todos los analíticos de los alumnos recibidos en ese claustro. El tipo puesto en la mira es el abogado Pablo Pugh y quien salió a defenderlo, su amigo y presidente del Colegio de Abogados, el confeso Oscar Romero. Para quien, ante la duda tras la denuncia de las actas fraguadas,” lo primero que sucedió es que se pasó por alto lo que se enseña, respetar la presunción de inocencia”. “Esto puede considerarse un golpe institucional”, dijo el letrado.
Desenrollando su verdad
Se dice que la profesión mas antigua del mundo es la prostitución, pero lo curioso es que las primeras referencias la sitúan junto a la abogacía. Señala un autor que si damos un salto temporal hacia la Grecia clásica podemos recordar el abogado de la bella Friné, acusada de inmoralidad ante un Jurado popular. El abogado envolvió a Friné desnuda en una gran manta roja y la presentó de esa guisa ante el Jurado; mientras desarrollaba sus alegatos de defensa fue desenrollando la manta para mostrar la belleza de la acusada, que determinó su inmediata absolución por unos jueces dulcemente asombrados.
A modo de alegoría y volviendo a nuestra “Ciudad de Luis”, se podría decir que pese a las diferencias, Romero no tuvo mejor idea para defender a Pugh, que `desenrollar´ su propia verdad como muestra de males peores: su pasado de ladrón de bancos y financieras en el norte del país, delitos por los que cumplió algo de prisión y terminó fugado a Trelew, confesó.
La pregunta es ¿porqué blanqueó esto ahora el abogado que además ocupa un rol institucional como presidente de la casa de los letrados?
Tal vez por varias razones. La primera sería que Romero se identifica ante todo como un “defensor de la libertad” ante el poder y ante las presiones corporativas, por eso con el relato aguijoneó su primera naturaleza de autoinculparse antes que lo hicieran otros, demostrándoles que fallaron otra vez.
La segunda tal vez porqué el mismo es un egresado de la Universidad que se pone en dudas. “Llegué fugado en 1999. Me recibí en 2002. Hice una carrera rapidísima, de tres años. Porque la hice casi toda libre”, reconoció palabras más menos.
La tercera es porque el jurista considera que esa causa y condena fue de hace 17 años atrás por lo cual está prescrita y no lo afectaría en su rol institucional. “No hay causal penal ni estatutaria”, afirmó.
La cuarta podría ser que el hombre sigue considerándose un “Robin Hood” frente al sistema y por eso enrostra al presente, sus logros de violación de normas que logró en el pasado, como método internalizado y que le vendría dando éxito ante el conflicto.
¿Quién tira la primera piedra?
Todo esto ha sembrado sin embargo debates saludables y a logrado movilizar a los vecinos con interrogantes pocos habituales en comunidades chicas. ¿Es en definitiva el pasado evidencia para una condena sobre el presente y futuro? Probablemente no.
En Trelew, uno de los penalistas considerados más exitoso y más caro, arrastra en su haber una muerte y también se ha blasonado varias veces en haber arrancado así en la abogacía, ante la indefensión supuesta que vivensió. Hubo otros casos famosos y paradigmáticos: uno que no ejerce casi nunca como abogado, sino que aplica los vericuetos legales a los negocios, a excepción de aquella vez que logró ganar una carrera de autos luego de interponer una medida judicial para reclamar el tiempo de regularidad en que pegó las vueltas al circuito. O aquel profesor de Ética de la Facultad de Madryn que fue removido como camarista, luego de participar en un resonado juicio donde intervenía, y donde paradójicamente y pese a toda inconveniencia, mantenía además vínculos económicos con una de las partes.
En fin. Como decía un erudito “Un buen abogado encuentra la excepción a toda norma”. Sin embargo, no significa que de tanta confesión, se nos haga costumbre o más simpáticos los delitos o los casos que envuelven a nuestros juristas.
Hay algo que trasvasa la enfermiza soflama jurista sobre la legalidad, y es el abandono del valor de la legitimidad. Después de todo, algo que para las víctimas de los defendidos por el ´más caro, pero el mejor´; para los alumnos de Ética del profesor pesquero, para el público tuerca, como para los abogados que se matriculan en Trelew y a quien Romero entrega un Código de Ética cuando juran, resulta tan necesaria como el aire o la fe.
La pelea por el sillón
De esta crisis de legitimidad a partir del pasado delictivo confesado por Romero, es que se atendrían ahora quienes resistieron desde el inicio su gestión.
Es que Oscar Romero (lista Azul y Blanca) y Luis López Salaberry (Lista Azul) dirimieron quién sería el nuevo titular del Colegio de Abogados de Trelew, en junio de 2012 en una reñida elección donde participaron 199 de los 318 abogados matriculados en el Valle, y terminó empatada, con votos recurridos y finalmente definida en los estrados.
Ese grupo es el que ahora cuestionará la legitimidad de Romero al frente de un órgano que no permite fisuras –por lo menos desde el discurso- de naturaleza moral ni ética.
Romero, que inició su gestión el 1 de marzo de 2013 y culmina el 28 de febrero de 2016, ya anticipó sin embargo que no renunciará.
A propósito, si hay algo que recita el presidente en sus actos noveles es una parte de las Garantías para el ejercicio de la profesión que figuran en los Principios Básicos sobre la Función de los Abogados ONU Doc. A/CONF.144/28/Rev.1 p. 118 (1990), donde en su punto 20 dice “Los abogados gozarán de inmunidad civil y penal por las declaraciones que hagan de buena fe, por escrito o en los alegatos orales, o bien al comparecer como profesionales ante un tribunal judicial, otro tribunal u órgano jurídico o administrativo”.
Sin cuellos apretados
En definitiva la polémica recalienta temas como la existencia de una corporación judicial siempre en las sombras del poder, con tremendas luchas intestinas, que no creería en la justicia, sino solo en el proceso que permite resultados convenientes a nivel profesional.
En ese `paquete profesional´ estarían entonces los que cobran por callar, y los que cobran por decir. Unos mantienen el statu quo por conveniencias, otros patean el avispero por sobrevivencia. Mientras la sociedad comenzaría a tomar partido entre dos opciones enfermizas que deberíamos superar rápidamente, antes que la corruptela sea pandemia.
De hecho, ayer mismo Romero redobló la apuesta, y arrancó su clase como docente de Derecho con un saludo propio de un `border´ jugando al límite: “No sé si decirles buenas tardes o arriba las manos”, estampó ante la carcajada masiva de los estudiantes.
Los delitos no son simpáticos. Tampoco es joda que los futuros abogados de Trelew sean estigmatizados como “truchos” en el resto del país, y la búsqueda de empatía a costa de pulsar la transgresión de un grupo de estudiantes, al menos es preocupante viniendo de un jurista experimentado. Para decirlo en criollo, no parece ser lo mismo revelarse contra el uso de la corbata, que evadir la horca, no?
Como decía Galeano, “somos en definitiva lo que hacemos para cambiar lo que somos”. Pero hacemos…?
*Soy Juana de Arco, amiga de Juan de la Sota, fiel del Furia, seguidora de la Sombraonline y ceniza de tantos…