Advierten que sin campañas es difícil saber el estado actual del recurso
En los espacios marítimos argentinos se distribuyen más de 100 especies de peces cartilaginosos como rayas, tiburones y quimeras, que son capturadas tanto a partir de pesca dirigida como incidental por las flotas comerciales.
Ana Massa estudia desde 1996 la evolución de estos recursos. “Hasta 1994 las rayas se descartaban. Luego apareció el interés del mercado y comenzaron a desembarcarlas”, dice la investigadora en su oficina de la planta baja del INIDEP.
Jefa del Programa Pesquerías de Condrictios, la bióloga en todos estos años fue testigo de las ondulaciones que evidenciaron los condrictios. El crecimiento hasta el pico histórico de capturas declaradas en 2008, con más de 46 mil toneladas, el dictado de medidas de manejo precautorias que disminuyeron el esfuerzo pesquero hasta la actualidad, con niveles promedio en 25 mil toneladas.
Massa explica cómo se integra el grupo de condrictios. “Las rayas son el grupo más explotado comercialmente, el cual está conformado por 32 especies diferentes. Dentro de este conjunto hay dos subgrupos importantes sobre los cuales se realiza el seguimiento de la explotación. Las rayas costeras que integran lo que se denomina “variado costero” y las de altura, que aparecen como fauna acompañante”, distingue.
Situación vulnerable
En el grupo de altura hay algunas especies de amplia distribución y que dominan los desembarques. La Dipturus chilensis (raya hocicuda/picuda), conocida comercialmente como “raya roja” es de fácil reconocimiento, tiene una alta frecuencia de captura y es la de mayor valor en el mercado. Tuvo pesca dirigida y es la más vulnerable por sus características biológicas.
Luego asoma un subgrupo costero integrado por la Symperygia bonapartii (raya marmorada); Atlantoraja cyclophora (raya de círculos, raya ojona), que presenta un estado vulnerable. La Rioraja agassizi (raya lisa) no es tan fácil de reconocer, también tiene una alta frecuencia dentro del variado costero y su situación es vulnerable. La Atlantoraja castelnaui (Raya a lunares, raya pintada), también es fácil de distinguir; muestra una alta frecuencia de captura y está en peligro.
“Todas presentan una alta vulnerabilidad biológica y debemos monitorearlas de manera permanente porque tienen bajo potencial reproductivo, crecimiento lento, prolongada longevidad. Sin campañas de investigación es difícil saber el estado a nivel de especie. Trabajamos con datos de Observadores y desembarques pero son limitados”, lamenta la investigadora.
Desembarques
Los desembarques en los primeros cinco meses del año ya acumulan más de 12 mil toneladas entre las que no tienen identificación, “rayas nep”, y las desagregadas en la estadística: raya de cola corta, hocicuda, lisa, marmorada, pintada. El año pasado, las rayas que no se identifican contabilizaron 15 mil toneladas. En el 2012 se habían declarado 13 mil toneladas.
“Trabajamos mucho en cartillas de identificación para mejorar la clasificación y si bien desde que comenzamos a trabajar en el marco del PAN (Plan de Acción Nacional para la Conservación y Manejo de Condrictios) se ha podido desagregar algunas especies, la estadística sigue siendo dominada por las rayas sin identificación”, revela Massa, que acaba de participar del Tercer Taller de Seguimiento del PAN.
La bióloga destaca el impulso que tomó la investigación de condrictios a partir de la elaboración del PAN. “Su estudio pasó a ser prioritario y se han ido cumpliendo objetivos planteados en el Plan. Nosotros no tenemos ninguna campaña específica para evaluar condrictios pero en todas las campañas que realiza el INIDEP se embarca un técnico para reconocer y adquirir datos biológicos de rayas y tiburones”.
Hay 55 especies de rayas
Lo mismo pasa con los Observadores, quienes fueron capacitados para mejorar el reconocimiento. Es un proceso lento y dificultoso. Todavía hay desconocimiento y confusión. Durante un tiempo los desembarques de raya hocicuda o picuda se contabilizaban de manera diferente con esos dos nombres, cuando en realidad referían a una misma especie.
“Hasta que la estadística no brinde certezas sobre la explotación de los recursos seguiremos evaluando el conjunto. Actualmente es normal que por cada cajón aparezcan entre 2 y 5 especies diferentes de rayas. Pero eso lo advertimos cuando podemos hacer relevamientos puntuales de desembarques”, remarca Massa.
Del lado de los tiburones, hay 55 especies en el Mar Argentino. Los de mayor interés de la flota son el gatuzo y el pez ángel, que integran el variado costero. El Espineto y el Pintarroja, que son capturados como fauna acompañante en otras pesquerías, no tienen valor comercial.
“Este grupo de peces tiene que ser especialmente monitoreado porque cumple un rol importante en la cadena trófica. Son predadores topes y una merma de alguna de las especies produce desequilibrios y altera el ecosistema”, subraya Massa y muestra la cartilla del tiburón sardinero.
Especies transzonales
El Lamna nasus es principalmente capturado por la flota congeladora y factoría que opera en la región sur de la plataforma continental. La lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) lo ha catalogado como “vulnerable” y está incluido como una de las especies monitoreadas por la Convención sobre del Comercio Internacional de especies amenazadas (CITES).
En Argentina está prohibido el aleteo de tiburones -remoción de las aletas con el consiguiente descarte del resto del cuerpo-; es obligatorio retornar al mar los tiburones mayores a 160 centímetros de longitud; está prohibido el uso de bicheros o ganchos para la devolución de los tiburones post captura; los ejemplares mayores a 160 cm que llegan muertos a cubierta deben ser declarados y debe darse aviso a los institutos de investigación.
“Muchas de estas especies son transzonales, transfronterizas y altamente migratorias y por lo tanto son monitoreadas por organismos internacionales”, señala Massa al tiempo que encarga que el artículo pueda ilustrarse con el folleto del tiburón sardinero. “Es una manera de concientizar a la comunidad acerca de la importancia de los condrictios en el ecosistema y su vulnerabilidad frente a la explotación y a los cambios ambientales”.
Fuente: Revista Puerto