La madre de todas las recetas
“Es desde “donde” más que “qué” la clave para empezar a construir
Lo mismo es para hacer un pastel, criar a un niño o liderar al mundo
La realidad fuera es tan concreta como pensamos
La Consciencia gobierna, construye, concibe y transforma”
– Gi-music –
Semana convulsionada esta que termina en Madryn. No es la primera. Ha habido otras. Pero es la primera vez que traigo abiertamente al tapete el tema político. No voy a opinar sobre partidos ni sobre personas. Simplemente voy a describir lo que se ve o quizá lo que es tan obvio, que no se ve. Lo que está ahí y permanece invisible ante la embriaguez de impotencia que nos confunde a todos.
Escucho reportajes. Leo noticias en la web. Siento el malestar en la gente que se reúne en la plaza, en la que se cruza en mi camino, en los comentarios que oigo al azar en una vereda o en un café de esta preciosa ciudad. Porque vivimos en un precioso lugar del Planeta. ¡Esa suerte hemos tenido! Sin embargo, no podemos mantener un mínimo equilibrio que nos asegure el bienestar general. La situación se desarrolla como la trama de una vieja novela: vemos y escuchamos las mismas palabras, los mismos razonamientos, las mismas conjeturas, las mismas promesas… Año tras año cambia la escenografía, la fachada, pero siempre se repite la misma historia. Hasta que aburridos y agobiados, hartos de presenciar tantas veces lo mismo nos atrevemos a reconocer en una cansada exclamación: “Esta película ya la vimos”
Así es, siempre estamos repitiendo la misma historia con diferentes protagonistas. Pero es la misma historia sesgada por las ambiciones personales, los amiguismos o las infidelidades partidarias, que confluyen todas en un mismo lugar: en el Miedo. Ese miedo final y único de quedarse solo, de fracasar, de ser juzgado, de que gane otro. ¿Otro? ¿Cuál otro? Ah… sí, el opositor. Claro, ese que es otro, ajeno, extraño, distinto a mí y a mis amigos. Ese otro que acaso ¿no es mi vecino? ¿No es Argentino? ¿No vive en este Planeta? ¿No es humano?
Cuando escucho hablar a nuestros políticos y excusarse atribuyendo la responsabilidad de los hechos que acontecen a las circunstancias externas o al personaje de turno que aparezca oportunamente, me pregunto: ¿Qué hace falta para que nos demos cuenta de que lo que nos sucede como comunidad está directamente relacionado con nuestra forma de pensar, sentir y actuar cada día de nuestra vida? Quizá todavía algunos sigan creyendo ilusoriamente en la impunidad al actuar irresponsablemente sin consciencia. Quizá todavía persiste la creencia de que algo o alguien nos va a salvar. Quizá se vive esperando la próxima elección, la próxima campaña, la próxima alianza, con la secreta esperanza que ese día será todo mejor cuando ganemos, cuando seamos la mayoría, cuando todos seamos azules, rojos o blancos. Sin embargo, es evidente que ya no existen fachadas sólidas tras las que se pueda esconder la incompetencia y la irresponsabilidad. Rápidamente caen las estructuras que no se sostienen con auténticos propósitos.
¿Es que todavía no nos podemos dar cuenta de que esos modos de actuar ya no sirven? Porque el tiempo corre veloz y nos devuelve casi al instante eso mismo que sembramos. Eso mismo que sobre otros proyectamos. Tenemos que ser conscientes de una vez por todas de que no hay contrincantes. ¡Somos nosotros mismos peleando con nuestra sombra proyectada en los demás!
En estos momentos cabe llamar a la reflexión a aquellos que tienen la responsabilidad como dirigentes de tomar decisiones en nuestra pequeña comunidad, en el País y en todo el Planeta: no se puede continuar sosteniendo visiones partidarias, por intereses particulares creyendo que van a ser efectivas y sustentables. No es viable persistir en ideologías separatistas que nos muestran idílicamente un mundo feliz donde el bienestar se consigue a expensas del malestar de alguien. No hay ninguna guerra que sea útil y que nos vaya a servir para salvarnos o para solucionar algo. Todas las guerras: las políticas, las religiosas, las santas, las frías, las personales, las encubiertas y las explícitas, absolutamente TODAS, NO SIRVEN para sostener el bienestar y la armonía de una persona, una familia, un país o un sistema.
Cuando actuamos a la defensiva escondiendo información, retaceando colaboración, formando alianzas para destruir a alguien, estamos sosteniendo la creencia de que la guerra es la solución. Estamos creyendo que cuando ganemos todo será mejor. Proyectándonos a un futuro inexistente. Así se pierde la única y verdadera oportunidad de actuar distinto. La única oportunidad que existe HOY, AQUÍ Y AHORA. Porque lo único que realmente tenemos es este presente y la única forma de ser creíbles es ser auténticos ahora. Para poder serlo hay que despojarse de los miedos y sobre todo de los miedos personales. No se puede ser auténtico cuando hay que transigir con acuerdos y favores que no nos permiten ser coherentes con el propósito que asumimos como misión en nuestras vidas.
La velocidad con que suceden las cosas en estos días es apabullante. Seamos conscientes o no, hay una transformación en la consciencia de la Humanidad a la que no podemos sustraernos, escondiendo la cabeza como el avestruz. Este cambio, implica pasar de la consciencia grupal de clan, de partido o de religión a la Consciencia del Colectivo Humano. Cualquier intento de permanecer en la antigua forma partidaria: “gobierno para mis amigos y yo” o “sólo los que profesamos tal o cual religión seremos salvados” o “los azules somos los mejores” ya no se sostiene y está signado a fracasar y desintegrarse por sí solo.
Entonces, ¿cómo sería trabajar en política desde esta nueva visión? ¿Cómo sería aplicar esta lógica no excluyente en las esferas del Poder? Sería actuar desde el Amor a la función que desempeño, a la que me debo auténticamente. Significaría liderar y decidir desde la confianza para el bienestar de todos. Sería desterrar el miedo como estrategia para asumir el poder. Porque sólo así podremos emerger y despertar de esta pesadilla repetida. Si actuamos desde el verdadero Amor, el resultado será diferente. Podemos comenzar a intentarlo cada uno de nosotros… en este bello lugar del Planeta que tenemos la bendición de habitar. La receta es la misma para todo… para hacer una torta, para criar un niño o para liderar el Mundo.
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