La lógica que no sostiene
“No estás en el lugar equivocado, sólo estás percibiendo desde el error”
Si hemos sido educados bajo un paradigma que sustenta los siguientes principios:
“tienes que asegurarte la sobrevivencia” no importa lo que hagas pero sobrevive! “tienes que aprender a protegerte y a proteger lo tuyo” porque lo extraño es peligroso. “tienes que competir y compararte con los demás” sólo así sabrás si lo tuyo vale. “tienes que completarte con eso que está afuera” sino nunca alcanzarás la plenitud.
…entonces no es raro que actuemos acorde a estos principios tácitos, que nadie declama
pero que están grabados a fuego en nuestro inconsciente. Es esperable que nuestra realidad sea lo que es. Si trabajamos en algo que detestamos sólo para sobrevivir, si vivimos temerosos y a la defensiva, si estamos todo el tiempo comparando o compitiendo, si esperamos que algo suceda allá afuera para poder acceder a algo y así poder sentirnos plenos y felices, estamos respondiendo, sin duda alguna, a los programas del viejo paradigma. El viejo paradigma mecanicista, que escinde la realidad entre observador y observado, entre afuera y adentro, entre espíritu y materia. El mismo que valida los cuatro principios enunciados. De esta forma continuamos pensando y estructurando nuestra vida, repitiendo una receta que nos lleva al mismo lugar de siempre: afuera está lo que me falta, afuera está la solución de mi problema. Si al leer estas líneas alguien se ha visto descripto en alguna de ellas, ¡bienvenido al darse cuenta!
¿Qué sucede cuando nos damos cuenta? Lo que sucede es que comenzamos a cuestionarnos lo obvio y entonces nuestra vida se transforma totalmente, aunque no nos movamos de lugar. Porque lo que cambia es la lógica que utilizamos para organizar y darle forma a nuestra realidad. Con los mismos ingredientes, nos damos cuenta que podemos hacer algo distinto. Salimos del esquema reincidente. Dejamos de ver y repetir la misma vieja película. ¡Cambiamos la receta!
Quizá al expresar estas ideas algunos puedan estar sintiendo cierta incomodidad. Justamente, cuando algo se cuestiona, se pone en duda lo establecido y esto es incómodo. Esto puede ser muy desconcertante para aquellos que estén identificados con lo establecido y por lo tanto sienten que se los cuestiona personalmente. Sin embargo, es muy saludable aprender a des-identificarse de los objetos, pensamientos, creencias que rotulamos como propios. El siguiente ejemplo ilustra con humor esta situación: “Gracias no quiero más sopa” “Pero… ¿no te gusta MI sopa? ¡La preparé para vos con mucho amor! ¿No la vas a tomar? No te importa? Ya no ME querés??” Esta es la típica situación de identificación con el objeto. Es importante darnos cuenta que no somos la sopa.
Si se cuestiona el sistema de ideas, es decir la lógica que ha sustentado hasta ahora la educación, la medicina, la economía, la política, etc., no implica necesariamente que se esté aseverando que todos los educadores, los médicos, los economistas y los políticos, las personas, no sirven. Eso sería “tirar al bebé con el agua del baño” como popularmente se dice. Se trata de no persistir en sistemas de ideas, que ya no son sustentables para los seres humanos del tercer milenio. No son sustentables porque no generan las condiciones favorables para sostenerse a sí mismos y consumen nuestra energía dejándonos exhaustos, frustrados y cada vez más lejos de la armonía y el bienestar esperado.
Si nuestra lógica aún sigue estando cimentada en estructuras del viejo paradigma mecanicista donde el ser humano se ubicaba en el Universo como un observador pasivo, separado de todo cuanto existía, donde los acontecimientos de su vida no tenían relación alguna, donde sólo era víctima de la herencia y del destino genético mientras soportaba los impactos de un mundo mecánico, es muy posible que estemos enfrentándonos a una crisis de valores en nuestra vida. Esta crisis nos está mostrando que ha llegado el momento de desmontar todo el andamiaje sobre el que veníamos apoyándonos hasta ahora. Alguien podría decir: “Esa tremenda tarea no la vamos a hacer nosotros!” Justamente, nosotros los humanos del tercer milenio, es a quienes nos toca hacer esta re-estructuración de andamiajes, transitar esta transformación, vivir este cambio de lógica.
Sin ninguna duda lo que nos mueve a cuestionarnos es el grado de sufrimiento o hartazgo que estemos padeciendo. Precisamente es allí donde está la oportunidad de transformarnos. Poder detectar el origen del conflicto que nos genera sufrimiento nos va a mostrar al desnudo la lógica que estamos implementando para accionar en nuestra vida. La historia que nos contamos, lo anecdótico, no es relevante. Sirve para dar forma a la escenografía sobre la que se desarrolla el libreto, la trama que desencadena el drama: por ejemplo “siempre me abandonan” puede ser el guión de una historia de vida. El sufrimiento aquí es originado por un principio que sustenta la creencia de que “afuera hay algo que me completa”. Así, voy a intentar suplir esa falta, buscando algo o alguien que me complete. Cada acción que surja bajo este supuesto estará signada a validarlo, por lo que siempre seré “abandonada” y continuaré buscando. Cuando me doy cuenta de este mecanismo reiterado, sólo tengo que darle toda mi atención a ese proceso. Observarlo sin identificarme con él. Recordar que no soy ese libreto, soy el actor de la obra y permitir que la transformación suceda. Entonces, en medio del dolor, se abre un espacio nuevo, la mente suelta el principio al que estaba aferrada, se queda sin libreto, se rinde y deja que el Corazón haga su trabajo. El Corazón, donde reside la esencia del Ser, está en coherencia con la Inteligencia del Universo. Desde allí surge la Nueva Lógica, que integra, trasciende y transforma la realidad escindida: afuera y adentro se funden en UNO solo.