Sapoman vs Faceman – Parte 6

Por Carlos Alberto Nacher
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Sapoman tenía el jardín lleno de sapos. Eran cientos, la mayoría viviendo en un pozo húmedo que había quedado sin rellenar desde que había hecho colocar las rejas, el pasado invierno.
Les prestaba particular atención a los sapos, los consideraba unos animales muy nobles, y sin embargo, tan discriminados tanto por la literatura, como por las tradiciones y como por la gran mayoría de los seres humanos. En los viejos cuentos para niños el sapo era sinónimo de fealdad. Sin embargo, él veía otra cosa en ellos: cualidades tales como el compromiso para con su hábitat, por ejemplo, o el respeto y devoción por la familia y los amigos. De esto podría deducirse que sufría de alguna extraña clase de locura, pero no era así: solamente exageraba adrede la exaltación del sapo como animal ejemplar.
Alguien tocó el timbre de la puerta. Ese ring era conocido. En efecto, era la bella y sensual Anplagued.
“Hola Faceman, he vuelto. Sé que, de alguna extraña manera, me estabas esperando, sé que me necesitas para aplacar en parte y sólo por un momento, esa mente tan oscura que tenés. ¿Puedo pasar un momento al baño?”
“Sí, por supuesto”, titubeó Sapoman, es al fondo, a la izquierda” “Ya lo sé, no es la primera vez que estoy en tu casa, pero quizá pueda ser la última, como es lógico. Lo pasado no cambia, lo futuro tampoco, ya que nunca ocurrió hasta ahora, y no se puede cambiar algo que no existe. Es decir, nada se puede modificar, no insistas con tu máscara agradable. Sos tan feo que nunca tendrás el valor de hacerte una selfie e instagramarla, y mucho menos facebookearla.”
“No seas tan cruel, Anplagued, en este mundo todo se paga, y si no fuera por el tenue amor que te profeso, es probable que no te permitiría nunca más el ingreso a mi morada y te pediría, educadamente, que te retiraras. Pero no lo haré, al contrario, te invito a pasar al baño con total confianza.” “Gracias, debo arreglarme un poco y ajustar mis estructuras óseas.”
Anplagued entró al baño y encendió la luz. En ese mismo instante, sonó el teléfono. Faceman atendió.
“Hola, buenos días. Lo llamo en nombre de la Asociación Patagónica de Adoradores del Perro salchicha. ¿Sabía usted que mientras estamos teniendo esta conversación, un perro salchicha está agonizando en el mundo por no tener los debidos cuidados de su dueño? Bien, su contribución puede ayudar a que esto disminuya. Nuestra intención es invitarlo a asociarse a nuestra cofradía e invitarlo a un salchiencuentro que se llevará a cabo en instalaciones del Club Atlético Perrocarril Oeste este domingo en horario a confirmar.”

Continuará…

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