“Elecciones”
Por: Dra.Patricia Chambón de Asencio
www.patriciachambon.com
Me maravilla la posibilidad de estar conectada al resto del mundo desde mi computador. En pocos minutos recibo información de otros continentes, otros países, otras formas de ver la realidad que enriquecen y amplían la propia perspectiva, para abordar la realidad local.
Hay que destacar que la información llega a cada cual según los recursos que tenga para buscarla. Si alguien tiene su aparato de TV o radio sintonizado en la misma frecuencia siempre, está condicionado a percibir la realidad de una única forma. Obviamente, si así lo hace, ni sospechará la existencia de otras formas de ver lo mismo.
En estos tiempos del Tercer Milenio es fundamental ser conscientes de la relatividad en la percepción de nuestra realidad. Esta noción para observar el Universo surge a partir de los descubrimientos que la Ciencia ha hecho de nuevas leyes físicas que confirman antiguas cosmovisiones. Filósofos, historiadores, científicos y artistas están siendo instrumentos de este Nuevo Paradigma al cual la Humanidad está despertando. Aunque estas leyes físicas se han comprobado a nivel subatómico, estamos recién comenzando a descubrir cómo se manifiestan en nuestro mundo cotidiano.
Hay conceptos muy intrincados para explicar en una breve nota, sin embargo la síntesis de las conclusiones a que llegaron los científicos se puede resumir en una frase dicha por el Premio Nobel de Física en 1932, Werner Heisenberg: “La realidad objetiva acaba de evaporarse”. Esta expresión fue enunciada después de comprobar que las partículas de materia respondían a la intención del observador.
Si tenemos en cuenta este concepto, emblemático del Nuevo Paradigma, podremos recalibrar nuestros diferentes puntos de observación, nuestros “observadores”, para sintonizar las distintas frecuencias de nuestra realidad. Esto es fundamental. Porque al percatarnos de que lo que percibimos está condicionado por el “punto de observación” es que podremos abrirnos a otras visiones y ampliar la perspectiva. Cada vez que lo hacemos, el horizonte se amplía y se acrecientan las posibilidades para crear en conjunto.
Gracias a la maravilla de internet he podido escuchar y ver disertando a distintos líderes políticos del Mundo y de Latinoamérica, a periodistas, antropólogos y filósofos, que opinan y conjeturan acerca de la Humanidad y sus próximos pasos a seguir.
Lo que decanta de toda esta información y resuena en mi “receptor-observador” cada vez con más claridad, es que existimos en un Mundo Interconectado y lo que hagamos en él influye inmediatamente en nosotros mismos y en nuestro entorno. Lo llamativo es que en este accionar, la intención condiciona la manifestación y trasciende toda forma externa, organización o estructura. Repetidamente vemos individuos que trascienden, para bien o para mal, la estructura a la que pertenecen. Así es, la intención es la que organiza nuestra realidad física. Dependerá de esta intención, de esta “forma interna “, lo que hagamos con lo que el Universo nos presenta.
Así podremos decidir nuestro accionar desde una intención separatista condicionados por una visión segmentaria de la realidad o desde una intención integradora que se plasma en acciones inclusivas. Desde esta perspectiva, lo que va a ser definitorio es la intención que movilice al individuo y circunscriba su forma de ver la realidad. La intención deja traslucir la Lógica Interna que sustenta las decisiones que se toman día a día. Si la lógica se fundamenta en el miedo y remite a un mundo hostil donde hay que ponerse a salvo de amenazas permanentemente, se estará abriendo la puerta a la escasez, a la competencia desleal, a la explotación humana, a la tergiversación de la información, a la manipulación de multitudes sin consciencia, a la corrupción, a la guerra. Todas, experiencias que se relacionan con una visión hostil del Universo y que ya hemos explorado exhaustivamente.
Las estructuras externas, organizaciones o instituciones, nos pueden ayudar en el cumplimiento de una intención a través de un Reglamento y de las Leyes que lo conforman. Sin embargo, las estructuras por sí mismas no generan coherencia sino son sostenidas por individuos que con clara intención eligen ser coherentes.
La intención pertenece al ámbito individual, es interna. Es originaria de cada individuo que forma parte de un organismo, de una estructura, cualquiera que sea. La coherencia, surge de la elección de ese individuo de manifestar su intención en todo su hacer. Si esta coherencia individual no existe, no hay forma externa que la asegure. Ni el más férreo régimen, ha conseguido que así sea. Hemos visto pasar a lo largo de centurias revoluciones, reformas que nos han llevado a contra-revoluciones y contra-reformas…para volver una y otra vez a casi lo mismo. Demos un vistazo hacia unas centurias atrás, dejando de lado la escenografía pertinente con todos sus pormenores, veremos que estructuralmente se siguen repitiendo los mismos esquemas. Esos viejos esquemas que responden a una visión obsoleta de la realidad son los que ya no funcionan. Lo confirmamos día a día, con los ejemplos grotescos de nuestro entorno que todavía nos asombran.
Estamos en tiempos en que los discursos que responden a la vieja lógica del miedo, a la mirada escindida de la divergencia, ya no se sostienen. Dejan ver su incoherencia y se desmoronan por sí solos al confrontarlos con la palpable realidad.
Hoy más que nunca estamos habilitados para poder hacer nuestras elecciones y ser coherentes con nuestra intención. Hoy más que nunca podemos espabilar y hacer uso del aletargado libre albedrío. Si nos damos cuenta de cuál es la intención que nos mueve. Si somos conscientes de nuestro poder individual y de nuestra capacidad de transformarnos. Si nos percatamos que las elecciones no son un solo día, son a cada instante, cada uno de nuestros días.
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