La selfie de la política
Desde hace numerosos discursos e intervenciones, el candidato a gobernador por Chubut Somos Todos, Mario Das Neves, no nombra a su presunto referente nacional, Sergio Massa. La última foto juntos fue en agosto, cuando el tigrense llegó para acompañar el lanzamiento del nuevo partido de Das Neves. Un flash que trascendió apenas y cautamente en la zona, y una instantánea que no se publicó prácticamente en ningún medio nacional. Después de eso…nada. Si hubo o hay reuniones reiteradas, Das Neves no las menciona. No faltan quienes opinan que en definitiva el chubutense considera la candidatura de Massa un poco inflada. E inclusive, que poniéndolos a la par en el barro, Mario le saca algunas cabezas de ventaja en términos de maña y experiencia política, más allá de la trayectoria del líder del Frente Renovador. Tampoco faltan las especulaciones sobre que no llegaría a fin de año la presunta alianza en función de una cercanía mayor con Scioli, con amistad incluida, un dato raro pero absolutamente posible que pondría en crisis todo el poco armado que existe en la Provincia, empezando con el del buzzismo, que podría perder el referente que adoptó.
Datos finos
Entre otras cosas, habría disgusto por lo poco que se trabaja y el modo en que se arma.
En esa línea, un análisis de Matías Garfunkel desde Infonews, le saca no una foto, sino una radiografía a Massa, que vale la pena analizar y agendar, para entender posibles desenlaces futuros en Chubut. Dice el columnista que “Hay una clave para entender la vida que no requiere de ser profesional en ninguna disciplina, ni politólogo, ni sociólogo, ni empresario: para alcanzar grandes logros hay que trabajar. El trabajo dignifica. El trabajo es la herramienta que conlleva esfuerzo, y ese esfuerzo nos brinda la conciencia inmaterial de valorar los intereses propios, pero por sobre todo las necesidades ajenas.
Hay que trabajar si se quiere alcanzar algo. Más aun si ese algo que se pretende es la Presidencia de la Nación, que es, ni más ni menos, que conducir los destinos de un país, y con ello los sueños y esperanzas de 40 millones de compatriotas.
Y tampoco se requiere ser filósofo, psicólogo o científico para entender que lo fundamental es predicar con el ejemplo. Ahora bien: cómo encaja en ese cuadro descriptivo la figura de Sergio Massa, el ex intendente de Tigre, que ambiciona ser presidente, que fue electo diputado, pero… que no trabaja?”, se pregunta Garfunkel.
Faltazos y algo más
“Días atrás se publicó un informe que reflejaba que el líder del Frente Renovador estuvo ausente en casi el 60% de las sesiones de la Cámara Baja donde se debatieron, y se sancionaron, leyes fundamentales con las que se puede o no estar de acuerdo; pero lo que no se puede estar es ausente.
Ejemplos de las incongruencias de un precandidato que anhela ocupar la máxima investidura son que:
En las sesiones en las que estuvo ausente, se trataron los proyectos de ley centrales como la ampliación de la moratoria jubilatoria, la modificación de Ley de Contrato de Trabajo y la transferencia a la Nación de inmuebles donde funcionaron centros clandestinos de detención durante la última dictadura cívico-militar.
Faltó Massa al recinto cuando se trató y aprobó la reforma del Código Civil. Fue el 1 de octubre último. Qué hizo ese día el dirigente ¿renovador?
Se retiró del recinto –junto al resto de su bloque–, eludió el debate y prefirió compartir un almuerzo en el Hotel Alvear, organizado por quien quedó segundo en las elecciones uruguayas, Luis Alberto Lacalle Pou, candidato del Partido Nacional que deberá medirse en el balotaje con Tabaré Vázquez, del Frente Amplio, ganador de la primera vuelta.
Pero hay otro dato central: Massa tampoco asiste a las reuniones de comisiones permanentes que integra en el Parlamento: Relaciones Exteriores y Culto, Seguridad Interior y Prevención de Adicciones y Control del Narcotráfico.
Fiel a su estilo devoto del marketing –siempre buscando impacto en sus acciones, recitando 30 slogans baratos cada vez que abre la boca– cuando juró como diputado, buscó mantener los bríos de su campaña y reclamó ser parte de la Comisión Bicameral de Seguridad.
Lo concreto es que cuando los flashes se apartaron un poco, un mes y medio después de su juramento en el Congreso, renunció a esa comisión que aún no había sido constituida formalmente.
Massa por estas horas enfrenta un dilema que lo debe desvelar: él y la sociedad ya percibieron que como fue estructurando su construcción política a lo largo y ancho del país no le alcanza para concretar su sueño presidencialista. Los armados regionales son escasos y en algunos casos, de tan oportunistas, se le ve la fecha de caducidad, una fecha no muy lejana.
«Sonrían»
Su foto con el senador radical Gerardo Morales o con el precandidato a gobernador en Tucumán, también radical, José Cano, no sólo contribuyeron para que el FAUNEN siga perdido en su laberinto, sino que también muestran el estilo cortoplacista de su armado electoral.
Massa, a diferencia de Mauricio Macri, no construye estructura propia en las distintas provincias. El macrismo, al menos, lo intenta más allá de las disparidades de los resultados de esa construcción. Hay ejemplos: La Pampa, Santa Fe, Córdoba, provincia de Buenos Aires.
Massa, en cambio, busca erosionar las estructuras ajenas, una rapiña al voleo, una instantánea, un ejemplo –parafraseando una película que hay en cartel por estos días– de «La política en tiempos de selfies». Esa instantaneidad no le permite siquiera ser un candidato ubicuo, liquido.
Es más bien un candidato que hace agua por varios lados: su discurso rupturista, sloganero, ya no prende. Los ciudadanos no quieren barajar y dar de nuevo.
Los gobiernos tienen aciertos y errores, y en el país se debe desterrar la peregrina idea de que cada diez años –año más, año menos– en la Argentina se vuelve a empezar de cero. Ya no hay margen para eso.
Incluso la región lo demuestra: el ejemplo fue la elección de Brasil, con Dilma Rousseff reelecta, y ella, en la misma noche de su triunfo electoral, destacó que habrá continuidad de sus políticas con cambios.
Todo indica que en Uruguay sucederá lo mismo en la segunda vuelta y que será Tabaré quien suceda a Pepe Mujica en la presidencia. Habrá continuidad y cambio. Previsibilidad en las gestiones.
En ese sentido, el gobernador bonaerense Daniel Scioli dio ejemplos precisos –algo que viene señalando desde hace años– de que su objetivo es ese, la continuidad de ciertas políticas fundamentales de esta última década, y con el valor agregado de apostar al desarrollo para los años que vienen.
Una lectura de época que parece que Macri, o sus asesores, han notado. Desde el PRO ya no se presentan como rupturistas, salvo algún exabrupto de Mauricio, como que ´habrá que construir un Estado`, una táctica que parece haberle dado resultados en los sondeos de intención de votos a un año de las elecciones, una foto del presente, dinámica e imprevisible.
Falta tiempo aún para definiciones tajantes. Pero teniendo en cuenta ciertos movimientos de la política de las últimas semanas no sería descabellado, al menos hoy, evaluar la posibilidad de que el ex intendente de Tigre deba resignar sus aspiraciones presidenciales, y destinar sus mayores sonrisas y esfuerzos a ser el candidato del PRO a la gobernación de la provincia de Buenos Aires.
La política es más que una foto. Lleva seriedad, conformación de equipos y trabajo. Mucho trabajo”, dice el columnista.
Entre tanto Das Neves mantiene un sugerente silencio. ¿Será que siente que todo esto no le suma? ¿O definitivamente ya hay distancia? Si hay distancia, ya hay otra foto en marcha…y algunos ya cambiaron la pulserita verde por la naranja, dicen. Habrá que ver…
Fuente: Infonews, AN, AF, propias.