«Para ir a Marte, antes tenemos que volver a la luna»
«Houston, tenemos un problema…» La legendaria alerta transmitida por James Lovell probablemente sea la frase más citada de toda la carrera espacial (con permiso del «pequeño paso para un hombre, y salto gigante para la Humanidad» de Neil Armstrong). Pero en realidad, el intercambio original fue un poco más largo. «Hey, Houston, hemos tenido un problema aquí», avisó el comandante del Apolo 13. «Aquí Houston, repite lo que has dicho, por favor», contestó el ingeniero jefe de la misión. «Houston, hemos tenido un problema», insistió Lovell.
Sin embargo, al final la versión abreviada de cuatro palabras que los guionistas de Hollywood pusieron en boca de Tom Hanks, quien encarnó a Lovell en la película Apolo 13, se ha instalado para siempre en el imaginario colectivo.
El mes pasado se cumplieron 45 años de este heroico episodio en la historia de la carrera espacial, que estuvo a punto de costarles la vida a Lovell y a sus dos compañeros, Jack Swigert y Fred Haise. Fue el 17 de abril de 1970 cuando aquellos astronautas, impulsados por ese temerario espíritu aventurero que Tom Wolfe bautizó como the right stuff («lo que hay que tener»), lograron amerizar en el Pacífico sanos y salvos, tras un drama trepidante de seis días.
«Al principio, no sabíamos exactamente lo que había ocurrido. Escuchamos una explosión, pero desconocíamos si era un problema serio», confiesa Lovell durante una conmemoración por el aniversario del Apolo 13. «Nuestra primera hipótesis fue que un meteorito había impactado sobre el módulo lunar, pero poco después nos dimos cuenta de que había explotado un tanque de oxígeno. Entonces miramos por la ventana y cuando vimos que el oxígeno estaba saliendo de la nave, sabíamos que el problema era muy, muy serio», recuerda Lovell, hoy un space cowboy jubilado de 87 años.
Fue necesario, por lo tanto, improvisar por completo un plan elaborado entre los astronautas y los ingenieros de Houston. La primera decisión inevitable fue abortar el aterrizaje previsto sobre la Luna, lo cual supuso un gran disgusto para Lovell y sus compañeros, que se quedaron sin cumplir el sueño para el que llevaban muchos años preparándose: poner sus pies sobre la superficie lunar. Sin embargo, no había alternativa: como la explosión había dañado severamente el módulo principal de la nave, la única solución fue convertir su vehículo lunar en un bote salvavidas. De esta manera, toda la energía y el oxígeno que se habían previsto para el alunizaje se aprovecharon como recursos de emergencia. Gracias a este plan B, cuya elaboración se retransmitió en directo ante millones de telespectadores, los tres astronautas pudieron regresar a la Tierra.
Hoy, al comandante del Apolo 13 le disgusta profundamente la situación actual de la NASA. La humillante paradoja es que tras haber ganado la carrera espacial al llegar a la Luna antes que los soviéticos, hoy la agencia estadounidense no tiene más remedio que alquilar una plaza en las naves rusas Soyuz para lanzar a sus astronautas, por el módico precio de 70 millones de dólares. Tras la jubilación en 2011 de sus transbordadores (dos de los cuales explotaron, provocando la muerte de 14 astronautas), ahora mismo EEUU no tiene capacidad propia para lanzar misiones tripuladas, aunque está desarrollando un nuevo vehículo para intentar llegar a Marte.
«Hemos perdido el liderazgo del pasado y la gran tragedia es que hemos dejado de inspirar a los jóvenes para que sigan nuestros pasos, como en los años del Apolo», lamenta Lovell. Pero a pesar de la crisis actual, esta leyenda viva de la carrera espacial está convencido de que la NASA remontará el vuelo, y para lograrlo tiene muy claro cuál debe ser el camino: «Necesitamos un objetivo y un compromiso firme. En mi opinión, lo primero que tenemos que hacer es volver a la Luna. Deberíamos desarrollar la tecnología y la infraestructura necesarias para poder viajar de manera rutinaria a nuestro satélite e instalarnos allí un tiempo. Sólo después, una vez que consigamos este primer objetivo, podremos aprovechar ese conocimiento para llegar hasta Marte».
Lovell, por tanto, se distancia del actual programa espacial de la NASA impulsado por Obama, que canceló el proyecto para volver a la Luna promovido por la Administración Bush, y en su lugar pretende enviar una misión tripulada a un asteroide antes de lanzarse a la conquista de Marte a partir de 2030.
En todo caso, el comandante del Apolo 13 tiene muy claro que no sólo EEUU, sino toda la comunidad internacional en su conjunto, debe seguir apostando por la exploración espacial. No sólo para conocer nuevos mundos y desarrollar tecnologías de vanguardia, sino también para tomar plena conciencia de lo que somos y de nuestro lugar en el Cosmos: «En el espacio me di cuenta de lo que realmente es la Tierra: un planeta que desde la Luna no es más que una bolita que puedes tapar con un dedo. Desde ahí fuera, el mundo entero, todo lo que conocía, cabía detrás de mi dedo. Fue entonces cuando nos dimos cuenta de lo realmente insignificantes que somos todos. Nos encontramos sobre un pequeño cuerpo, orbitando una estrella que se encuentra en el extremo de la Vía Láctea, y nuestra galaxia es tan sólo una de las miles de millones que hay en el Universo. Tenemos la increíble suerte de habitar un planeta en el que ha surgido la vida. Es un gran privilegio poder disfrutar de este mundo, que al fin y al cabo es como un vehículo espacial con recursos limitados. En ese sentido, somos todos astronautas a bordo de la nave Tierra».
Fuente: El Mundo